25 Ene

Bonus track: Historias que la Oye contó cuando administró “Hijo de Tigre”

hola, mi nombre es… da igual, dejémoslo en oye, me han dicho tanto así que de a poco me he ido acostumbrando, y bueno, como sabrán, el mati me pidió que le cuidara el blog por un ratito, que subiera frases chistosas sobre copete, cachas y cosas por el estilo, pero no estoy ni ahí, cuando el weón se avispe y me agarre una teta más que sea lo dejaré decirme qué hacer, por ahora aprovecharé el vuelito para contarles un par de historias larguitas, llenas pasión, amor y esperanza. ahí voy, veamos qué pasa.

I. 

hubo un tiempo en el que estuve muy buena pa culiar, en serio, habían días en los que pensaba que tenía el sapolio con fiebre, no me interesaba que mis pretendientes me invitaran al cine o a comer o a bailar, se las hacía corta y les decía que mejor no gastaran plata en mí, dos cucharadas y a la papa, ¿y para qué tantos rodeos? si me hubiesen movido el piso realmente me la juego y dejo que se la jueguen por una relación estable, pero si no… vamos culiando no más, que por culiar no se ha muerto nadie… que yo sepa.

y bueno, dicen que todo lo bueno tiene un final, y mi etapa de saposuelto llegó a su fin cuando conocí al franco, el hermano mino de una weona fea con la que me juntaba. digamos que el loquito me miraba de reojo cuando yo iba a ensayar las coreografías de los Venga Boys a su casa para las alianzas de cuarto medio, y yo le hice añuñú cuando lo vi ahí todo tierno sapeándome a escondidas y vistiendo un buzo azul marino que hacía que se le marcara todo el paquete. y ahí vino lo extraño porque, en lugar de calentarme como normalmente me pasaba al ver un pantalón con nariz, a éste lo encontré tierno, lindo, sencillo, así que cagaste oye, pensé, este cabrito te gustó en serio, habrá que entrar a joteárselo antes de que alguna de tus compañeras maracas lo haga primero, pero menos mal que no fue necesario porque, antes de que el ensayo terminara, él se me acercó y me dijo “buenas noches yo soy franco, y quiero invitarte un trago”, “¿y a mis amigas también?”, le pregunté para cachar si la cosa era en la buena onda o con la maldad, “no po flaca”, me respondió, “la invitación es sólo para ti… sólo para ti”.

esa noche el franco se portó un siete conmigo, me invitó a una placita cercana y compró por el camino un ron mitjans más una ship cola de un litro. hielo no, no alcanzaba la plata. y tampoco compró vasos, así que teníamos que echarnos un chorro de ron a la jeta, luego un poquito de bebida, después hacer gárgaras, y de ahí chum pa entro aguantándose las ganas de vomitar. el franco resultó ser encantador, no intentó aparentar nada y siempre se mostró interesado en lo que yo tenía que decir, cosa que rara vez me había pasado, y por lo mismo le dije que sí sin dudarlo cuando me invitó a que nos termináramos el ron en su pieza, viendo alguna película, o escuchando música, o lo que yo quisiera, ¿y qué era lo que yo quería? yo lo quería a él po, pero no sabía cómo, al fin sentía eso que los enamoradizos llaman “química” y no tenía idea de cómo actuar con ello, y en eso estaba pensando cuando me vi sobre la cama del franco, besándonos como si no hubiera mañana, jugueteando entre las sábanas y deseando que ese momento no se acabara nunca… pero mi deseo finalmente no se cumplió porque mi franquito, producto de tanto ron a la vena, de desmayó de curado mientras se quitaba los pantalones a mi lado, y ahí se quedó el pobrecito, con los boxers a media raja y dejándome más mojada que cacha de guatones.

de pura balsa me quedé a dormir ahí, acurrucadita a su lado, enamorada como tonta y dispuesta a serle fiel a mi nuevo pinche, tanto así que ni siquiera sé porqué dije lo que dije… cuando el franco despertó y me preguntó si lo habíamos hecho, le respondí “sí, toda la noche, ¿o acaso no te acuerdas?”, y estuvo rico, me contrapreguntó, “sí, obvio”, le respondí, “lo mejor de la vida”. luego de eso no supe de él en semanas, no lo busqué porque asumí que a lo mejor era tímido, por eso no niego que salté en una pata cuando al fin mi celular sonó y su nombre apareció al medio de la pantalla.

– ¡franco! – grité de alegría – ¿cómo estái? ¿qué es de tu vida?
– hola. oye, te llamaba para preguntarte algo.
– sí, dime – respondí, jurando que el weón me invitaría a salir.
– ¿qué me pegaste? – me preguntó, cambiando el tono.
– ¿cómo? ¿de qué estás hablando?
– no te hagas la tonta, después de que afilamos la corneta se me llenó de granos, me duele pa mear y está a punto de caérseme a pedazos la weá, por eso te pregunto, ¿qué me pegaste?
– pero franco…
– ¡sabía que no tení que metértelo! ¡lo sabía! ¿ahora qué weá le voy a decir a mi polola? ¿cómo le explico que me pingaste, cochina de mierda?

la verdad es que no sé bien qué palabras usé en ese momento, sólo recuerdo que en algo así como 10 minutos, y con hartas chuchadas y griterío de por medio, le expliqué a ese aweonao que en realidad nunca habíamos afilado, así que no tenía motivos para culparme de la mansa cagaita que tenía en la diuca. nunca más contesté sus llamados. cerca de un mes después me mandó una carta con su hermana donde me explicaba que al final descubrió que su polola, a la que le faltaba la pura capa para ser supermaraca, le había pegado no sé qué bicho, así que la había dejado y estaba listo para comenzar una relación conmigo. como su existencia no me importaba, ni siquiera me molesté en responderle, di vuelta la página y le hice la cruz al amor hasta nuevo aviso.

y bueno, se preguntarán qué tiene este relato de “ternura, amor y esperanza”, como dije en un principio… simple: que después de esto, volví a culiar sin culpas, como debe ser, aunque con la esperanza de que el weoncito al que le estoy tirando los calzones ahora se pegue el cacho luego y me rompa el portacompleto… pero quién sabe, con lo weón que es, eso está difícil.

II. 

el mati tiene un amigo de infancia del cual no habla mucho, no sé bien porqué, aunque me tinca que es porque el weón es medio zorrón: usa lentes de sol hasta en la noche, saluda al mati de beso en la cara y le dice perrito a cada rato. igual se nota que el mati le tiene cariño, una vez me contó que el tipo era requetehumilde, que cuando salió de cuarto medio no pudo estudiar nada y que, debido a todas las adversidades que se le presentaron en la vida, tiró para adelante con todo, se consiguió unos préstamos por ahí, hizo un par de buenos negocios y, antes de los 25, ya estaba forrado en plata. el punto es que este zorrón vive en una casa enorme, con piscina techada y cuanta weá, y siempre arma carretes distorsionados a los cuales invita al mati, pese a que intuye que este weón guachaca no se haya en ese ambiente tan pituco.

hace poco más de un mes, el zorrón estuvo de cumpleaños. el mati, como buen amigo, no pudo rechazar la invitación, y yo, como buena amiga metiche, no pude evitar preguntarle de qué se trataba ese evento tan rimbombante al que asistiría.

– mati, ¿qué es esa weá?
– ¿cuál weá?
– Facebook dice “matías asistirá a…”
– ah… ¿al birthday pool elektro summer fest V.I.P. on fire old school golden international super star party delux 3.0 ultimate?
– sí, eso…
– ah… nada grave, el cumpleaños de mi amigo zorrón, si te he hablado de él…
– ¿me llevái?
– ehhh… sí, no sería mala idea que me acompañaras, así no me aburro tanto.

seguro seré toni de este culiao, pensé, pero preferí no decir nada, mis planes para ese carrete eran otros y no iba a dejar que las constantes desubicaciones de mi amiguito me echaran para abajo el ánimo. llegado el día del evento procuré ponerme más mina que nunca, luego llené mi cartera con marihuana, me eché unos papelillos OCB al bolsillo y partí junto al mati (que me tinca que ni siquiera se había bañado, porque andaba con la misma polera del Instituto APLAPLAC con la que lo había visto toda la semana) al cumpleaños más zorrón en el que he estado. los cabros eran simpáticos, alegres, sonrientes, pero daba la impresión de que no pescaban ni una weá de lo que uno hablaba, a todo respondían ¡oh, la raja, la zorra, no te creo, qué mortal! y sólo ponían música electrónica y se sacaban selfies levantando el pulgar y el meñique, así como lo hacen los surfistas. a eso de las 7 de la mañana a los zorrones les dio por salir al patio a hacer un asado de una carne de noséquéweá, así que me aproveché del pánico y le dije al mati, que a esa hora ya estaba arriba de la pelota, a guata pelá y tocando guitarra, que me acompañara a la piscina un ratito, ¿y pa qué querí ir pa allá, si el weveo está acá? me preguntó, así que le respondí: lo que pasa, matías, es que ando con un montón de marihuana, y quiero armar unos pitos, volarme y después nadar un rato, ¿te sumái? y yo cacho que el weón ni siquiera escuchó lo que le dije, o que en su mente lo único que entendió fue “es que quiero mear dentro de la piscina”, pero igual pescó un par de chelas y partió detrás de mí, por lo mismo aproveché de menearle el culo como si estuviese mascando chicle con los cachetes, y lo llevé derechito a la boca del lobo.

al llegar, dejé los papelillos OCB arriba de una mesita, saqué mi paquetito con hierba, mi moledor, mis gotitas, y en eso estaba entretenida cuando escucho al mati decir todo emocionado “¡oh, la raja, andái con big time!” y el muy weón pescó los papelillos, y con paquete y todo los cortó por la mitad, jurando que estaba sacando un chicle. ya, no importa, respira profundo, pensé, hay que seguir con el plan, hay que ser profesional. tomé al mati de la mano, lo llevé al borde de la piscina y le pedí que me esperara ahí sentado, que quería mostrarle algo, y sin más me quité la ropa, quedando en puros calzones y sostenes, y me lancé al agua de la forma más sensual que pude. hice todas las piruetas del mundo para llamar la atención de este weveta, pero nada: que me abría de patas, que me tiraba piqueros parando el poto, que me daba vueltas en el agua para que me cachara los pliegues del anfibio, y nada, así que tomé una decisión un poco más drástica, careraja me quité el sostén y lo tiré lejos, y así mismo, en modo tetaspeladas y con mi mejor cara te tevoyaculiarte, me fui nadando hacia él… ¿y que hizo este weón? me miró, se puso de pie, se cagó de la risa, me gritó “¡aweoná, se te salieron los sostenes! ¡jajajajaja!” y se fue corriendo a contarle a su amigo que había quedado con las callaguaguas al aire por dármelas de nadadora profesional con mis superpiruetas.

y pensar que tiene veintinueve años este culiao… veintinueve años…

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