12 Nov

Capítulo 142: Combo flaco Lucho

 

El flaco Lucho, dueño de la botillería-clandestino más rancia del barrio, se ha convertido en todo un emperador de los negocios truculentos. Y es que al pobre no le quedaba de otra: su señora, que no es más que una viejuja arribista e interesada, le quita cada peso para costear su lujosa vida de cirugías y clases particulares de zumba, ¡Porque claro! La dama, no conforme con respirar el mismo aire que las otras viejas guatonas que meneaban la raja a su lado, le exigió al flaco que le pagara un profe de zumba particular… y bueno, todos sabemos que lo único que baila ahí es la corneta del profe dentro de la concha enorme de esa señora, pero qué le vamos a hacer, si a don Lucho no le molesta, ¿Por qué nos tendría que molestar a nosotros? ¡Aunque el punto era otro! Me estoy desviando del tema principal: el flaco Lucho, nuestro emprendedor más trucho, está dando cátedra sobre cómo hacer crecer un clandestino, manteniendo contentos a sus parroquianos y ofreciendo las mejores promos a la hora de la jarana… tal como me lo hizo ver hace un par de noches, cuando acudí al clandesta gracias a un llamado desesperado de mi viejo, quien me telefoneó para que le llevara algo de comida, unas cuantas lucas y calzoncillos limpios.

– ¿Qué hueá querí ahora Come Quesillo? – Me preguntó el flaco apenas me abrió la puerta – ¿Te vení a tomar un copetito? ¿Una pilsen, un vinito? ¿Pipeño, pájaro verde? ¡Tómate algo hombre! Así aprovechái de hacerle compañía a tu taita po, ¡Lleva dos días encerrado aquí el hueón! Si a veces pienso que se va a morir tomando… ¿O mejor preferí’ remojar el cochayuyo con alguna de mis bataclanas? ¿Qué decí? Tu viejo ya se ha mandado a pecho a cuatro, ¡Un potro mi compadre! Aunque no sé, a veces pienso que se va a morir afilando… ¡Pero bueno, de algo hay que morirse pue’! Se irá al patio de los callaos’ con la media sonrisa mi socio, curao como pico y con la diuca bien seca, ¿Qué mejor?
– Puta don Lucho – le respondí – me dejó tiritón con lo que dijo sobre la muerte y todo eso… ¡Deme una piscola!
– ¡Una piscola pal’ Come Quesillo entonces! Serían dos luquitas, precio pa’ los amigos.
– Vale…
– ¿La vai a querer con negra?
– Por supuesto…
– ¿3 hielos?
– Así es…
– Muy bien, muy bien… – Respondió simplemente, mientras sacaba un vaso de vidrio mal lavado y lo plantaba sobre la mesa.
– ¿Y bueno don Lucho? – Le dije, al ver que me miraba sin hacer nada – ¿Qué espera para…?
– ¿Desea agrandar su piscola por $300? – Me lanzó de pronto, como una propuesta inesperada que no supe cómo interpretar.
– ¿Ah? Perdón, ¿Cómo?
– Si acaso desea agrandar su piscola por $300 pues’.
– Pero… pero don Lucho, ¿Qué significa esta hueá? Si estamos en un clandestino po, no en un local de comida rápida, qué chucha…
– ¿Va a agrandar la hueá por $300, o no señor?
– Puta… ya, está bien, la agrando.
– ¡Sabia elección! ¿Y desea agregar un hielo extra por $500?
– ¿Qué? ¡No, no, gracias, estoy bien así!
– ¿Seguro Come Quesillo? Mira que tengo hielitos con sabores, algunos los hice con juguito de piña, otros tienen gustito a naranja… otros, a limón…
– ¡Ya, dele, échele uno con sabor a limón, pero deme la hueá luego, no ve que ando con el hocico caliente!
– ¡Perfecto! ¿Y desea agregar un pedazo de charqui por $1.000?
– ¡Puta, ya!
– O también puede ser un puñado de maní salado por $500, y por la módica suma de $1.990 te doy el maní más el charqui y cinco puchos sueltos de yapa, ¿Qué me dices?
– Don Lucho por la chucha, míreme, ¿Me ve? ¡Tengo la jeta seca! Estoy estresado, he tenido unos días de mierda y lo único que quiero es mandarme un copete al seco y listo, ¿Por qué no se deja de hueviar y me pasa la piscola luego, quiere?
– Está bien Come Quesillo, está bien, te comprendo…
– Gracias don Lucho, en serio le agradezco… y disculpe mi exabrupto, me sacó los choros del canasto y bueno… le juro que algo así no volverá a suceder…
– Eso espero Come Quesillo, tú sabes que yo te quiero y te respeto, aunque en el fondo te encuentre ahueonao y me ría de ti a tus espaldas, igual te quiero.
– Eh… está bien, supongo… – le dije mientras le estrechaba la mano, con voz conciliadora y esbozando una sonrisa – ¿Y bueno don Lucho? Ahora podría darme mi copetito pues.
– ¡Muy bien! Te preparo tu piscola enseguida, pero calma, antes necesito saber… ¿Con Coca normal, light, zero, o Fruna-Cola?
– Normal…
– ¿Desea cambiar su pisco de 35° por uno de 40° por sólo $700?
– Ya…
– ¿Y desea que decore su vaso con una rodaja de limón por $300?
– ¡Listo, me aburrí! ¿Sabe que más don Lucho? ¡Métase la piscola por la raja, después la caga y de ahí se la toma! ¿Estamos?
– Puta Come Quesillo, no tengo ese servicio en el menú, pero tú papá siempre hace esa hueá por cinco lucas, ¿Qué me decí? ¿Lo incluimos en la cuenta o no?

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