19 Ago

Capítulo 119: Aunque me duela… (Parte 1)

“¡Las Danielas están todas locas!”, Me advirtió mi viejo muchas veces, “¡Hazme caso Mati hueón! A primera vista son ricas, tiernas, lindas y calentonas, ¡Pero en el fondo son demonios enviados por Satanás para atormentar a los hombres buenos como nosotros! Y tú cachái que yo no le hago asco a nada, ¡A nada! ¿Pero meterme con una Daniela nuevamente? ¡No, ni cagando! ¡Prefiero que me quemen la diuca con un soplete y me obliguen a comérmela! ¡Te lo juro, que me la corten, me la quemen, le echen pebre y me la sirvo! ¡Así, tal cual! Y sé que se te hizo agua la boca Mati hueón, pero créeme que no es tan grato como suena, créeme, voh sabí que te doy permiso para que seái hueón todo lo que querái, pero nunca tanto Mati, nunca tanto…”. Como no estoy muy acostumbrado a hacerle caso a mi viejo, y menos cuando se pone así de dramático, simplemente opté por hacerme el sordo frente a sus palabras y dejarme llevar por el encanto de las Danielas, quienes aparecían en mi vida una y otra vez tal como si fuesen reinas buscando a su rey feo… ¡Y puta que me arrepiento hueón oh, puta que me arrepiento! Y sé que no es bueno arrepentirse de lo que uno hace, pero durante mi juventud terminé pololeando con nueve de ellas, ¡Con nueve! Y tres me pusieron los cuernos, dos sufrían de un trastorno bipolar no diagnosticado, otras dos eran pinochetistas a morir, una era cleptómana, y la que queda… Puta, si creen que las ocho anteriores eran hueviadas, la que queda las dejaba chicas.

Todo comenzó poco después de mi cumpleaños número 23, cuando el verano estaba recién comenzando. En aquella época solía viajar a diferentes partes de Chile completamente solo y sin ningún fin en específico, sólo quería hueviar de lo lindo, conocer gente nueva y, tal como lo hacen los marinos, tener un amor en cada paraje. Lo de hueviar y conocer gente me resultó sin mayores problemas, pero en lo de los amoríos me fue como el pico. Y es que en ese tiempo era tan poco agraciado como ahora, y si a eso le sumábamos mi comportamiento brutalmente inmaduro, puta, era un pésimo partido para el sexo opuesto… Aunque la Daniela opinó todo lo contrario, la Daniela me encontró chispa, me encontró algo que nunca le había encontrado a ningún otro, y así me lo hizo saber cuando la conocí en la barra de La Punto, una disco ubicada en algún lugar de Pelluhue, luego de que la ayudara a levantarse del suelo porque se había sacado la chucha tratando de bailar sobre el pisito endeble que la sostenía.

– Hola… – me dijo simplemente, aún tambaleándose aferrada a mi mano, y sólo esa palabra le bastó para enamorarme completamente.
– ¡Puta madre, erí más bonita que la mierda! Si un unicornio se pegara una cacha con un cariñosito, de seguro nacería alguien tan sublime como tú – le respondí, intentando parecer lo más refinado posible.
– ¡Ay, gracias! Veo que eres un galán, primero me ayudas a ponerme de pie y ahora me dedicas palabras tiernas… creo que te irá bien esta noche, emmm… ¿Cómo me dijiste que te llamabas?
– No, no te lo he dicho… me llamo Matías, estoy soltero y no tengo ninguna enfermedad venérea de la cual preocuparse.
– Vaya forma de romper el hielo Matías, pero está bien, en algún momento te iba a pedir el carnet de sanidad de todas formas… Bueno, ¿Y?
– ¿Y qué? ¿Quieres que te muestre que no tengo nada?
– No po Matías, ¿Y acaso no preguntarás mi nombre?
– ¡Cresta, lo olvidé! Siempre he sido malo con los nombres, imagínate que a mis papás les he dicho por tanto tiempo “viejos” que ya olvidé cómo se llaman, pero me da vergüenza preguntarles, quién sabe cómo podrían reaccionar… ¡Pero bueno! Tengo la certeza de que el tuyo no lo olvidaré nunca… dale, dímelo…
– Jajaja… puedes llamarme Dani…
– ¿Dani? Puta la hueá, dime por favor que te llamái “Danitza”… ¡O “Danitila”, no sé!
– ¡Ay, que eres loco Matías! ¡Me haces reir! No po, me llamo Daniela, obvio, Daniela, para servirte…
– Conchemimare, no puede ser, ¿Daniela? ¿Segura? ¡Otra vez no por favor! ¡Por favor! ¡Por qué señor, por qué!

En ese momento mi angelito bueno me dijo que saliera corriendo de inmediato, y mi angelito malo, extrañamente, me dijo lo mismo, e incluso con más énfasis… pero no debía ser tan catastrófico, ¿Qué tan terrible me podría a pasar? Esta Daniela se veía inofensiva, sus ojos transmitían inocencia y su escote me decía “no tengas Miedo Matías, quédate acá, nosotras te cuidaremos bebé”. Con ese pensamiento optimista llamé al barman y le pedí que no nos parara de servir piscolas hasta que la disco cerrara, porque esa iba a ser una noche más que especial, tenía fe de que rompería mi mala racha y al fin remojaría el cochayuyo después de tanto tiempo… Aunque de todos modos, y sólo como medida de precaución – porque igual hay que ser desconfiado en esta vida – interrogué a la Daniela antes de lanzarme con todo, y lo que descubrí me demostró que era una chica más que normal: vivía con sus viejos en algún lugar de Talca, tenía 25 años, soñaba con viajar por el mundo y ser una gran artista, andaba vacacionando junto a su amiga imaginaria llamada María Pepa (en su momento lo encontré simpático, hasta espiritual), había intentado estudiar 6 carreras distintas, pero en ninguna de ellas pasó del primer semestre, y guardaba en su cuarto una colección de más de 200 muñecas, a las cuales peinaba sagradamente cada noche antes de dormirse. Nada sospechoso a primera vista, así que me saqué los prejuicios y la invité a bailar, luego a seguir chupando, después a bailar de nuevo y, para rematar, le dije que nos fuéramos a otro lugar.

– ¿Dónde quieres ir Matías? ¿Tienes algo en mente?
– Sí – le respondí seguro – estoy arrendando una pieza por acá cerca. Tengo pisco, pan, mortadela y confort en el baño, todo lo que se necesita para vivir como rey.
– Pucha, no sé… ¿No me querrás para puro… mmmmm… cierto?
– ¿Qué? ¿Acaso crees que me quiero aprovechar de ti? ¡No, por favor, cómo se te ocurre! No pienses mal de mí, ¿Crees que sería capaz de eso? ¡Jamás! Pero dale, dale, sigue tomando, ¿Otra piscola? Eso, toma, toma, al seco, ¡Eh, eh, eh, eh!
– No es que piense mal de ti Matías, es que… ¡Pucha! ¡Todos los hombres son iguales! ¡Sólo quieren una cosa, y yo sé que eso está mal, lo sé porque mi interior me lo dice, todas las voces de mi mente me lo repiten, no no no no no, no entregues tu flor, no la entregues! ¿Te gustan las flores Matías? A mí me gustan los caballitos, y también me gusta bailar salsa, ¿Te gusta la salsa? Pero no la de los tallarines, la María Pepa siempre dice que esa salsa es mala, que le recuerda a la sangre de su familia, a la que asesinó porque no la dejaban gritar durante las noches, pero la María Pepa es mi amiga, no la juzgo, ella siempre me aconseja y me dice que los hombres son malos, pero tú no eres malo, ¿Cierto Matías? ¿Cierto que tú no eres malo?
– Eh… ¿De qué estábamos hablando?
– ¡De nada! ¡Buenas noches! Tomaré un taxi y me iré a dormir, mañana debemos viajar con la María Pepa tempranito a Talca, y no quiero hacer enojar a la María Pepa… tú no sabes cómo se pone… ¡Pero no puedo hablar de eso! ¡Adiós!

Y dicho esto, la Daniela me tomó de la cara y me plantó un calugazo de otro mundo, un beso tan bien dado que, incluso, me hizo eyacular un poco ahí mismo, apoyado a la barra y visiblemente caliente. Luego dio la media vuelta y salió del lugar dando saltitos y cantando una canción infantil que no supe identificar. La Daniela me había dejado con la bala pasada, con la bala y con la bola pasada, así que, apenas llegué a la capital, me dediqué a buscarla durante horas en Facebook hasta dar con su perfil y agregarla con la intención de terminar lo que no pudimos concluir aquel verano. Para mi sorpresa, la Daniela reaccionó feliz con nuestro reencuentro virtual, y no tardó en decirme que no había parado de pensar en la noche en que nos conocimos, que soñaba con nuestro beso a diario y que, aunque sonara repentino, creía que se estaba enamorando de mí perdidamente. Sí, tal como suena, la Daniela me dijo que me amaba y yo, embobado por ese amor fugaz, le respondí diciéndole que sus sentimientos eran recíprocos, yo también la amaba, a la distancia y sin conocerla mucho, pero eso daba lo mismo, tendríamos toda una vida por delante para solucionar esos temas, ahora lo que debía hacer era viajar a Talca cuanto antes para pedirle pololeo oficialmente, ¿Qué estaba esperando? Y así mismo se lo comuniqué a mi futura novia, “mi amor, este fin de semana iré a Talca para pedirte poleo oficialmente”, aunque su respuesta no fue la esperada: “Pucha mi vida, lo siento mucho, olvidé decirte que a mi viejo le salió una pega en Argentina y nos vinimos todos a vivir acá, a Mendoza, ¡Pero no te preocupes, seamos pololos igual, yo feliz, podemos tener una relación a distancia! ¿Te tinca? Chatearemos todo el día, de noche pondremos webcam y nos dormiremos mirando nuestras caritas al otro lado de la pantalla, ¿Qué mejor?”. Puta la hueá, ¿Qué le iba a hacer po! Será, a resignarme no más, debía hacerme la idea de serle fiel a una polola que estaba a cientos de kilómetros y que vería tarde, mal y nunca… pero bueno, peor es na´, pensé resignado, y seguí viviendo mi vida tal como lo hacía antes, pero chateando con la Dani a diario para mantener vivo el amor… Y así pasó un año, y si bien durante ese tiempo no me porté del todo bien, lo hice lo mejor posible considerando la particular situación en la que nos encontrábamos… Hasta que recibí la llamada.

– ¿Aló, hablo con Matías?
– Hola, sí, ¿Con quién tengo el gusto?
– Mira, tú hablas con tu suegro… el papá de Daniela.
– ¡Ah, hola! – Respondí aterrado, ya que nunca había hablado con él y, por lo mismo, me imaginé lo peor – Un gusto hablar con usted suegrito, su hija me habla mucho de lo buena gente que es, y yo…
– ¡Ya, ya, ya, no me des tanto la lata cabrito! Te llamo para algo muy puntual.
– ¿Qué onda? ¿Le pasa algo a la Dani?
– ¡Claro que le pasa algo po! ¡Si está cagá de la cabeza! ¿O me vai a decir que no te has dado cuenta?
– Bueno… no sé… quizás…
– El punto es que mi niñita cumplió sus 26 años hace poco, ¿Cierto? Y puta… ¡Sigue igual de hueona que siempre po! Hablar con ella es hablar con una pendeja en plena edad del pavo, le da con salir a pasear con esa amiga imaginaria que tiene, dice que no quiere estudiar nada porque será una cantante famosa que recorrerá el mundo con sus shows y, para rematarla, ahora salió con que se quiere hacer un tatuaje de Amelie, ¡De Amelie po hueón, a sus 26 años!
– Chucha, igual complicado… Pero no sé en qué lo puedo ayudar yo, ella vive con usted y bueno… ¿Qué puedo hacer? Dígame no más, con confianza.
– ¡Tení que afilártela!
– Perdón, ¿Qué?
– Yo no estaba muy de acuerdo al principio, pero su sicólogo fue categórico cuando me dijo: “Señor, su hija es inmadura porque no se la han afilado, ¿Ella tiene pololo? ¿Sí? ¿Y qué espera?”, Entonces fue cuando le expliqué que voh estabai en Chile, pero el sicólogo insistió en que entre tus piernas estaba la cura para que mi niñita deje de ser tan pánfila.
– Pero señor, no sé qué decir…
– ¿Y qué vai a decir tonto hueón? ¡Te estoy dando a mi hija en bandeja! Le compré un pasaje para este fin de semana y se quedará contigo durante unos días, ¿Estamos? Y Matías.
– Sí señor, dígame.
– Hazla tira hueón, no decepciones al género masculino, toma a mi hija y hazla recagar, sino viajaré yo mismo a Chile y te haré recagar a ti, ¿Estamos?
– Sí… supongo…
– Prepárate cabrito, mi niñita sabe bien a lo que va, y con tal de convencerla le hablé maravillas de la pichula, así que no me dejes como un mentiroso. Ha sido un gusto yerno, anda ejercitando la diuca desde ya, y que tengas buen provecho.

Comentarios

Comentarios