21 Ago

Capítulo 120: Aunque me duela… (Parte 2)

Puede que suene irrisorio, y sí, quizás en el fondo lo sea, pero el sicólogo de la Daniela, mi ex polola más demente, al ver tanta chifladura e inmadurez alojada en la cabeza de una lola que ya pasaba los 26 añitos, le dijo a su padre que la mejor terapia para afrontar las niñerías de su pequeña sería, sin lugar a dudas, lograr que alguien la descartuchara de una vez por todas. Y ese alguien, era que no, debía ser yo.

Igual me caí de raja, nunca pensé que la Dani estuviera cero kilómetros, mantuvimos una relación por chat durante casi un año y nunca mencionó algo relacionado con su himen intacto… aunque debí suponerlo cuando me dijo que jamás había probado el arrollado de venas, o aquella vez en la cual me comentó que nadie le había pegado unas puñalás´de carne, o cuando dijo que nunca le habían echado abajo el portón, o cuando me contó que jamás le habían medido el aceite con la corneta, o cuando… ¡Puta, fueron tantas las señales, tantas y tan coloridas! ¡Pero qué iba a saber yo, si desde chico soy malo para captar indirectas! Imagínense que una vez mi viejo me dio $200 para que fuera a jugar taca-taca solo y, antes de sacarme a empujones de la casa, me dijo entusiasmado: “¡Demórate no más Mati hueón! Hazla larga, mira que tu mamá me va a hacer un tremendo lavado de cabeza”, y yo, de puro buen hijo que soy, pesqué mis dos gambitas y fui corriendo al almacén de la esquina a comprar un sobrecito de champú, y luego partí con él de vuelta a la casa para ayudar a mi vieja en su difícil tarea. Menos mal no me dejaron entrar, pese a que toqué la puerta por más de 20 minutos, y cuando al fin me abrieron juré que mi vieja le había lavado el pelo a mi papi con la lengua, así como los gatos, porque puta que se sacaba pelitos crespos desde dentro de la boca la pobrecita. Pero bueno, a lo que iba: la Daniela era virgen y viajaría de Argentina a Santiago sólo para tener su primera vez conmigo, y todo con el fin de ver si con eso daba el gran salto hacia la madurez y dejaba sus actitudes infantiles atrás.

– Hola amor, ¿Vendrás este viernes sí o sí, cierto? – Le pregunté la última vez que chateamos.
– ¡Sí, obvio! Y no te preocupes por ir a buscarme al aeropuerto, mi padre viajará conmigo y me irá a dejar directamente a tu departamento. Dice que no estará feliz hasta que cumplas con tu parte, incluso piensa que, si haces todo bien, a mí me darán deseos de irme a vivir contigo y eso lo tiene más feliz que la cresta, ¡Uy, si al parecer mi papito se muere de ganas de que me vaya de la casa! ¡Y no entiendo porqué, si tengo 26 añitos no más! ¡Fíjate que la María Pepa vivió en la casa de sus padres hasta los 50! Y sólo se fue porque, después de matarlos, no se pudo acostumbrar al olor a sangre, ¡Pero aún así po!
– ¿La María Pepa? ¿Tu amiga…?
– Sí, mi amiga imaginaria, ¿Qué tiene?
– No, nada… es como… rara ella, ¿No?
– No entiendo de qué hablas, ¡Y espero que no estés insinuando nada malo! La María Pepa es mi mejor amiga desde que tengo 3 años, y la amo porque no me ha dejado nunca sola, ¿Entiendes?
– O sea, no me digas que… ¿Ella también vendrá?
– ¡Pero claro! Me dijo que se moría de ganas de volver a Chile, incluso se tejió un chaleco hermoso para que no se le vean las cicatrices de sus brazos y así tirar pinta apenas se baje del avión.
– Eh… ¿Y qué onda? ¿Le compraste pasajes también?
– ¿Si acaso le compré pasajes a mi amiga imaginaria? Matías… soy loca, no hueona.

Aquel viernes la Daniela llegó a Chile pasada la hora de once. Tal como me advirtió, su padre la vino a dejar a mi departamento y me dio un sermón de media hora enfocado en los secretos para satisfacer a una mujer. La verdad es que no le puse mucha atención pero, según lo que percibí gracias a sus gesticulaciones y movimientos de manos, pude inferir que pretendía que dejara a su hija, mínimo, en silla de ruedas. Al terminar la charla se despidió amablemente, me hizo entrega de un frasco de vaselina más una caja gigante de condones y, por último, me preguntó si acaso conocía algún lugar para matar el tiempo durante la noche. “Vaya al clandestino del flaco Lucho”, le dije sin pensarlo, “allá podrá encontrar a mi viejo, su consuegro, sería bueno que se conocieran, así vamos uniendo lazos familiares, ¿Quién sabe? En una de esas planifican desde ya el casorio, ¡Ja! ¿Se imagina? ¿No? Está bien, olvide lo que dije… aquí está la dirección, golpee no más y diga que va de mi parte. La contraseña de esta noche es “Cogote de pavo”, vaya vaya, con confianza, le aseguro que lo pasará chancho”. Y la verdad es que, según me enteré después, sí lo pasó chancho: se curó raja, bailó guaracha con unas bataclanas y le depiló el hoyo con un encendedor al flaco Lucho cuando éste se quedó dormido, ¿Qué mejor panorama? Pero volvamos al tema: ahí estaba yo con la Daniela, luego de un año de espera al fin terminaríamos lo que comenzamos aquella lejana noche de verano en Pelluhue y, por lo mismo, evité los preámbulos y me empeloté de una cuando su viejo se retiró.

– Así que… así se ve el cuerpo de un hombre desnudo ah… – Me dijo con tono lastimero apenas terminé de quitarme los boxers.
– Bueno… es lo que hay… ¡Pero mi amor, no nos desconcentremos! Acércate, no tengas miedo, eso, déjame guiarte: Mira, pon mucha atención, esto de acá, ¿Lo ves? Esto de acá es el pene, peee-neee, ¡Pene! A lo mejor lo conocías con el nombre de “pichula” o “diuca” o “tula”, no sé, lo que importa es esto que va dentro tuyo, ¿Me entiendes? Te lo tengo que chantar, ¿Te imaginas dónde va? ¿Lo sabes?
– Matías, sé lo que es un pene, no me tomes por tonta… aunque no te mentiré, pensé que era más grande.
– ¡Ah! Es que… es que… ¡Es por el frío! Con el frío se pone así, como chico, ¡Eso pasa!
– Matías, ¿De qué frío me hablas? Estamos en pleno verano, hace más calor que la mierda, mírame, ando de shorts y polera, ¿Acaso me quieres engañar?
– No mi amor, no, ¿Cómo se te ocurre?
– ¡Ya! No más rodeos y vamos luego a tu pieza. Debo reconocer que durante toda mi vida le tuve miedo a este momento, pero ahora al verte así, tan desnudo y vulnerable, siento que puedo tener el control total de la situación e, incluso, ser capaz de pasar un buen rato…
– Está bien, mi pieza está por ahí, ponte cómoda mientras yo dejo tu maleta en el living.
– No, las maletas vienen conmigo, a la pieza. Ahí traigo mis muñecas.
– ¿Ah?
– Mis muñecas Matías, sabes que debo peinarlas cada noche antes de meterme a la cama, y esta vez no será la excepción.
– Ah… dale, eso suena… normal… Iré al baño a pegarme una lavada, mientras tanto tú haz tus cosas tranquila… nos vemos en un ratito, te amo.
– Y yo te amo a ti… ¡Ah! Y Matías.
– Sí, dime.
– Prepárate… Sé que crees que tienes más experiencia que yo, y en el fondo es cierto, pero lo de hoy será de otro mundo… en serio, de otro mundo.

Las advertencia de la Daniela me dejó más caliente que nunca, así que la hice más que corta en el baño y partí corriendo a la pieza para remojar el cochayuyo al fin… Lamentablemente, y tal como suele sucederme, el destino me tenía preparados otros planes.

– ¿Daniela? ¿Qué haces de pie frente a la cama? ¿Y esa cámara?
– Para filmar, obvio…
– Ah, ¿Quieres que nos grabemos… haciéndolo?
-¿Que “nos grabemos”? No no no, no te confundas… yo grabaré, pero no a nosotros, sino a ustedes…
– ¿Pero qué…? ¿Cómo?
– Tengo 26 años Matías, mi sicólogo me dijo que debería haber tirado hace mucho tiempo, por lo mismo no quiero que mi primera vez sea normal, ¡Qué lata! Quiero que hagamos algo fuera de lo común… ¡Quiero que hagamos una orgía!
– ¿Una orgía? ¡Ya po! ¿A qué hora llegan las demás participantes?
– Ya llegaron…
– Sí.
– ¿Y dónde están?
– En mi maleta…
– Puta la hueá, no me digái que tienes a unas enanas atrapadas ahí dentro.
– Jajaja, ¡Cómo se te ocurre amor, no seas loco! ¿Quién crees que soy? Adentro están todas mis amigas: la María Pepa y mis queridas muñecas, ¿Qué te parece? Soy buena polola, ¿Cierto? Cumplirás el sueño de todo hombre, ¡Qué feliz debes sentirte!
– Ehhhhh…
– Ya, comencemos – me dijo mientras acomodaba su enorme maleta sobre la cama y procedía a sacar decenas de muñecas desde dentro, y luego miraba a la nada, tal como si estuviese observando a un ser imaginario que le hablaba – la María Pepa tiene muchas ganas de comenzar, ¡Hola María Pepa! ¡Oh, pero qué osada eres! ¡No puedo creer que ya estés desnuda! ¿Qué quieres? ¿Que el Matías te ponga en cuatro? ¡Está bien! Ya Matías, comienza.
– Daniela, no sé… no creo que…
– ¡Comienza dije!
– Ya ya ya, está bien… ¿Qué hago? ¡Puta, no sé! ¿Qué quieres que haga!
– ¡Besa a mis muñecas! ¡Bésalas! ¡No mires a la cámara, míralas a ellas! Eso, eso, acaríciales el pelo, bien, muy bien… Ahora dale un beso negro a la Barbie que está a tu izquierda, eso, dale, dale…
– Daniela, creo que esto es…
– ¡Silencio! ¡Cierra la boca maricón! ¡Mira como tienes a la María Pepa! ¡Te está esperando, está en cuatro, lista para recibirte, dale, toma sus caderas y embístela como nunca, dale, es toda tuya!
– Pero, puta… ¿Por qué no vienes tú mejor? ¿No te tinca participar?
– Después de la María Pepa vengo yo, en eso quedamos… ¡Dale, sé hombre! ¡Toma sus caderas y penétrala!
– ¡Quiero llorar!
– ¡Métesela culiao!
– ¡Ya, ahí voy, ahí voy!
– ¡Afírmate de sus caderas, mira como la tienes, está mordiendo la almohada, dale, con todo, con todo!
– ¡Está bien, por la chucha está bien, ahí voy, ahí voy!
– ¡Noooooo! ¡Por la chucha nooooooo! ¡Hueón, qué le hiciste! ¡Se lo metiste por el hoyo equivocado, mira como la dejaste, no respira! María Pepa, ¿Me escuchas? María Pepa… ¡La mataste! ¡Asesino, le sacaste los ojos, asesino!
– Oye Daniela, tranquila, esto ya sobrepasó todos los límites…
– ¡Te voy a acusar con mi papá, le diré que mataste a la María Pepa de un pencazo! ¡Te irás al infierno Matías! ¡Tú y tu pene friolento se quemarán en el infierno por toda la eternidad! ¡Te odio, no quiero verte nunca más, te odio más que a nadie! Afilar quería el culiao, ¡Chúpalo! ¡Y aléjate de mí para siempre, enfermo de mierda!

Dicho y hecho: con la Daniela no nos vimos nunca más. A veces igual me siento mal por haber matado a la María Pepa, pero luego recuerdo que fue por una buena causa y se me pasa. Sorprendentemente, mi viejo sigue en contacto con el papá de ella, hace poco más de un año lo trasladaron a vivir a Chile nuevamente y se juntan a carretear y hablar de la vida de vez en cuando.

– ¿Y sabes algo de la Daniela? – Le pregunté a mi viejo hace un par de meses.
– Sí, mi amigo me contó que la flaca sigue viviendo con él… y que está más loca que nunca.
– Ah, me lo imaginaba… ¿Y qué hace por su vida? ¿Está estudiando?
– Sí, me dijo que estaba en una U…
– ¿La dura? ¿Y en cuál? ¿En la Usach? ¿En la Utem? ¿En la UC?
– No, en otra, en la UTI.
– Ah… no la cacho.
– Yo tampoco.

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