06 Nov

Capítulo 140: Cumshot

Hace unos 10 años, cuando tenía tiernos 19, el destino me llevó a visitar a un viejo amigo que estudiaba en Talca. Este compadre llevaba un par de meses pololeando con una mina oriunda de San Javier, la cual, según sus palabras, tenía una hermana súper linda, rica, caliente y, pese a todas sus virtudes, sotera, “por lo mismo tení que puro aprovechar hueón”, me repetía cada vez que podía, “¡Si a la Andrea le paso hablando de voh! ¡Y te quiere puro conocer! Le mostré tu Fotolog y me dijo que no importaba que fuerai más feo que el tajo de la pichula, que al menos teníai cara de buena persona, y eso es lo que a ella le importa, ¿Cachái? Porque la loca es profunda, la loca es de buenos sentimientos, la loca es el mejor partido con el que podrás toparte, así que dime… ¿Se lo vai a chantar, sí o no? Si no, busco a otro hueón que le haga la pega al tiro, ¿Qué me decí?”… Y obvio que le dije que sí po, pero, lamentablemente, por culpa de algunos compromisos ineludibles, postergué mi viaje a las tierras maulinas durante varios meses… hasta que un buen día me hice un ratito libre, le dije a mi amigo que me concertara una cita con la Andrea para ese mismo fin de semana y, sin más, partí a Talca con una mochila cargada de ilusiones, sueños y condones… aunque bueno, al final estos últimos ni los ocupé, pero para allá vamos… para allá vamos…

Por lo que había visto en fotos, la Andrea era bastante agraciada, tenía buen caracho y un físico despampanante… pero puta, al parecer las fotos eran algo antiguas porque, cuando al fin nos presentaron, estaba un poquitín cambiada, ¡Pero ojo, no me quejo, para nada! Porque la verdad es que esos kilitos demás le daban una luminosidad especial a su mirada, y para qué andar con cosas si en el fondo me encantan las minas así, bien maseteadas, anchitas de cadera, rellenitas, con harto de donde agarrar, y al parecer a la Andrea también le caí en gracia porque, apenas vio que entré al baño durante el improvisado carrete que armamos en la casa que arrendaba mi amigo, entró fugazmente detrás mío y cerró la puerta por dentro, arrinconándome contra el espejo y comenzando a besarme salvajemente, como si quisiera recobrar en un solo segundo todo el tiempo que esperamos por esta cita que al fin se concretaba… y así nos seguimos besando, hasta que no dimos más y comenzamos a toquetearnos por todos lados… aunque bueno, “por todos lados” es mucho decir: ella atacó directamente mis partes nobles y yo, enceguecido por su escote, le quité sus enormes sostenes con los dientes y, sin perder más tiempo, comencé a afinarle el charango… y es que debo confesarme: mi gran debilidad son los pechos, me encantan loh peshoh, amo loh peshoh, y los suyos eran enormes, firmes, turgentes, fáciles de agarrar y, aunque parezca loco, tremendamente comunicativos, así tal cual, comunicativos, y de eso me percaté cuando me acerqué a ellos y los escuché decirme “¡Chúpanos de una vez por todas Matías! ¡Trae tu boca para acá y chúpanos! Chúpanos hasta dejarnos moradas, si ahora somos tuyas, ¡Aprovecha mierda, somos tuyas!”, Dicho y hecho: si las tetas querían ser chupadas, ¿Quién era yo para decirles que no? Así que me abalancé hacia ellas con mi boca abierta al máximo, y lentamente comencé a besarlas tal como ellas y yo tanto queríamos, primero lento, y después más rápido, luego un poquito suave, y después más fuerte, ¡Cosa más buena! Y en eso estaba, embalado chupa que chupa, cuando siento un extraño sabor dulce en mi boca… “Qué mierda”, me dije mientras continuaba saboreando esa sustancia viscosa, “¡Filo! Debe ser perfume, igual rico”, concluí rápidamente, y seguí con lo que estaba haciendo hasta que un nuevo brote de aquel sabor me invadió la jeta entera… Como no quería cortar la inspiración del momento, me alejé disimuladamente, así como que no quiere la cosa, y le di un rápido vistazo al sector en cuestión, pero nada raro observé, hasta que se me ocurrió la genial idea de pescarle la teta que recién estaba chupando con mi mano derecha y, sin más, darle un apretón.

– ¡Conchemimadre! ¡Mi ojo! ¡Mi ojo! – Grité al instante.
– ¿Qué onda? ¿Qué te pasó?
– ¡Me saltó leche al ojo! ¡Te apreté una teta y me saltó un chorro de leche al ojo! ¡Igual como cuando en las pornos el hueón se va cortado en la cara de la mina! ¡Mira!
– ¿Qué hueá? ¿Qué quieres que mire?
– Mi cara po, está llena de leche, ¿O acaso no te diste cuenta? Loca, te apreté una teta y te salió leche, ¿Cachái?
– Ah, sí… es que estoy embarazada – respondió sin siquiera inmutarse.
– ¿Embarazada?
– Sí, embarazada… siete meses ya, ¿Qué tiene?
– Ah… no, nada – dije simplemente, intentando tomarme la noticia con naturalidad – qué buena… yo pensé que erai gorda no más…
– ¡Cómo me dijiste!
– O sea… es que… es que es obvio po, cuando te vi pensé que erai rellenita, nunca imaginé que estuvieses esperando… no sé…
– ¿Me estái diciendo gorda hueón? ¿Voh a mí? ¿Me estái tratando de chancha? ¿Acaso no te hay mirado al espejo? ¿Ah? ¡Se nota que no tení idea de cómo tratar a una dama hueón! Pero no importa, voh te lo perdí, yo te hubiese entregado todo, ¡Todo!
– Pero… pero…
– ¡Nada de peros! Menos mal mostraste tu verdadera cara a tiempo pendejo, ¡Menos mal! Porque hubieses sido un pésimo padre para mi hijo…
– ¿Cómo? Pero…
– De la que te salvaste, Jorgito – dijo mientras se acariciaba la barriga – él tampoco es el elegido, tendremos que seguir buscando… paciencia, sólo tendremos que seguir buscando…

Hoy con Andrea somos grandes amigos. Jorgito ya va a pasar a sexto básico y es un niño feliz. Cuando sea grande, lo llevaré a carretear y le enseñaré todo lo que sé sobre la vida, y entre piscola y piscola le confesaré que estuvimos a un paso de hacer un trío… mi primer trío, el cual me perdí por hueón… pero ya qué le vamos a hacer, nada saco con llorar sobre la leche derramada… literalmente.

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