18 Jul

Capítulo 108: Un canto a la vida, un canto a la dicha, un canto al amor

– ¡Mati hueón, llévame a la iglesia al toque! ¡Me retiro de la ranciedad, me retiro hoy mismo!
– Puta viejo, ¿Qué chucha hiciste ahora?
– Hijo, no te asustes con lo que te diré pero… creo que mis conocimientos sobre la sensualidad se me fueron de las manos…
– Ya vai a empezar con lo mismo, ¡Anda al grano hombre! No creo que sea para tanto tampoco…
– ¿Tú creí? Quizás tienes razón… quizás me estoy asustando por las puras…
– ¿Viste? Ahora respira tranquilo y cuéntame.
– Está bien… Mati… creo que maté a alguien…
– ¡Viejo, qué hueá!
– ¡O no sé! ¡Quizás sólo la herí! ¡No sé!
– ¡Pero puta! ¡Cuenta la hueá bien po! ¿Dónde estabai? ¿Qué estabai haciendo? ¿Llamaste a una ambulancia más que sea?
– ¡Mati hueón entiéndeme! ¡Me congelé y no atiné a hacer nada! Sólo salí arrancando y vine para acá… ¡Y no me mirí así! Voh no sentiste lo que sentí yo…
– Ya, calmémonos y comienza a contar la historia por el principio viejo, por el principio.
– ¿Te acordái que ayer, cuando me invitaste a tomar once, te dije que no porque estaba muy cansado y prefería dormir? Bueno, te mentí: la verdad es que no estaba ni ahí con andar tomando tecito con galletitas como las viejas menopáusicas; además, el flaco Lucho me estuvo contando la noche anterior que donde el negro Fidel había llegado una lola de primera a ofrecer sus servicios, y que estaba así como pa mí… No la pensé más, vine de una carrera a tu departamento, aproveché que veíai tele en tu pieza para pescar unas lucas que estaban botadas en el mueble de la entrada y, sin más preámbulos, partí al toples del negro con un condón puesto.
– ¡Puta viejo! Esa plata era del Payaso Chispita, ¡Y no estaba botada! El pobre hueón la estaba juntando porque quiere arreglarse un diente que se le partió el otro día cuando se sacó la chucha andando en monopatín.
– ¡Ya pero Mati, prioridades son prioridades! Yo debía velar por mis intereses, aunque ahora estoy arrepentido, ¡Y puta que estoy arrepentido! ¡Si debí haber aceptado tu invitación amariconada a tomar tecito hijo! ¡Quién me manda, quién me manda!
– Entonces, llegaste al toples del negro Fidel, ¿Y?
– Llegué al toples del negro Fidel, abrí la puerta de una patada y grite…
– “Afírmense mierda que acá llegó el potro…”
– ¡Afírmense mierda que acá llegó el potro! Sí, como siempre, entonces el negro se me acercó y me preguntó qué me serviría esa noche, “el flaco Lucho me contó que teníai algo nuevo para ofrecer”, le respondí tajante. El negro se cagó de la risa, en señal de que había entendido mi indirecta, me imagino, y me llevó a una de sus piezas.
– Ya, hazla corta, cuenta que llegó una puta y que…
– Pero Mati, no era “una puta” cualquiera, ¡Se trataba de una oda a la belleza, un canto a la vida, un canto canto a la dicha, un canto al amor! Morena, grandota, maceteada, con harto de dónde agarrar… por eso me siento tan culpable de haberle hecho lo que le hice… ¡Llama al 133 Mati hueón, me quiero entregar! Sí, me voy a entregar, ¡Pero voh te vai conmigo por no atajarme a tiempo!
– ¡Cuenta luego qué chucha le hiciste po hombre!
– ¡La atravesé hueón! ¡La atravesé!
– ¿Qué? ¿Pero… pero cómo? Esa hueá es imposible…
– ¿Cómo que imposible? Pero si yo lo sentí po Mati hueón: la mina se tiró en la cama dándome la espalda, sin que yo le dijera nada me tomó del brazo para montarme encima suyo y susurrarme al oído que esa noche me tocaba viajar por el camino de tierra, así que yo, ni hueón, le hice caso po, y en eso estaba cuando llevé mi mano a su nidito de amor, para meterle un dedito más que sea, y de pronto, ¡Paf! En vez de sentir su sonrisa vertical toqué una hueá puntuda, redondita, así como un mango…
– No me digai que…
– ¡Sí! ¡Era mi diuca hueón! ¡Le metí la diuca por el culo y se le salió por la cholga!
– ¿Ah? Pero…
– “¡Chucha mijita, perdón!” Le dije a la mina mientras se lo sacaba de golpe, después me puse los pantalones a la rápida y salí corriendo del lugar. Afuera el negro Fidel estaba cagado de la risa y me dijo algo así como “¿Qué le pasó compadre? ¿No le gustó la sorpresa?”, ¿Y cómo me iba a gustar? Yo nunca pensé que me tocaría una puta con la piel tan delicada po.
– Puta viejo… lamento informarte que la diuca que tocaste… no era tu diuca.
– ¿Cómo que no?
– No po… no era tu diuca, es obvio que no era la tuya.
– ¿Y de quién más iba a ser? ¡Viste que voh no sabí na´de sensualidad Mati hueón, viste no sabí nada!

Comentarios

Comentarios