04 Jul

Capítulo 100: “Cómo conocí a tu madre”

Mati, te voy a contar una historia, la historia de cómo conocí a tu madre… Bueno, tampoco pensí que te voy a dar muchos detalles, voh sabí que la mente es frágil, que algunas cosas se van olvidando y que…. ¡Puta, no te voy a mentir! Ni siquiera recuerdo cómo mierda la conocí, quizás hasta fuimos compañeros de curso desde niños y no me di cuenta, si esa bruja fue invisible para mí hasta que logró que me enamorara de ella, ¿Te sirve esa historia? Da lo mismo, te la cuento igual.
 
Todo comenzó en mi último año de liceano. En ese entonces yo era tan encacha’o como ahora, me lavaba la zanja casi todos los días, y usaba pura ropa taquillera que me quedaba apretadita, ¡Hubiesei visto cómo se me marcaba el paquete al caminar, Mati hueón! Si Los jeans parecían tener vida propia cuando el regalón se me ponía travieso; y a eso sumémosle que hace poco me había comenzado a poner bueno pa´ la jarana, y gracias a que mis viejos estaban pasando por una separación momentánea, como tantas otras que tuvieron, me autoimpuse una parada de “rebelde sin causa” para llamar aún más la atención: enchulé mi bicicleta con un trocito de plástico atravesado en la rueda (pa´que la hueá sonara como moto), y así mismo pedaleaba por el barrio, luciendo una chaqueta de cuero que le había pelado a mi hermano Tucapel, unos lentes de sol que alguna vez pertenecieron a mi taita, y fumándome un Hilton tras otro mientras ponía mi mejor cara de malo. En resumen hijo, era un hueón que desde chico demostró llevar la sensualidad en la sangre… lamentablemente no es un don heredable, pero qué le vamos a hacer, al que le tocó le tocó no más…
 
Por su parte, tu madre era una lola quitada de bulla y piolita, pero no de esas “piolitas mateas” o de las “piolitas que van a la iglesia los domingos”, ¡No, no, no! La socia se hacía la cucha no más, si andaba a patás´ con los rojos y nadie se explicaba cómo pasaba de curso cada año… según ella, los profes le tenían buena y la encontraban tiernucha, por lo mismo sólo le bastaba con encerrarse con cada uno de ellos en alguna sala para rendirles algunas pruebas orales y listo… pero no sé Mati hueón, no le compro na´ mucho esa hueá, ¿Qué creí voh? A mí me tinca que les pagaba… ¡Si en esa época los profes siempre andaban caga’os de plata po! ¿De qué te reí hueón? ¡Si es cierto! Incluso un compañero me confidenció que la escuchó diciéndole al viejo de matemáticas que le pasaría el choro a cambio de que él le cambiara las notas, ¿Cachái? Y ahí me calzó todo, si tu mamá siempre andaba con plata en un chorito de cuero que, según me contó después, le había regalado su abuelita para una navidad, ¿Qué tiene? ¿Por qué la risa? ¿Acaso estay pensando que…? ¡No Mati hueón, voh tení la mente bien cochina! No sé a quién saliste así, si tu mamá era virgen al momento de conocerme, y aunque haya dicho que cuando afilamos mi hueá le bailó por dentro, yo sé que fui el primero en medirle el aceite, ¿O acaso no te conté todo lo que me costó romperle la telita aquella tarde? Un montón po, si fue por lejos el himen más duro que he atravesado en mi vida… ¿Qué? ¿Cómo que era porque andaba con pantis, hueón? ¿Quién te dijo esa hueá? ¿Ella? No, nada que ver… o no sé, puta, quizás, ¡Pero bueno, no te desvíes del tema! El punto es que tu mamá, mal hecha y todo, siempre andaba de arriba pa´ abajo con las gemelas Valdivia, ¡Y puta que eran ricas las gemelas Valdivia! Nunca supe cuál chucha era la buena pa’l pico y cuál era la mala, ¿Porque voh cachai que está comprobado científicamente que siempre hay una gemela buena pa’l pico y otra mala pal pico po, cierto? ¿Cómo que estoy hablando hueás? ¡Hay estudios hueón, estudios! Voh no sabí na´ de sensualidad Mati hueón, insisto, nada de nada, por eso estái así como estái… Ya, ¿En qué iba? ¡Ah! Las gemelas Valdivia… Las gemelas Valdivia eran famosas por ser buenas pa´ calentar la sopa, por lo mismo las invitábamos a todos los carretes que armábamos con los cabros, donde nos curábamos raja junto a ellas, bailábamos lentos y jugábamos a la botella, pero nada más por la chucha, nada más; incluso una noche le dije a una de ellas –la que noté más curá’– que se rajara con una más que fuera, si total estábamos entre amigos, en confianza y toda la hueá, pero me respondió con una patá´ en las huevas que me quitó la calentura de un puro guaracazo… debió ser la mala pal pico yo cacho, no tengo otra explicación, pero filo, con los besitos cuneteados que me plantaban al despedirse me era más que suficiente para llegar a la casa y despellejarme la diuca a pajas durante días, peor es nada creo yo… o, mejor dicho, eso creía, porque sí había algo peor, y ese algo atravesó la puerta en uno de nuestros carretes, sin invitación ni previo aviso, ¿Adivinas de qué hablo? ¿No? Puta que erí hueón Mati hueón, ¡De tu vieja hablo po, saco e’ hueas! ¡De la bruja de tu madre! ¡De quién más iba a estar hablando!
 
– Miren chiquillos – dijeron al mismo tiempo las gemelas Valdivia… porque todas las gemelas, por si no lo sabíai, hablan al mismo tiempo – convidamos a una amiga, es… simpática.
– Ya… ya… ya… – respondí sintiendo que la pichula se me paraba… pero hacia adentro – oigan… ¿Pero esta cabrita sabe que acá se viene a chupar y a hueviar, cierto? Porque con esa pinta de mosquita muerta…
– ¿Y a quién creí que le vení a decir mosquita muerta voh? – Me gritoneó tu madre para romper el hielo – A mí no me vení na´ a tratar así, ¿Estamos, Cacha Fiá’ culia’o?
– Oye, jaja – respondí nervioso – pero, jajaja, oye… ¿Cacha Fiá’? ¿Quién es el Cacha Fiá? No sé de qué hablas…
– No si no te hagai na´ el hueón, todos en el liceo sabemos que la otra vez fuiste al clandestino del guatón Lalo sin plata, y le pediste un polvo fiado a doña Eulogia, esa puta sesentona que no tiene dientes y que, por lo mismo, todos dicen que lo chupa pulento. Ahí fue que te pusieron el “Cacha Fiá’”, ¿Se te olvidó acaso?
– No no, este… no, es que… yo, yo no sé…
– Ya Cacha Fiá’ hueón, déjate de tartamudear y sírveme un vituperio será mejor, ¿Estamos?
 
¡La odié Mati por la chucha! ¡Te juro que la odié! ¡Quería que diera gangrena en el hoyo y que le saliera un hijo hueón! Aunque no me quejo, al menos uno de mis deseos se cumplió… Y así estuve odiándola durante todo el malón, imagínate que ni siquiera quise jugar a la botella para no tener que darle un beso, y de puro amurrado me llevé una garrafa pal baño y ahí mismo, amarrado al wáter, me la zampé… luego de eso tengo puros recuerdos borrosos, sólo sé que en algún momento de la madrugada me dieron ganas de ir a mear y, como pensé que estaba en una pieza, me levanté buscando el supuesto baño y terminé echando la corta en un florero grandote que decoraba la cocina. Ya a esa hora no quedaba nadie despierto, la casa estaba hedionda a pucho y el suelo se sentía pegajoso, como si hubiesen dado vuelta un montón de copete mientras bailaban o se correteaban, quién sabe, y para aclarar un poco la película, fui a la pieza de uno de mis amigos, abrí la puerta intentando pasar piola, ¿Y qué veo? Al muy rajiento acostado a poto pela’o con las gemelas Valdivia, ¡Con las gemelas Valdivia, con las dos! Conchesumadre, la hizo este hueón, pensé lleno de envidia… pero una envidia mezclada con calentura, porque puta que se veían ricas las gemelas, estaba el cuadro listo para sacar la Polaroid e inmortalizar el momento, pero no, nunca tan degenerado, además no sabía dónde chucha estaba la cámara, así que corté por lo sano y me dispuse a correrme la mejor de las pajas en honor a mi descubrimiento, aunque mi plan se vio interrumpido de súbito cuando sentí un suave ronquido que venía desde el living, y así mismo, con la corneta afuera, fui a ver de quién se trataba… y a que no adivinas quién estaba acostada en el sillón, con las piernas abiertas y en puros calzones… ¿Qué? ¿Cómo que “una de las gemelas”, Mati hueón? ¡Si te estoy diciendo que las gemelas estaban a raja pelá´ en la pieza de un amigo! ¡La que estaba durmiendo en el living era tu mamá hueón, tu mamá! ¿Me estái pescando o no? ¡Suelta esa hueá de celular e imagínate la situación! Yo con la diuca afuera, y tu mamá inconsciente, después de tanto tomar, semidesnuda y roncando con toda la jeta abierta… Puta Mati, no me mires así, no me juzgues por favor… ella estaba borracha… yo estaba borracho… no había nadie alrededor, y mi instinto primitivo me repetía una y otra vez “hazlo, hazlo”, así que no la pensé dos veces e hice lo que tenía que hacer: corrí al escritorio, saqué un plumón del primer cajón, volví donde tu madre,¡Y le dibujé un tremendo pico en la cara! Esa noche, dormí feliz.
 
La vida es misteriosa Mati hueón… según mi vieja, que no es una vieja sabia ni nada de eso, todo lo que nos pasa nos pasa por algo, y ese mismo pensamiento se me vino a la mollera cuando, al despertar, noté que estaba tu madre parada frente a mí, con cara de caña, y vestida totalmente al lote.
 
– ¡Qué hueá! ¿Qué hací acá? ¡Yo no hice nada, te juro, nada!
– ¿De qué estái hablando, Cacha Fiá’ hueón? ¿Por qué tan espiritua’o? – Me respondió desafiante, luciendo una tremenda diuca desde la pera hasta la frente.
– No, nada… tuve una pesadilla, soñé que… que cagaba un dado, no sé qué signifique… ¿Y tú qué querí?
– Ocupar el baño po, Cacha Fiá’, ¿Qué más voy a querer? Tengo un mojón que me está culiando hace rato, ¿Y tú? ¿Qué chucha hací durmiendo acá? ¿No pensái en la gente que quiere cagar acaso?
– Puta… no caché que estaba en el baño… ¿Los chiquillos dónde están? ¿Y las gemelas? ¿Siguen durmiendo?
– No, están abajo esperándome…
– Ah…
– Sí, me van a llevar a conocer el mar.
– ¿Ah?
– ¿Qué tiene? No conozco el mar po, ¿Qué tanto? ¿Te da risa acaso? Tu amigo le sacó el furgón a su papá, lo cargamos con melones y harto vino… pensamos que te habíai ido, por eso no te invitamos…
– Puta… ya, me voy a levantar…
– Oye Cacha Fiá’…
– ¿Sí?
– ¿Y tú conoces Quintay? ¿La arena, el mar?
– Sí, creo que sí…
– ¿Y cómo es? ¿Es cierto que hay lobos que nadan en el agua, y que no se ahogan?
– Puta sí, algo así – respondí, enternecido por su inocencia.
– ¡Vamos rápido entonces! Estoy ansiosa, mi papá nunca me saca a pasear porque dice que soy muy hueona, y que me puedo perder.
– No te preocupes – le dije sonriendo – yo te cuidaré, hoy no te perderás… y oye…
– ¿Sí?
– Discúlpame, pero cuando estabas durmiendo te dibujé un pico en la cara con un plumón permanente… no fue mi intención, lo juro, estaba borracho…
– Si sé, me di cuenta apenas me vi al espejo en la mañana… pero no te preocupes, antes de que despertaras te dibujé un sapo en la frente.
– ¿Un sapo? ¿Así como… el reptil?
– No… el otro… el pelú’o…
– Ah… supongo que estamos a mano entonces.
– Sí, estamos a mano… ¿Nos vamos entonces?
– Dale… después de ti.
 
¡La tonta me hizo ojitos Mati! ¿Qué tal? Con los años me contó que pensó que la tula en la cara había sido una indirecta, un mensaje, una señal, y eso la dejó enganchada a mí de inmediato, y por lo mismo se fue todo el camino a la playa echando la talla a mi lado, cantando y hablando de la vida, y al verla así, en su estado natural, bien chascona y demacrada, ya no me parecía tan incomible. Por lo mismo, apenas llegamos, me armé de valor y le dije, care´palo, “oye, ¿Vamos a caminar por la arenita?”, “¡Ya po!” Me respondió, “pero yo voy primero, así contemplo el mar sola por un ratito, ¡Tú mientras tanto anda a buscar una mantita y algo pa´ tomar! Pero no te apures, quiero tomarme mi tiempo… te espero por allá, ¿Te tinca?”. Upa y chalupa. Dejé que se adelantara, aproveché de mirarle el culo un rato mientras se alejaba, el cual meneaba de forma fruncida, pero coquetona, y partí a buscar lo que me encargó, pensando en qué le diría cuando la tuviera al frente nuevamente… se notaba que no era una mujer fácil de impresionar, así que usaría mi mejor arma: mi cuerpo… ¿De qué te reí Mati hueón? ¡Si en ese tiempo yo tenía calugas! ¡Qué sabí voh! Bueno, la hueá es que tenía que dejarla loca de una. Fui donde los chiquillos, que aún estaban dando la cacha dentro del furgón, y les expliqué un poco la situación. “Dale no más guachito”, me dijeron al unísono las gemelas Valdivia, “aunque a nuestra amiga no hay para qué curarla, es hueá de pedirle por favor no más”, y si bien no entendí mucho qué quisieron decir, partí todo canchero en dirección a la playa, hasta llegar al lado de tu madre, donde busqué llamar su atención lanzando el melón con vino al suelo bruscamente, quitándome la polera y tirándome un piquero de guata en la arena para luego arrastrarme hasta quedar acostado junto a ella, sin saber, Mati hueón, que minutos antes tu vieja, que hace rato estaba que se cagaba, había plantado flor de mojón justo en ese lugar, y, pese a que lo intentó tapar con arenita, la mierda fresca me quedó esparcida desde el estómago hasta la boca, provocándonos a ambos una sensación de complicidad que nos obligó a besarnos y a revolcarnos ahí mismo, sobre el vino y la mierda desparramada, donde afilamos como si el mundo se fuese a acabar, con un tufo a copete que te lo encargo, con la cara rallada con un pico y un sapo gigantesco, y haciendo arcadas de amor y pasión… Esa es la sensualidad Mati hueón, y no me importa tu cara de asco, eso sólo me demuestra, una vez más, que no sabí nada… que pese a ser hijo de dos seres tan conocedores de las más sutiles artes amatorias, no sabí nada de nada…

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