19 Jul

Bonus Track: La mina balsa

Nota: El siguiente relato fue publicado en el blog “Confesiones de Soltera” dentro de la sección “Maratón especial ¡Qué derroche!”. 

 

En mi fugaz paso por la universidad conocí a una chica que no sé si pertenecía a la tribu urbana de los “cagaos´” al 100%, pero sí tenía algunos comportamientos curiosos en torno al tema de la plata. Para hacer más corto el asunto, nuestra dinámica diaria era más o menos la siguiente:

– Amor, ¿Te tinca que vayamos al cine?
– ¿Al cine? No sé Mati… ¿A cuánto está la entrada más o menos?
– No cacho, depende del día.
– Pero hoy Matías, a la película que me ibas a invitar, ¿Cuánto cuesta ese ticket?
– $3.500, justos…
– ¿Y supongo que me vas a comprar un paquete de pop corn y una bebida, cierto? ¿Cuánto sale todo eso?
– Si mal no recuerdo, ese combo vale como $6.500…
– O sea, hoy pretendes gastar $10.000, sólo en mí, para ir al cine…
– Bueno, es feo verlo así, pero…
– ¡Tengo una idea! No vayamos al cine.
– ¿No? Pucha, bueno…
– Pero pásame las diez lucas.
– ¿Qué?
– ¡Si es lo mismo po! Te ahorrái el pasaje en metro, los piques, el cansancio, la hací corta, sacái tu billetera y me entregái en la mano la plata que pensabas gastar en mí, ¡Total es como mía po! ¿O estoy equivocada?
– Quizás… o no sé… pero…
– ¡Ya, mucha lata Mati, vamos pasando, vamos pasando!

Y no se quedó sólo ahí, día a día iba llenando el chanchito con lo que me pedía, onda: “Mati, mejor no me invites a comer, pero igual pásame la plata que ibas a gastar en mi almuerzo” o “Amor, ¿Te acuerdas que ayer me ofreciste una chela, y te dije que no podía tomar más? Bueno, estaba tan curá´ que olvidé cobrarte las dos lucas que te ahorraste al no comprármela”, y así hasta que me pateó porque “no hacíamos nada y no la invitaba a ningún lado”.

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