29 Sep

Capítulo 130: La radio

De la noche a la mañana apareció un auto abandonado en el patio de la casa de mi papá, y nadie supo cómo cresta llegó hasta ahí. Demás está decir que no teníamos ninguna información sobre su dueño, tampoco del porqué lo dejó con las llaves puestas ni menos del motivo que lo llevó a estacionarlo como si fuese un cacharro al lado de la parrilla recién apagada.

– Pero viejo, hace memoria, ¿Quién lo trajo? ¿No había nadie dentro? ¿Estás seguro de que no te lo robaste?
– ¡Nada de eso po Mati hueón! Te digo que desperté tipín tres de la tarde y, como tengo el agua cortada porque no hay querido pagarme la cuenta, fui a echar la meada al patio, y puta, ¡Ahí estaba la cagá estacionada po! Con las puertas abiertas y la radio encendida, ¿Qué tal?
– ¡Pero cómo querí que te crea esa hueá hombre! ¡Quién chucha sería capaz de dejar su auto tirado! ¡Y pa´ más recacha en un patio! ¿Y por dónde se supone que lo metieron? ¿Por el living? En serio, ¿Lo inclinaron y lo pasaron por el living? Viejo, dime la firme, ¿Qué hueá hiciste?
– Me extraña la imagen que tienes de mí Matías, me hablas como si estuvieses tratando con un hueón turbio, con un tipo marginal, con una persona sin valores ni principios, ¡Y na´que ver po! Si yo lo único que hice fue organizar un asadito en mi patio, ¡Nada más! Los cabros trajeron carne, copete y algunas maracas para no tener que pasarnos rollos entre nosotros, luego nos curamos como pico, le metimos una bombilla por el hoyito de la tula al flaco Lucho cuando se quedó dormido, después el chico Maicol trajo su equipo de música mega gigante y ultra caro para que bailáramos unas cumbias, pero se lo llevó todo enojado cuando le dije a las chiquillas que se subieran arriba los parlantes para hacer sus toples… ¡Coloriento el chico culiao! Por lo mismo me piqué y le puse una pura patá en la raja antes de echarlo, ¡Aparte más lo que se quebraba con su cagá de equipo, y la hueá no tenía ni pa´cassettes ¿Qué te parece? Terrible de charcha po.
– ¿Pa´cassettes? Puta viejo… ¡Ya, pero filo! ¿Qué pasó después? ¿No habrá sido el chico Micol el que entró el auto a la mala al patio? En un ataque de rabia quizás, venganza, quién sabe…
– No, imposible, si andaba a pata… me acuerdo porque tuvo que acarrear su equipo de música con una carretilla… puta que se veía ordinario el hueón…
– ¿Y te acordái de algo más? ¿En qué momento se te apagó la tele?
– En realidad, después de que eché al chico no me acuerdo de nada, ¡De nada! Sólo tengo algunos flashazos de momentos hueones, como cuando le pedí a la Marcelita que se rajara con un Ñe, o cuando hice un trencito en pelota con todas las bataclanas pa´ puro punteármelas al ritmo del punchi-punchi…
– ¿Un trencito? Imposible, eso tiene que haber sido antes, si no teníai ni música po.
– ¿Cómo que no tenía? Yo me acuerdo que sí po, si tan hueón no soy.
– ¿Pero qué onda? ¡Estái puro hueviando po viejo! Si el chico Maicol se llevó su equipo, y tú con raja tení radio en tu celular, ¡No tení idea de qué hueá hiciste!
– ¡Ah! Ahora que lo dices… me parece que cuando el flaco Lucho despertó, se sacó la bombilla de la tula y partimos a buscar algo que metiera boche para amenizar el ambiente…
– ¡Buena viejo, al fin estás recordando! Entonces, me imagino que fueron a la casa de algún amigo y éste trajo alguna amplificación dentro de su auto y después no fue capaz de llevárselo, ¿Cierto?
– No, nada de eso… si mal no recuerdo, nos encontramos una radio tirada en la calle… ¡Sí! Así mismo fue, pillamos una radio tirada justo en la vereda… justo en la vereda…
– Así que una radio justo en la vereda ah…
– Sí… justo…
– Y me imagino que esa radio era bien grande, ¿Cierto?
– Sí… sí… grandota…
– Y les costó un mundo entrarla supongo, ¿O no?
– Sí… sí nos costó… harto nos costó… pero la empujamos entre varios y listo…
– Claro… sonaba bien fuerte me imagino, así como para bailar con ganas digo yo…
– École, esa era la idea, lo más importante de todo… ¡Oye! ¡Qué onda Mati hueón! ¿Por qué me estái hablando con ese tono de voz tan amariconao´ y preguntando tanta tontera? ¿Me querí decir algo?
– ¡Viejo hueón! ¿Cómo no te dai cuenta? ¡Te robaste un auto por la chucha! ¡Llegaste y entraste un auto al medio de tu patio sólo para poner música!
– Ya, no me hueí, si ya me di cuenta…
– ¡Hay que devolverlo po! De seguro asaltaron a su dueño, después lo usaron para robar un cajero o asaltar una bencinera y de ahí lo dejaron tirado acá afuera, con las llaves puestas y todo.
– ¿Devolverlo? ¿Estái más hueón? ¿Y con qué querí que escuche música?
– Viejo…
– ¡Pero míralo po Mati hueón! ¡Si es entero de bacán, hasta tiene pa´ cassettes! ¡Mira po! ¡Pa´ cassettes!

Bueno, pensándolo fríamente… igual hacía falta una radio en la casa… Y antes de que nos juzguen, déjenme decirles que estuvimos toda la tarde escuchando el lado A y B de unos cassettes de los “Ángeles Negros” que mi viejo tenía guardando polvo desde hace años, y la verdad es que se escuchan la raja, ¡La raja! Y es que la música reúne a la familia, amigos míos, y esta radio nueva (con carcasa con forma auto incluida), no será la excepción.

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