06 Ago

Capítulo 115: Como por un tubo

El pelao Ulises me comentó, así a la rápida, que saldría a chupar con unos amigos para botar las tensiones. Me pidió unas cuantas lucas prestadas, después sacó otras pocas del morral del Payaso Chispita, y se despidió dándole patadas a todo lo que se encontraba en su camino, como buen punky ahueonao que es. Aquella noche no llegó a bolsear alojamiento, a la mañana siguiente no vino a bolsear desayuno, y a media tarde tampoco se apareció para bolsear almuerzo. Pasó otra noche, otro día y otra noche, y ni rastros de él. “Bueno, sería todo”, fue mi apresurada conclusión, “este hueón se murió, qué le vamos a hacer”, pero el Payaso Chispita me entregó un dato clave que, gracias a la experiencia que gané estudiando un año de Perito Criminalístico, me brindó las pistas necesarias para encontrar al principal sospechoso de la misteriosa desaparición.

– Vi al pelao Ulises esta mañana predicando en las micros, y dijo que no volvería más porque tu papá es un chancho culiao.
– ¿Qué hueá? ¿Predicando? ¿Vestido de terno y todo? Pero, pero… ¿Por qué dijo eso de mi viejo? ¿Le preguntaste?
– Yo no me involucro en la vida de la gente Matías, vive y deja vivir es mi lema, mi canto, mi paso a seguir… por otra parte, tú comprenderás que hoy en día los tiempos están difíciles, en esta sociedad de consumo sólo los más fuertes sobreviven y bueno… ya sabes lo que tienes que hacer si quieres que te entregue más información.
– ¿Qué hueá Chispita? ¿Querí que te pague?
– Yo soy un observador, amigo mío, mi especialidad es analizar lo que le pasa a la gente, y tú cachái que si eres bueno en algo, jamás lo haces gratis… Serían cien mil.
– ¿Cien lucas por decirme lo que hablaste con el pelao Ulises? No, ni hueón, te ofrezco $500 más una ampolleta para tu pieza.
– Dame $1.000 más una toalla para secarme después de la ducha y estamos.
– $200 más un paño de cocina viejo.
– ¡Hecho! Buen trato Matías, buen trato.
– ¡Ya po hueón, habla! ¡Qué le pasó al pelao!
– Ah, no tengo idea… yo me subí a una micro para interpretar “Bailando con tu sombra Alelí”, un clásico, y cuando la estaba cantando por tercera vez veo que sube un individuo con un terno demasiado grande como para él, arrastrando un amplificador con rueditas, sosteniendo un micrófono con la mano desocupada y una biblia vieja bajo el brazo. Yo le iba a pedir que me esperara, sólo me faltaba repetir la canción tres veces más para finalizar mi show, pero él se adelantó y me sermoneó diciendo “es mi misión interrumpirte, hermano Chispita, lo siento, pero la palabra de nuestro señor Jesucristo no puede esperar”. Ahí me di cuenta que era el Ulises, por esa voz de mierda que tiene, aunque me costó reconocerlo así, con su poco pelo tan engominado y con sus zapatos de cuerina lustraditos.
– ¿Pero qué onda? ¿Qué te dijo de mi viejo?
– No, a mí no me dijo nada… pero cuando encendió el parlante y comenzó a predicar, mencionó que había estado una temporada en el infierno, después se puso a llorar explicando que en su vida había pecado hasta tocar fondo, y entre aleluyas y aleluyas clamaba que todos sus pecados se debían a que había conocido al demonio mismo, a Lucifer personificado en un viejo rancio que actuaba como un chancho culiao. Igual a la gente se rió harto con la salida de libreto, incluso unas viejas creyeron que era un humorista y empezaron a aplaudirle, ¿Qué te parece? ¡Nada que ver po! ¡Si él no tiene las herramientas, no tiene mi telento! Para que veas que la sociedad no sabe cómo funciona el arte de hacer reír, por lo mismo me enfurecí y me bajé de esa micro llena de ignorantes para seguir entregando mi música en otro recorrido…
– ¿Y cómo? ¿No te dijo nada más? ¿Eso es todo?
– Sí po, ¿Qué más querí? Ahora dame mis $200 y mi paño de cocina que me quiero ir a duchar.
– Chúpalo, sigue secándote con confort no más.

Dejé al Payaso Chispita pataleando solo, tomé mi celular y llamé a mi viejo de inmediato. Al principio me imaginé lo peor, aunque tenía la certeza de que la realidad sería aún más macabra.

– ¿Aló, viejo? Oye, ¿Qué hueá pasó con el pelao Ulises?
– ¿Con quién?
– Con el pelao po, mi amigo.
– Eh…
– ¡El Ulises po papá! ¡Ese hueón que decí que tiene cabeza de plumero!
– ¡Ah, el que abraza para atrás!
– ¡Ése! ¿Lo hay visto?
– Ah sí… El otro día lo hice cagar pa´dentro.
– ¿Co… cómo?
– Eso po, lo hice cagar pa´dentro, ¿Qué tiene?
– Pero viejo…
– ¡Ya pero qué onda, si estábamos jugando, no fue nada grave!
– ¿Jugando? Puta… sé que me arrepentiré de decir esto, pero cuéntame al tiro qué pasó.
– Na´ po, ¿Qué iba a pasar? El pelao llegó a tomar donde el flaco Lucho, abrimos unas garrafas, al poco rato el flaco se curó raja y de puro pajero que es se quedó dormido debajo de la mesa con todo el hocico abierto. Ahí fue cuando se me ocurrió decirle a tu amiguito que le gastáramos una broma, pero algo suave, nunca tan maricón, era recién lunes y el flaco tenía que hacer trámites al otro día, y eso mismo le expliqué al pelao po, “vámonos lentito no más, echémosle un poco de mierda en la boca y listo”, “¡Ya po!” Me respondió al toque, así que me saqué los zapatos para no meter ruido y partí al baño de la casa del Lucho, todo con la sana intención de encontrar un papel con mierda de su señora y después refregárselo por la jeta, pero, justo antes de salir, sentí la extraña necesidad de voltear la cabeza… Mati, yo en mi vida he visto de todo, ¡De todo! Pero ver al pelao Ulises con los pantalones abajo, hincado, arrugando la frente, afirmado con una pura mano en la mesita de centro y con todo el culo en la cara del flaco Lucho, fue un espectáculo de otro mundo.
– ¿Qué hueá? ¿Le estaba cagando la boca?
– ¡Se la iba a cagar Mati hueón, se la iba a cagar! Yo no quise gritar, imaginé que si lo hacía el flaco se iba a despertar de golpe y quedaría con la ñata ensartada en el nudo de globo del Ulises, así que pensé rápido y sólo atiné a lo obvio: le puse una pura patá en la raja al pelao para que aprendiera a respetar a sus mayores y listo.
– ¿Y qué onda? ¿Funcionó? ¿Pudiste salvar al flaco Lucho?
– ¡Claro que sí po Mati hueón, si yo soy seco, un héroe moderno, el vengador de los borrachos con pálida! Pero puta… tengo tanta mal cuea, pero tanta tanta mala cuea, que justo le chanté la patá cuando el hueón estaba soltando el tremendo zurullo, aunque con la fuerza de mi pie logre´ metérselo de vuelta pa´dentro, ¡Y puta que entró rápido hueón oh! ¡Fue como si el mojón se hubiese ido por un tubo! Y sus ojos Matías, sus ojos eran los de una persona que acababa de ver a Dios, ¡Le hice ver la luz metiéndole un mojón pa´dentro! ¡Ni el Papa es capaz de lograr una hueá así! Y no te riái, igual me quedó toda la pata cagada y estuve hasta anoche sacándome restos de mierda de los dedos… Al principio pensé que era piñén no más, pero, luego de darle una saboreada a las manchitas, descubrí que no…
– No me digas más…
– Era caca con piñén Mati… saboreé caca con piñén…
– Ya viejo, no continúes…
– ¿Y quieres saber lo peor?
– No, por favor no…
– El piñén no fue el sabor más agradable que probé en ese momento…

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