02 Sep

Capítulo 123: Practicantes

Y pensar que todo comenzó con un corte simple de pelo… Yo estaba a punto de cumplir los 16, mis viejos se habían separado hace poco más de tres años y mi padre, maravillado por el rimbombante estilo de unos jóvenes tujas con los que hizo buenas migas, se esforzaba por cultivar aquel look centroamericano noventero que impusieron artista como “El General”, “Los Ilegales” y “Sandy & Papo”, es decir, le gustaba verse más ordinario que la chucha, aunque jurando que tiraba más pinta que moco en la frente.

– Mira Mati hueón, ¿Cómo me veo con estas cadenas? Cacha, si no las mirái de cerca casi ni se nota que no son de oro, ¿Y cómo me queda este arito? ¿Ah? Y lorea, me quiero tatuar el símbolo del ying y el yang justo aquí, alrededor del pezón, ¿Cómo me vería? ¿Irresistible, cierto?
– Viejo… ¡Puta que te veí cuma! Y te juro que no te lo digo en mala, pero no importa la ropa o los accesorios que te pongas… ¡El problema es tu cara viejo, tu cara!
– ¿Qué hueá? ¿Qué tiene mi cara? Hermosa mi cara po, ¿Qué sabí voh de belleza Mati hueón? ¡No sabí na´po, hueón feo, no sabí na´! Hablái desde la envidia, pura envidia, porque yo nací bonito, mira, casi perfecto…
– Pero papá, el problema es que te querí vestir como pendejo y tení el caracho lleno de arrugas po, ¡Y fíjate en cómo se te escapan los cañones por la nariz y las orejas! Un asco, ¿Y qué me decí de ese corte de pelo? ¿Creí que estirándote un mechoncito de oreja a oreja no nos daremos cuenta de que se te está yendo la gente del estadio desde hace rato?
– ¿Sabí qué Mati hueón? En la forma sonaste hueco, sí, muy hueco… pero en el fondo, puta, en el fondo puede que tengái razón… ¡Sí, puede que tengái razón! ¡Iré a la peluquería de inmediato! Pediré que me quiten 20 años de encima y después saldré a maraquear durante semanas, ¡Y todo gracias a tu consejo de belleza hijo! ¡Todo gracias a tu instinto femenino súper desarrollado!
– ¿En serio papá? ¿En serio me agradeces? Me has dejado sin palabras, ¿Pero sabes? Creo que diré lo que me dicta el corazón, y…
– Préstame plata.
– ¿Ah?
– Para ir a la peluquería po, necesito plata.
– Pero viejo ¿Qué onda? Tú trabajái, yo con raja tengo lo que me da mi mamá…
– Si sé, pero gasté todo mi sueldo encargándole un diente de oro al Pablito de la funeraria… me dice que aún no llega ningún finao con una paleta a mi medida, aunque no sé, me tinca que me está cagando… ¡Pero no nos desviemos del tema! Préstame unas lucas po Mati hueón, no seái mala gente.
– ¿Y por qué no vai a la peluquería de la señora Lita? Ella tiene practicantes po.
– ¿Que tiene practicantes? ¿Y qué son esas hueás? ¿Es algo así como tener ladillas?
– No po, los practicantes son unos cabros que están a punto de salir al mundo laboral y que, para ver si tienen dedos pal piano o no, hacen su pega gratis, o a bajo costo, y así se preparan mejor, ¿Cachái? En el caso de los practicantes de la Academia de Peluquería de la señora Lita, son puros cabros del barrio que quieren ser estilistas y trabajan gratis a cambio de que les prestí´ la cabeza no más… Mi mamá me manda siempre para allá, y aparte de que me tajearon una oreja y me dejaron pelado acá atrás, no tengo de qué quejarme…
– Así que practicantes ah… y trabajan gratis… ¿Eso quiere decir que puedo buscar practicantes de cualquier profesión y pedirles que hagan lo que yo quiera a cambio de nada?
– Bueno, no funciona así… o sea, la idea no es abusar tampoco…
– ¡No se hable más! Voy a pegarme una encachá´ gratis y rapidito, mira que aún me queda descubrir un mundo de posibilidades, ¡Nos vemos Mati hueón, y gracias por incentivarme a cagar a la gente, por eso erí mi hijo favorito! ¡Te lo juro, mi favorito!

Al cabo de unos meses mi viejo se convirtió en un experto cafiche de practicantes: primero con los peluqueros, luego fue más lejos y arregló sus papeles gracias a un par de ingenuos estudiantes de derecho, después le pidió a unos cabros de fonoaudiología que le enseñaran a hablar bien cuando estaba curao´ y, no bastándole con eso, convenció a unos estudiantes de Artes para que le pintaran la casa con los colores típicos de una cantina. Cierto día se dio cuenta de que visitar a un dentista le saldría mucho más barato si dejaba que muchos practicantes observaran la sesión, así que ahí partió a abrir el hocico y a cambiarse las gutaperchas ante la vista y paciencia de un puñado de futuros odontólogos, quienes tomaban apuntes y le sacaban centenares de fotos a su dentadura gastada. Quedó bonito el hueón, nada que decir, se le veía feliz por el barrio luciendo los chocleros blanquitos hasta que, como era de esperarse, un día llegó demasiado lejos en su tacañería y ya nunca volvió a sonreír como antes.

– Mati, hijo… abrázame…
– ¿Qué hueá viejo? ¿Qué te pasa? ¿Por qué caminái así?
– No quiero hablar de eso Mati hueón, no quiero hablar de nada… Mejor alcánzame ese cojincito para poder sentarme bien. Ése, sí, el que usé cuando tuve hemorroides…
– ¿Qué onda viejo? ¿Qué te hicieron en la mañana?
– ¿A mí? Ehhh… ¡No, nada! Si estuve en la pega, pura pega, de ahí no me moví.
– ¡No me mientas! Pasé por tu trabajo para pedirte mi mesada y me dijeron que no estabas… que habías pedido permiso para ir al proctólogo…
– ¿Yo? ¡Nooo! Ehhh… Nooo, yo nooo…
– ¿Qué tiene de malo viejo? A tu edad deberías haberte hecho el examen de la próstata hace rato, ¿Cuántas veces te lo hemos repetido?
– ¡Ya, sí, ya! ¡Allá andaba, me pillaste, no lo puedo negar! – respondió al borde del llanto.
– Pero papá… no me digas que… ¿Te encontraron algo? ¿Estás bien? Tu padecimiento, sea el que sea… ¿Tiene tratamiento?
– ¡No Mati, no tiene tratamiento! ¡Hoy me extirparon algo que nunca me podrán reponer, porque no hay cirugía que me devuelva lo que en ese hospital me quitaron!
– No entiendo viejo, deja de asustarme, ¿A qué te refieres?
– ¡A mi dignidad Mati hueón, a mi dignidad! Fui a hacerme ese examen culiao de una vez por todas, y le dije al doctor que me atendiera junto a sus practicantes no más, para que así me saliera gratis la talla… ¡Pero nunca pensé que la hueá fuera así po! ¡Ni en mis peores pronósticos! Este animal me dobló entero y de repente, sin ni una piscolita pa´ la previa, ¡Paf! Me deja caer dos dedos en el culo, ¡Dos dedos! Y empieza a menearlos el hueón, como si estuviera revolviendo un café con la mano. “Mire Marcelito”, le dijo a uno de los mocosos degenerados que lo acompañaba, “mire, venga a examinar a este paciente, capte cómo se siente”, y llega el hueón del Marcelito y ¡Paf! Dedo en el culo de nuevo, “¡Ohhh, qué increible! Lorena, ven a ver, por dentro es como esponjoso!” Dijo el culiao, y después vino la otra, y luego otro, y ¡Paf! ¡Paf! ¡Paf! ¡Paf! ¡Paf! Uno a uno me fueron culeando con el dedo estos psicópatas, “¡Sí, vengan, vengan, aprovechen que está sueltecito ya, el camino es amplio y alcanza para todos”, repetía el doctor, y yo ahí, mordiendo la almohada sin poder hacer nada, mientras una lagrimita silenciosa caía por mi avergonzada mejilla… ¡Y puta, habían unos que tenían el pedazo de mano po Mati hueón! ¡El pedazo de mano! En serio, no sé si tenían dedos o pichulas con uñas esos hueones, ¡Fue horrible, vi estrellas de todos los colores, la peor experiencia de mi vida, lejos!
– Puta viejo, me asustaste, pensé que había sido algo peor… ¿Y qué onda al final? ¿Tení algo o no? ¿Cuál fue el diagnóstico del médico?
– ¡Qué sé yo! Con todo el mal rato no escuché ni una hueá…
– Pucha, ¿Y entonces?
– No sé… Mañana voy a que me revisen los cabros de nuevo… y les pedí que llevaran a más compañeros esta vez…
– ¿Ah?
– ¡Para tener una segunda, tercera y cuarta opinión po Mati hueón! ¿Acaso no me puedo preocupar por mi salud? ¿Querí que me muera acaso? ¡Voh no tení idea de tratar con los desamparados Mati hueón, no tení idea de nada!

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