10 Ago

Capítulo 116: El gran negocio del Payaso Chispita

El Payaso Chispita, en su afán por difundir el arte y las bellas letras, comenzó hace poco un negocio un tanto curioso. Todo comenzó cuando me pidió un préstamo para comprar un montón libros usados, de esos con hojas roñosas y portadas despegadas, con el fin de restaurarlos, ilustrarlos y, finalmente, venderlos a precio de huevo en las micros donde antes hacía su show. Diplomáticamente le hice ver que, si bien su idea era noble y romántica, había que estar bien hueón para invertir tanta plata y tiempo en algo tan intrascendente. Fue entonces cuando se le encendió la ampolleta y lanzó, casi en tono de hueveo, su más brillante idea.

– Puta Mati, entonces si no puedo vender libros, mejor vendo, no sé… ¡Personajes de libros po!
– ¿Qué? ¿Cómo es eso?
– Piénsalo, ¿Cuál es tu libro favorito? ¿El Quijote, cierto?
– No.
– Bueno, imaginemos que es el Quijote. Mi negocio consiste en que tú me contactes y pidas comprar a tu personaje favorito por un día, ¿Y qué hago yo? Me visto como el Quijote, hablo como él y adquiero su personalidad, así hago que cumplas tu sueño de conocer a tu ídolo literario máximo y te hago vivir la ilusión de que juntos luchamos contra las sirenas y los cíclopes que se crucen en nuestro camino, ¿Qué tal?
– Eso no es del Quijote, es de La Odisea, y además… es como rara la idea, ¿No?
– Yo soy un profesional Matías, recuerda que además de payaso, trovador, mago, mimo, tragasables y, por supuesto, poeta de las cosas simples, soy un actor de primera, el mejor de mi generación, incomprendido por mis profesores y rechazado por mis compañeros… pero qué importa, ellos no saben lo que significa entregar la vida en las tablas…
– ¡Y cuándo hay actuado voh Chispita hueón! ¡Si con raja fuiste capaz de memorizarte la chiva que te pedí que le dijeras al conserje cuando vino a hueviar la otra noche por tener la música muy fuerte!
– Bueno, ahora actuaré, y lo haré mejor que nadie. Te sorprenderé Matías, recuerda mis palabras, te sorprenderé como nunca antes te habían sorprendido.

Algo raro tuvieron las últimas palabras de mi amigo. De cierta forma, sentí que por primera vez estaba dialogando con un ser humano común y corriente, pero con una seguridad única y una convicción fuerte. Un hueón auténtico, al fin y al cabo. Me alegré por este nuevo Chispita, me alegré tanto que fui capaz de reconocer frente a él que su idea no era para nada descabellada, así que, por lo mismo, podía ocupar mi departamento para atender a sus clientes y hacerles vivir el sueño de interactuar con sus personajes literarios favoritos. Esa misma mañana lo acompañé a numerosas tiendas de ropa usada para comprar los trajes y pelucas que considerara necesarios para comenzar con su negocio, “mira Chispita”, le decía entusiasmado, “con esta camisa y esta manta podí disfrazarte de Frodo, de El Señor de los Anillos, y mira este abrigo de estilo afrancesado, calza perfecto para personificar a Horacio Oliveira, de Rayuela, ¡Cacha! Con esto podí hacer de Max Demian, acá está el sombrero de Alexander DeLarge y esta polera se me hace igualita a las que usaba Matías Vicuña, de Mala Onda, ¡Llévate todo Chispita culiao! ¡Que no te falte nada, dale, yo te apoyo, hoy mismo pondremos algunos afiches y te aseguro que mañana te comenzarán a contactar tus primeros clientes! ¡Llegarás lejos amigo mío! Con trabajo y perseverancia te aseguro que llegarás lejos”.

Y se dijo y se hizo. Apenas llegamos a nuestro barrio pasamos a un cyber e imprimimos varios afiches con un mensaje más que escueto: “Se arriendan personajes literarios. Cumple tu fantasía por un día”, le agregamos el número del Chispita más la dirección de mi departamento, y en el camino los fuimos pegando en los diarios murales de los edificios o en las entradas de algunos supermercados. Aquella tarde el celular del Chispita no paró de sonar, “sí, sí, ése lo puedo hacer, ¿Para cuándo lo quiere? ¿Para hoy mismo? Chuta, está bien, ¿Puede ser entre 10 y 12 de la noche? Tengo muchas clientas esta jornada, pero ninguna ha pedido el día completo, sólo un par de horas… está bien, la estaré esperando, ¡Y prepárese para llevar la fantasía a la realidad!”, Y así una y otra vez, me imaginé la cara de emoción de mi amigo, al fin sus esfuerzos estaban dando frutos y, por lo mismo, fui a su pieza con los brazos abiertos a felicitarlo personalmente.

– ¡Buena Chispita culiao! ¿Cómo te ha ido viejo? ¿Muchos pedidos ya?
– Sí, no me quejo… tengo, exactamente… 38 citas para comenzar.
– Para, ¿Qué hueá?
– Sí, creo que funcionaron bien los avisos… y eso que los pusimos hace una hora no más.
– Pero… pero cómo hueón, es imposible, a ver, deja mirar.
– No tengo tiempo para eso Matías, es más, te iba a pedir que salieras a dar una vuelta porque mi primera clienta llega en media hora, y le prometí que estaría solo.
– Pero hueón, ¿Qué onda? Este es mi departamento, ¿Dónde querí que vaya?
– No sé, pero tú me prometiste que me ayudarías, y promesas son promesas querido amigo.
– Puta, ya hueón, está bien, obligado a ir a tomar con mi viejo…
– Gracias Matías, te llamo cuando esté listo… que será en varios días más, te aviso al tiro, así que ármate de paciencia.
– Puta…
– ¡Ah! Y lo último, voy a tomar prestado tu terno negro, pero no te preocupes, lo llevaré poco rato puesto.
– ¿Por qué? ¿A quién tení que hacer primero?
– Primero… a Christian Grey.
– Ehhhhh…
– Sí, y después también. La tercera y la cuarta señora me pidieron al mismo, y a ver… sí… sí, todas me pidieron exactamente al mismo personaje, qué coincidencia, ¿No?
– O sea…
– ¡Así que bueno! Al final no usaré ni una hueá los trajes que compramos, pero filo, las viejas están dispuestas a pagarme harto, no tengo de qué quejarme…
– Pero Chispita…
– ¡Ya Matías! ¡Fuera, fuera! Tengo que trabajar, y oye, ¿No tení unas esposas por ahí? ¿No? ¿Y algo parecido a un látigo? ¿Tampoco? Puta, ¿Un pepino, un palo de escoba, o un plátano que sea? ¿Tampoco? Pero Matías, como inversionista debiste haber sido más previsor, ¿No entiendes que mi público quiere vivir una experiencia completa? ¿Entiendes eso? ¿Entiendes algo de arte siquiera? ¿Por qué me miras así? Tú mirada cuestionadora sólo refleja tu ignorancia, Matías, se nota que no cachái nada de teatro, no cachái nada de ponerse en la piel del personaje, no cachái nada del arte de las cosas simples… puedes retirarte, me dejas decepcionado.

Sin saber bien el porqué, dejé al Chispita solo en mi departamento. En el fondo quise creer que sus intenciones seguían siendo buenas, el tipo sólo quería entregar su trabajo y al fin tenía a un público al cual cautivar. Así es la vida del artista supongo, y de puro buena onda le diré así, “artista”, porque la verdad acá está más que clara: Mi amigo Chispita es puto, pero aún no se da cuenta.

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