01 Ago

Capítulo 113: El pelao y el payaso.

Mi mejor amigo de infancia es el pelao Ulises, más por descarte que por cualquier otra cosa; mi mejor amigo actual es el Payaso Chispita, más por lástima que por cualquier otra cosa. El pelao Ulises fue punk-anarkista al peo durante toda su juventud, se retiró de la vida bohemia poco antes de casarse pero, luego de un carrete rancio en el que mi viejo metió la cola, volvió a sus antiguas andanzas y redescubrió su verdadera identidad. Después de eso salió del closet, se fue a vivir a Punta Arenas por un día y, finalmente, retornó a Santiago para seguir dando la cacha de lo lindo con su vida; el Payaso Chispita es, según él, un artista completo desde que nació, y por lo mismo se autodefine con total desparpajo como mimo, actor, globólogo, cantautor, malabarista y un gran poeta de las cosas simples. En resumen: un huea; el pelao Ulises volvió a vivir a mi departamento hace casi un mes, instaló en el living la maquinaria para su empresa de ropa punky-alternativa (a la cual bautizó como “Tachuelas & Lentejuelas”) y, a petición suya, comparte pieza con el Payaso Chispita; mientras tanto, el Payaso Chispita ocupa dicha pieza para redactar sus monólogos filosóficos de mierda, practicar sus rutinas artísticas y ensayar una y otra vez “Bailando con tu sombra Alelí”, la única canción que se sabe en guitarra y que interpreta en las micros cuando necesita chauchas para pagarme la luz. Al principio, todos pensábamos que se iban a comer o, por último, apostábamos a que terminarían afilando espontáneamente luego de una noche de borrachera. Craso error: nunca contemplamos que un “punky” con un “lana” son y van a ser enemigos por naturaleza hasta la muerte, y es que por muy pasivos que sean los dos (lo cual, en el caso del pelao, es algo un poco más literal), les es imposible encontrar algo que los haga sentir cercanos: si el Ulises pone un disco de Ramones, el Chispita se lo apaga para poner su vinilo de Sui Generis; si el Chispita cocina tallarines con verduras y tofu, el pelao le tira un pedazo de longa a la olla para que la preparación quede con gusto a macho; si el Ulises ocupa la tele del living para ver una vez más “Sid and Nancy”, su película de amor favorita, el Chispita le para el DVD para poner la que a él lo hace llorar: “Into the wild”, y que decir de cuando el Chispita anuncia que irá a hacer de mimo en los semáforos para ganarse unas pocas monedas y así cubrir algunos gastos, ahí salta el pelao de inmediato vociferando “¡Esa hueá es de maricones! ¡Los que somos de verdad macheteamos pa la pilsen no más y sin entregar nada a cambio! ¡Aprende a trabajar en la calle mierda! ¡No cachái na´, tonto hueón!”. En fin, estoy compartiendo mi departamento con dos seres intratables, y eso me tiene con las huevas más que hinchadas.

– Mati, dime algo, ¿Desde cuándo somos amigos nosotros? ¿Desde cuándo? – Me increpó molesto cierta tarde el pelao Ulises.
– Puta pelao, no sé, no me preguntí hueás…
– ¡Tení que echar a este ultrón culiao Mati! Tiene mi pieza pasada a incienso y plagada de afiches de eventos troskos, ¡Nadie puede vivir así, compréndeme, nadie!
– Aprende a respetar la diversidad pelao hueón… no sé porqué te tengo que estar enseñando eso a ti…
– ¿Sabíai que este hueón tiene una cámara de fotos únicamente para que le saquen fotos tomando fotos? ¿Sabíai esa hueá?
– ¿Qué chucha dijiste?
– Eso po, el otro día me dijo “hermano pelao, ¿Me podrías tomar una captura con tu celular?”, Y el hueón agarró esa cámara gigante que carga en su mochila siempre, pero que no tiene ni batería, se la llevó a la cara haciendo como que enfocaba y me dijo “dale hermano, dispara, procura que me vea como que sé lo que estoy haciendo, así como un profesional”, ¿Podí entender eso Mati? Dime, ¿Podí?
– Puta que es ahueonao, jajajaja.
– A mí no me causa gracia… nada de nada…
– ¿Pero qué querí que te diga pelao? Si te molesta tanto, no te queda otra que volver a tu casa po, ¿Qué tanto? Recuperas tus cosas, rearmas tu vida, te arreglas con tu señora y le pides perdón por todo, incluso yo te podría ayudar, hablo con ella y le digo que estás arrepentido, que lo del Tomás fue un error, o qué se yo…
– ¡Ja! Mati, estái hablando puras hueás, si mi señora ni siquiera sabe quién es el Tomás.
– ¿Cómo? O sea… ¿No sabe que saliste del closet, que te pusiste a pololear con el hijo del flaco Lucho, que te fuiste a vivir con él a la chucha del mundo y que lo pateaste porque no te gustaron sus sábanas?
– O sea, sí sabe que soy gay, aunque no fue ni siquiera necesario que se lo dijera yo, todas las cagüineras de nuestras amigas le contaron que me había encontrado pololo y todo eso… casualmente, justo después de que me echó y me viniera a vivir contigo… contigo, un soltero de 28 años que vivía solo… y al que nunca se le ha visto estabilizarse con una pareja… y que me pasaba llamando para que saliéramos cuando a mí aún no se me soltaban las trenzas…
– Puta pelao hueón, no me digái que…
– ¡Sí, ya, sí, mi ex le contó a medio mundo que erai cola y que me sacaste del closet a la fuerza! ¡Y por eso todas las esposas de nuestros amigos les prohibieron volver a juntarse contigo! Pero no por homofobia, sino porque te encuentran muy yegua suelta… ¡Y qué importa, deberías sentirte orgulloso! Te relacionan conmigo po hueón, mírame, cualquier estilo… Pucha, ¿Por qué esa carita? ¿Qué pasó amigo Matías? ¿Vai a llorar?
– Entonces… ¿Es por eso que todas nuestras ex compañeras me envían solicitudes de amistad y me invitan a salir con ellas a discos, malls y peluquerías?
– Sí, me temo que sí…
– Entonces… cuando la Lura me invitó a tomar tecito, o cuando la Matilde me dijo que fuéramos a la Blondie, o cuando la Tere me pidió que le hiciera un masaje… ¿Era todo porque querían a un amigo gay? ¿Nada más?
– Pero claro, los amigos gays somos muy cotizados, ¿Qué esperabas?
– Puta la hueá… con razón se espantaban tanto cuando me les tiraba…
– No me culpes a mí Matías… culpa a tu lado femenino…
– Y yo que juré que estaba matando hueón… juré que estaba matando…
– Ay amigo, no llores… ven, déjame apapacharte, eso, ven, eso, acurrúcate en mi hombro, déjate llevar, siente mis caricias…
– Gracias pelao, pese a todo eres un gran amig… ¡Oye hueón! ¡Guarda esa cámara! ¡Por qué chucha te estái sacando fotos mientras me abrazas!
– ¡Para subirla a mi Instagram po! ¿Qué tanto?
– ¿Qué hueá? ¿Ahora tení Instagram también? Yo pensé que compartíai la cuenta con el Tomás.
– No po, si el Instagram del Tomás es de él y subía fotos conmigo, su pololo; en el mío subo fotos contigo, mi supuesto pololo… Mira, ¿Querí ver? Esta es de anoche, me metí a tu pieza mientras dormías y me acosté a tu lado, ¿Qué tal? Nos vemos bonitos, ¿Y esta otra? Es del martes pasado, cuando entré a la ducha en pelota y fingí que no había visto que estabas bañándote, ¿Te acordái que nos tomé una selfie mientras nos reíamos del momento? Bueno, aquí está… ¡Ay, y ésta me encanta! ¿Te acordái cuando estaba tirado en el sillón y te pedí que me arreglaras el cierre del pantalón? Mira, si pareciera que me estás haciendo un lavado de cabeza, jajaja, ni notaste cuando te tomé la foto.
– Mira pelao conchetumare, sólo te diré que ésta me la vai a pagar… quizás no hoy, quizás tampoco mañana, pero te la voy a cobrar algún día hueón, y te va a costar caro… muy caro…
– ¡Ay si eres tan rudo Matías! Te juro que si no fueses hétero me fijaría en ti sin dudarlo… ¡Y ya po, no me cambies el tema! ¿Cuándo vas a echar al Payaso Chispita de nuestro departamento? Ese hueón tiene pinta de ser súper mal amigo Matías, mi intuición me lo dice, confía en mí, ese payasito alguna mariconeada te va a hacer.

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