20 Oct

Capítulo 136: El pedo

– ¿Adó? ¿Adó? ¿Hoda?
– ¿Ah? Qué chucha, van a ser las cinco de la mañana, ¿Con quién hablo?
– Adó Madi… Madi huedón, zoy yo mieda, du pade.
– ¿Papá?
– Ed mizmo… do que paza ez que no puedo habdlar bien.
– ¡No si ya caché! ¿Qué te pasó ahora hombre? ¿Se te durmió el hocico de tanto tomar?
– ¡Ezdái doco! ¡No te diái huedón, no te diái!
– No si no me estoy riendo viejo, relaja la vena y modula para que me expliquí porqué me estái llamando a esta hora, y lo más importante de todo… ¡Por qué chucha estái hablando así!
– Nada gdave huedón, nada gdave… ezdoy codchao no máz, ezo ez dodo.
– ¿Qué? ¿Acabas de decir “estoy corchao’”?
– Zí.
– Espera… ¿Corchao’? ¿Seguro?
– Zí, codchao’ a un pedo…
– ¡No no no no no! Esto es mucho, te voy a cortar, no quiero saber más.
– ¡Ven a descatadme huedón! ¡Eztoy pegao’ a un pedo, no puedo sepadadme, socodo, socodo!
– ¡Pero cómo viejo por la chucha! ¡Qué le estabái haciendo a ese animalito, hueón degenerao!
– ¿Qué? ¡No huedón! ¡Ezcuchazde mal! No eztoy codchao a un pedo, ¡Dije a un pedo! ¡A un pedo!
– ¡Ah! ¿No estás corchao’ “a un perro” entonces?
– ¡No! ¡Dije “a un pedo”!
– ¿Cómo? ¿A un peo?
– ¡No!
– ¿A un pelo?
– ¡Ezadto, ezadto!
– Pero… no entiendo nada… ¿Qué chucha estabai haciendo viejo?
– ¡Nada gdave oh! Vine a tomad pidzen con mi vezina…
– Ya… ¿Y?
– Y la cudé… y me cudó… y nos cudamos…
– Ya… ¿Y qué pasó luego?
– Na po… me invidó a cudiad… a que le padtieda el chodo, voh cachái… Me tdajo a zu cama y ze empedotó. Dica la donta, dica dica, pedo muy cudá eso zí…
– ¿Muy curá?
– Zí, muy cudá… La huedá ez que ella me damió las bodas, y yo, pada ser caballedo, le chupé das dedas, azí tad cuad.
– ¿Qué? ¿Que le chupaste las tetas?
– Zí, das doz.
– Ya… las dos… ¿Y?
– Y no me vai a cdeed.
– ¿Qué cosa no te voy a creer?
– Denía un pedo… un pedo dadgo en un dezón.
– ¿Un pelo largo… en un pezón?
– Zí.
– Ah, chuta…
– Zí… y de danto chupad y chupad… ze me quedó atodao’ entde doz dientez.
– ¿Ah? Puta viejo…
– Zí, entde laz doz padetaz, igual que hido dentad, ¡Y pod máz que tido no do puedo sacad!
– ¡Pero dile a la vecina que lo corte po viejo! ¿Cómo no va a tener unas tijeritas por ahí?
– ¡No, zi ze quedó dodmida! ¡Zi está daja de cudá’! No puedo dezpedtadla, pod máz que tido el pedo no deatciona, llevo cuatdo hodaz aquí, no zé qué máz haced… dengo hambde Madi huedón, dengo hambde…
– Chucha … Te juro que iría a salvarte, ¡Te lo juro! Pero con todo respeto… ¡Puta que me daría asco verle las ubres a tu vecina viejo! Así que por esta vez paso, sorry, y espera a que la veterana despierte no más po, no te queda otra…
– ¡Qué edí mad hijo huedón! ¡Da cagái pa sed mad hijo! Como zi yo no hicieda nada pod ti, como si yo te hubieda dado un mad ejempdo adguna vez… Mada pedzona no más, te medecez lo peod…
– ¿Perdón viejo? No te entiendo, lo siento, ¡Adiós!
– Chúpado…
– ¡Chao papi! La dura no entiendo lo que dices, ¡Que estés bien!
– Madicón…
– No, definitivamente no te entiendo… ¡Ya! ¡Chaito, te quiero! Y sigue chupando teta no más, así dormirás más plácidamente.
– Ya, adioz no máz… si totad… ya dezidí qué hazed…
– ¿Viste? Sabía que no era para tanto, que te la podías arreglar solito.
– En deadidad zí… aunque cdeo que dodedá, pedo no impodta… todo zea pod mi libedtad… ¡Libedtaaad!

Y así fue como mi viejo empuñó su viejo celular Nokia con la mano derecha, cerró los ojos, respiró profundo y se golpeó el incisivo lateral hasta arrancárselo. La libertad cuesta cara, dicen por ahí, y eso bien lo sé yo, que tuve que pagarle el implante… por madicón…

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