20 Sep

Capítulo 128: Pequeña historia de amor y ranciedad en décimas

Les voy a contar una historia
muy bonita de mi infancia,
aunque igual es media rancia
sucedió por La Victoria,
en esas noches de gloria
acompañando a mi viejo,
aunque no era na´ pendejo
habré tenío´ diecisiete,
tonto y malo pal puñete,
me le notaba a lo lejoh.

Cierta noche mi papito
enamoró a una bataclana,
pareque se llamaba Ana
y era tierna como osito,
treinta años, buen potito,
y lucía con desplante,
unoh pechoh abundanteh
que enseñaba noche y día,
si lo penca  que tenía
era su esposo, el traficante.

Mi viejo queó rendío
ante los pies de su chana,
que aunque fuese camboyana
y gorreara a su marío´,
pa él era un buen partío´,
¡Si eran dos gotas de agua!
Le rompía lah enaguah
onde loh pillara la pasión,
¡Si mi viejo era un camión!
No era na cacho e´paraguah.

La felicidah duró re poco,
porque al pobre traficante
le contaron que su andante
andaba hedionda a otroh cocoh,
y se puso como loco
“¡Traigan pa´cá a ese cochino!
Que yo mismo lo asesino
Pero antes se lo meto,
Hasta el fondo, lo prometo,
Pa’ enseñarle algo e´tino.

Mi papito tiritando
Me pidió una manito,
“Mati lindo, erí mi hijito
Si somoh del mismo bando
¿O acaso te veí limpiando
mis tripitas en el suelo?
Si te sirve de consuelo
Estoy bien arrepentío´
aunque lo culiao y lo comío
No me lo quitan ni cagando”.

El asunto es que mi paire
me mandó con un recao,
muy sentío y adornao
a la casa del compaire:
“Perdóneme este desaire
de no ir a hablarle en persona,
hoy el miedo me traiciona
por eso mando a mi hijo
pa´ que cuente bien prolijo
mi historia con su culona”.

“No es que yo sea inocente,
¡Pero ella me hizo ojitoh!
Me miraba el paquetitoh
con su cara de caliente,
le dije ¡Usté está demente!
¿Qué diría su marío?
Respondió ¡Problema mío!
Usté métamelo luego
fuerte, duro y sin sosiego
dejemel culo partío”.

“Ahora entienda, ‘on traficante
que uno no es na´de fierro
¡Yo en el fondo soy un perro!
Si me dicen que lo plante,
por detrah o por delante
da lo mismo, ¡Voy igual!
Si yo sé de lo sensual,
y pregúntele a su esposa
cómo le queó´ la cosa
echándole una semanal”.

Ya acabao mi mensaje
El traficante miró mih ojoh,
con la pior cara e´enojo
y unoh gestos bien salvajes,
me cantó en su lenguaje
“¡Te voy a pitiarte, guacho culiao!
¡Ponte en cuatro, ahí agachao
y no me digái ni pío!
Que hoy día tu culo es mío,
te pasó por asopao”.

Rendío ante la desgracia
le hice caso a este matón,
pegué al suelo mi mentón
rogando que la tuviera lacia,
o que’n un gesto e’ diplomacia
olvidara todo este entuerto,
no quería terminar muerto
ni en un callejón tampoco
con el hoyo lleno e´moco,
apuñalao por su chino tuerto.

Aunque igual la saqué barata
¡Si fue to’o un mal entendío!
El socio no quería na´mío
no máh dejarme como alpargata,
ésa fue su explicación inmediata
Cuando le dije “¡No me haga na!
¡Yo soy virgen por atráh
y así lo quiero seguir siendo!”,
el traficante se meó riendo
antes de darme feroz patáh.

¡Y al final no hubo más dolor!
fue una simple patá en la cuea,
por ser cómplice del huea
que le comía la color,
le dije “perdón señor
a nombre de mi papito
es califa el animalito
pero algún día irá a aprender,
a no meterse con una mujer
que tenga marcao el culito”.

Comentarios

Comentarios