09 May

Capítulo 11: Armonía de amor.

Todos mis amigos, absolutamente todos mis amigos, me dijeron alguna vez “me encantaría tener un papá como el tuyo”. Se trataba de un fenómeno súper curioso, porque sus padres eran viejos responsables, trabajadores y preocupados por sus hijos, pero eso a ellos les daba lo mismo, los hueones amaban a mi viejo, y todo porque era (y sigue siendo) carretero, irresponsable y despreocupado. Cuando yo era más joven, el viejo me dijo que mi primer pito lo tenía que probar junto a él, porque me guiaría y me explicaría qué me estaba pasando, los cambios que iba a experimentar y un sinfín de verborrea filosófica de lo que vendría. Cuento corto: encendió el porro, se fumó la mitad de una quemada, le dio la pálida, y lo tuve que llevar a la posta cagado hasta el cogote. Eso a mis amigos les encantaba, “puta que es liberal tu viejo Mati”, me decían, “me encantaría que mi viejo se volara conmigo”. Y cuando venían a mi casa, le rogaban que les mostrara fotos de las minas que se había tirado en el último tiempo. Aunque “rogaban” es mucho decir, la mayoría de las veces mi viejo los esperaba con un proyector instalado en el living, y comenzaba el show. Lo único que les pedía a cambio, era que llevaran copete y charqui. Aún recuerdo la tarde en la cual, en medio de la proyección de tetas, culos y rostros con semen, el José Zapata, amigo mío desde la básica, dijo casi llorando “¿Esa es mi abuelita Clara?”, y todos se cagaron de la risa, mientras el pobre Zapata hacía pucheros. Bonitos momentos, difíciles de olvidar.
 
Ahora, hay que entender que del amor al odio hay un solo paso, y llegar a odiar a mi viejo es bien fácil. Hace varios años se celebraba el Día de la Música en el Parque Ohiggins, y con mis amigos organizamos un pequeño picnic para pasar la jornada escuchando bandas chilenas en la mejor de las ondas. Y mi viejo se nos coló. Si bien los cabros le tenían buena, habían momentos en los cuales sobraba (como cuando querían jotear minas, por ejemplo), así que ahí lo pescaban poco, ¿Y quién era el hueón que tenía que quedarse con él, con el cacho? ¡Yo po! Quién más. Igual andaba piola aquel día… y es que así son los bichos que les gusta vivir siempre a la sombra: ven un poco de sol, y se les aconchan los meados. Parecía un pollito perdido mi pobre viejo, analizando cómo “las cabras chicas de hoy en día” tomaban más que él, hasta que me miró sonriendo y acotó: “yo debí haber sido joven en esta época, Mati hueón… hubiésemos sido buenos amigos”. Le sonreí de vuelta, valorando que al fin me dijera algo lindo y con sentimiento.
 
Varias horas después, nos reunimos junto a mis amigos nuevamente. Ya en ese momento el evento llegaba a su fin, y se daba inicio a la última presentación: Quique Neira.
 
– ¿Y este borracho se las da de cantante ahora? – Consultó mi viejo.
– Papá, lo estay confundiendo con el Kike Acuña… o Kike Morandé, no sé. Éste es el ex vocalista de Gondwana.
– ¡Cállate Mati! – Gritó, sin siquiera haber escuchado mi respuesta – ¡Miren cabros! ¡Miren!
– ¿Qué onda viejo, qué tenemos que mirar?
– ¡Están todos fumando pito, Mati hueón! ¡Todos se están volando!
– Sí viejo, ¿Y qué tiene? ¿De cuándo tan cartucho?
– ¡Pero mira! ¡Los pacos están ahí mismo! ¡Está lleno de pacos, y a nadie le dicen nada!
– Es que papá, – le aclaré, mientras mis amigos se reían de la situación – en este tipo de eventos no sacan nada; los jóvenes se drogan en masa, y no le hacen daño a nadie.
– Entonces… ¿Me puedo volar, y no me dirán nada?
 
Ahí todos mis amigos se acercaron a él haciéndose los simpáticos nuevamente, “¡Sí po tío! Sáquese algo, acá estamos en confianza, rodeados de naturaleza, al ritmo del reggae, aire libre, paz y amor, libertad”. Mi viejo puso una cara de entusiasmo que jamás le había visto, se metió la mano al bolsillo, sacó su billetera y, desde dentro del monedero, extrajo una bolsita de coca, la cual empezó a jalarse ahí mismo con ayuda de las llaves de la casa. Mis amigos quedaron para la corneta, me miraron enfurecidos y me dijeron “¡Puta que es rancio tu papá, Mati culiao! Chao no más, no salimos más con voh”, y alcanzaron a irse justo antes de que llegara una tropa de hippies y rastas y nos sacaran cagando del lugar, mientras a mi viejo le sangraba la ñata al ritmo de “Armonía de amor”.

Comentarios

Comentarios