12 Jul

Capítulo 105: “Amor”.

Mi celular no suena casi nunca, tanto así que ni siquiera recuerdo qué ringtone le puse para cuando alguien me llama, y no lo digo llorando ni nada de eso, todo lo contrario, durante mi vida me he esforzado para darle mi número a la menor cantidad de gente posible y así evitar las situaciones del tipo: “Mati, soy tu compañera de puesto de la básica, ¿Te acordái de mí? Sí, sé que ha pasado mucho tiempo, ¿No hablamos desde que teníamos 11 años, cierto? ¡Pero bueno! Nunca es tarde para ponerme al día con mi antiguo amor platónico… Sí, sé que te molestaba harto y que hice correr el rumor que te habías cagado en clases, pero pasado pisado Matías, ¿Hagamos una tregua? ¿Sí? ¡Qué felicidad, porque justo hoy me estaba acordando de ti! Fíjate que estoy trabajando en mi tesis y se me ocurrió que mi amiguito lindo me podría ayudar con la redacción… Sí, sí sé que son las 3 de la mañana, pero tengo que entregar esta hueá mañana y estoy tan desesperada que estoy dispuesta a pagarte con cualquier cosa… plata no, porque tengo varios carretes este fin de semana, pero se me ocurren otras formas de pago que te podrían interesar… en serio, muchas muchas formas”. ¡Las hueas! Al final no pagan nunca y sus nombres sólo sirven para engrosar la eterna lista de “deudoras” que tengo en mi propio Dicom.

Pero bueno, como iba diciendo, mi celular no suena casi nunca… por lo mismo me extrañé tanto cuando, durante la madrugada del jueves, me despertó una vibración constante que venía desde mi velador. La pantalla de mi smarphone se encontraba iluminada, y con los ojos entrecerrados pude distinguir la notificación que me informaba que tenía 17 llamadas perdidas de un número desconocido. Pensé en llamar de vuelta, pero cuando noté que eran las 6:40 de la mañana me atacó una paja viva que me obligó a seguir durmiendo. Sin embargo, el destino me tenía preparado otros planes, los cuales descubrí cuando el celular comenzó a vibrar nuevamente.

– ¿Aló? – Dije con voz sufriente y somnolienta, pero no obtuve respuesta alguna de mi interlocutor – ¿Aló? Ya po, ¿Quién es? ¿Aló? – Nada, absolutamente nada. Obviamente pensé en cortar, pero escuchaba una respiración agitada del otro lado de la línea que me tenía intrigado. Se trataba de una respiración entrecortada, ruidosa, con rabia, así que intenté cachar el mote por una última vez – ¿Aló? ¿Hay alguien ahí?
– Dime al tiro quién chucha erí voh… – me respondió al fin la voz de un tipo notoriamente alterado – la dura, dime al toque quién erí… ¡Porque te voy a ir a matar chuchetumare!
– ¿Ah? ¿Con quién hablo?
– Te hice una pregunta gil culiao, dime tu nombre y dónde viví, vamos a arreglar esto como hombres.
– ¿Qué onda viejo? ¿Qué tengo que arreglar yo contigo? Van a ser las siete de la mañana hueón, o me dices qué quieres o me dejas dormir, ¿Estamos?
– ¡Te hice una pregunta! Dime tu nombre y qué hueá con mi polola, ¿Me escuchaste o no?
– Está bien, está bien – respondí para seguirle el juego al desconocido, más por curiosidad que por cualquier otra cosa – mi nombre es Matías, y no sé quién chucha es tu polola
– ¿Así que Matías, ah?
– Sí, Matías, y ahora que rompimos el hielo cuéntame… ¿Qué hueá te pasa? ¿Quién eres? ¿Quién es tu polola?
– No te hagas el hueón Matías, ¿O acaso me vas a decir que no tienes este número registrado?
– No, no lo tengo registrado, y no sé porqué debería tenerlo, aunque lo que realmente me intriga es el saber porqué tienes el mío.
– ¿Quieres que te cuente? ¿En serio tengo que explicarte lo obvio?
– Sorpréndeme.
– Yo sabía que esta hueona me estaba cagando, ¡Yo sabía! Pero nunca pensé que con alguien con una voz tan maraca como la tuya, ¡En serio te voy a matar, pero antes de matarte te la voy a cortar y voy a hacer que te la comas, lo juro!
– Ya compadre, mucho juro por hoy… por lo que entiendo piensas que me estoy sirviendo a tu pareja, ¿Cierto? Así que cortaré por lo sano y te aclararé de inmediato que es falso, ¿Sabes por qué? Porque no he remojado el cochayuyo hace caleta, así que lo más probable es que me estés confundiendo con alguien más.
– Imposible, no me intentes hacer hueón.
– ¿Por qué imposible? Aclárame un poco la película, así te demostraré que estás equivocado.
– ¿Qué te tengo que aclarar? Si acá lo que importa es que estoy en el departamento de mi prometida, desperté temprano para irme a la pega, no podía recordar dónde había dejado mi celular y no encontré nada mejor que tomar el de ella para pinchar mi número… Apreté el ícono de “Contactos” y luego hice click en “Amor”, jurando de guata que se trataba de mí mientras recorría toda la pieza intentando escuchar el ringtone de mi teléfono, pero nada, ¡Es que claro! ¡Cómo iba a sonar la hueá si el hueón que estaba bajo el nombre de “Amor” nunca fui yo! Imagínate cómo se me rompió el corazón cuando escuché que dijiste “¿Aló?” Del otro lado, ¿Te lo imaginas? ¿Imaginas cómo me sentí? ¡Me llegué a cagar! Literalmente, en serio, me cagué un poco de la pura sorpresa.
– Espera espera, entonces… ¿Tomaste el celular de tu polola, marcaste un contacto llamado “Amor” pensando que eras tú, y de pronto respondí yo? Es la hueá más chistosa que he escuchado…
– ¿Qué es lo chistoso hueón?
– ¡Es obvio que se trata de un mal entendido po compadre! Si yo no soy amante de nadie, quédate tranquilo y sigue viviendo tu vida feliz…
– No te creo nada, ¿Sabí? Estoy seguro de que esta loca me caga, desde hace un tiempo se comporta de forma extraña y nada me saca de la cabeza que voh tení algo que ver en eso…
– Lo siento viejo, yo dejo la conversación hasta acá, ya te dije mi verdad, allá tú si la crees o no… Y si tienes tantos problemas con tu pareja, puta, anda a un sicólogo po, quizás un especialista te pueda ayudar más que yo.
– ¡No confío en esos hueones! La Coni es sicóloga, y mira cómo me tiene…
– ¿Qué…? ¿Dijiste Coni?
– Sí po, la Coni, mi prometida, ¿Qué onda? No me digas que la conoces, ya me dijiste que todo se trató de un mal entendido…
– Lo siento, tengo que colgar…
– ¿Cómo? ¿Qué onda hueón? Ni se te ocurra cortar, dime que pasa, ¡Oye culiao, di algo!

Y eso fue lo último que escuché antes de apagar mi celular y dejarme caer nuevamente sobre mi cama para pensar… ¿La Coni? Entonces… ¿La Coni aún me recordaba? ¿Estaba enamorada de mí nuevamente? No lo podía creer, a lo mejor ésta era la señal que había estado esperando tanto tiempo, a mis casi 30 años he buscado el amor incansablemente, y un porrazo tras otro he descubierto que las relaciones de pareja no son lo mío, ¿Pero qué significaba esto? ¿Sería el fin de mi mala racha? No podía dejar pasar más tiempo, ésta era la mía, por lo visto la Coni me seguía amando y yo le ofrecería una nueva oportunidad; hace poco soñé que tenía una esposa, hijos, nietos, y estaba tan solo a una llamada de dar el gran paso… ¡Qué tanta hueá! Prendí mi teléfono nuevamente, ingresé al registro de llamadas, busqué la última recibida e hice lo mismo que hizo ella, la agregué bajo el nombre de “Amor”, ¿Qué más lindo? ¿Qué más romántico? Y, dándome lo mismo el hueón de su prometido, llamé de vuelta a su número, envalentonado por el amor y la locura.

– ¡Aló! ¡Oye, pásame a la Coni, quiero hablar con ella!
– Buena Matías – me respondió su prometido – ¿Cómo estái perrito? Oye, disculpa mi actitud anterior, estuve mal en prejuzgarte sin conocerte, apenas me cortaste desperté a la Coni y me explicó todo, por eso quise contestarte ahora, para que no haya mala onda.
– ¿Ah sí? ¿Y qué te dijo la Coni, a ver?
– La verdad po, que tú eras el Matías, su ex…
– ¿Y qué más?
– Que terminaron porque erai muy mamón… lo demás no te lo diré, para que no te sientas mal, pero quédate tranquilo perrín, ya está todo solucionado.
– ¿Cómo que mamón? ¿Por qué me sentiría mal? ¡A ver hueón, no nos olvidemos de lo más importante! La Coni me tenía en su celular como “Amor”, no sé si me puso así ahora, no sé si me ha tenido así de siempre, lo único que sé es que eso significa algo, ¿O acaso me lo vas a negar?
– ¡Ah, sí, eso! Pucha socio, lamento haber hecho que te pasaras rollos, la Coni me explicó que atendió a un paciente a domicilio, un viejo medio bromista que le gusta hueviar a la gente, entonces fue él quien le pescó el celular y le cambió el nombre a los contactos, no es nada más que eso.
– ¿Un paciente… viejo?
– Claro, un caballero que terminó una relación hace poco y necesitaba un consuelo, así me lo explicó la Coni, incluso lo ha atendido hasta tarde todos estos días, necesita mucho afecto el pobre caballero, deja mi Conita agotada después de cada sesión, no te imaginas lo desgastante que es para ella soportar todo el peso emocional con que la cargan sus pacientes, ¿Cachai o no cachai Matías? ¿Ah? ¿Aló? ¿Matías, sigues ahí? De acá te siento respirar, ¿Qué onda? Pareces alterado, ¿Matías? ¿Qué hueá socio? ¿Dije algo malo?

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