24 Nov

Capítulo 146: Claudita (parte 2)

Después de casi 20 años sin saber de ella, al fin me reencontré con la Claudita, mi viejo amor de infancia. La última vez que la vi, yo llevaba puesto un vestido floreado que mi vieja ocupaba para ir a la playa (gracias a que a la muy odiosa se le ocurrió esconder toda mi ropa, pensando que así no me escaparía de la casa) y unos tacones gigantes que combinaban perfectamente con mi particular atuendo. Ahora, después de que mucha agua pasara bajo el puente, nos tocó estar nuevamente frente a frente: ella, más hermosa que nunca, y yo, disfrazado con un vestido similar al que llevaba aquella tarde… y tacones, no me olvidé de los tacones.

– Me mata verte así Matías… es tan… no sé, tan exótico… tan pervertido… tan excitante…
– Ehhh… ¿En serio? Cuando me pediste que viniera vestido de esta forma pensé que me estabas hueveando… pero puta, por si las moscas, lo hice igual.
– No, no era hueveo, en serio me encanta como te ves… aunque, a decir verdad, pensé que vendrías con tu ropa normal y te cambiarías acá, no que llegarías vestido así desde tu casa…
– Pucha… los nervios me jugaron en contra… igual la gente me miró harto, me apuntaban y se reían, pero no importa, Santiago está lleno de gente rara… uno más, uno menos…
– ¡Basta! ¡No hables más! Estoy demasiado prendida, creo que tantos años esperando por este momento me están pasando la cuenta, ¡Estoy caliente Matías! Tengo un incendio en mi interior, y sólo tú puedes apagarlo.
– ¿Ah sí? – Pregunté coquetón – ¿Y qué puedo hacer para ayudarte? Pide lo que quieras Claudita, en serio, lo que tú quieras…
– ¡Báilame!
– Perdón, ¿Qué dijiste?
– ¡Quiero que me bailes Matías! ¡Báilame como si fueses una maraca! ¡Da vueltas, gira! Gira para que el vestido se te levante… eso, muy bien… Y ahora, métete la corneta entre medio de las piernas, hazte un candado chino, quiero que parezca que no tienes nada ahí
– ¿Cómo? – Pregunté doblándome la pirula dificultosamente hacia el noesni – ¿Así?
– Sí, así mismo, ¡Y esconde bien las bolas! Te juro que si veo un coco, soy capaz de cortártelo, ¡Jajajajaja! No, pero en serio… si veo uno, te lo corto…
– Claudita, todo esto es medio raro, ¿O no? ¿Por qué no hacemos algo convencional mejor? No sé po, tú abres las piernas, yo te la meto, después la saco y después la vuelvo a meter, y así repetidamente, ¿Qué te parece?
– ¿Algo convencional? ¿Tú me estás pidiendo algo convencional? Matías, la tarde en la que llegaste a verme vestido como una vieja me demostraste que tú puedes ser muchas cosas, ¿Pero convencional? No, de todo menos eso… Y el tiempo pasó Matías, los años avanzaron y yo, ya convertida en toda una mujer, no paraba de soñar contigo, me vivía tocando mientras te imaginaba tal como estás ahora, tan femenino, tan amanerado, enseñándome esas piernecitas delicadas que dios te dio…
– Ya, está bien, te la cedo, pero… ¿No vamos a afilar entonces?
– ¡Obvio que sí po! Será por eso que hoy estamos aquí, ¿O no?
– Entonces… ¡Démosle ahora mismo! Me voy a poner el condón al toque, esto ya está tardando mucho.
– ¿Qué dijiste? ¿Que te vas a poner un condón? Jajaja, tontito, no seas absurdo, si las señoras como tú no usan condones po… o no adelante, al menos…
– ¿Yo? ¿Una señora? Oye, no po, nada que ver…
– ¡Ey, no sigas! Recuerda que esta es mi fantasía, no te atrevas a romperla…
– Bueno, bueno, perdón…
– Y bien señora – continuó la Claudita, intentando emular la voz de un hombre – recuéstese por aquí, boquita abajo, eeeso… ahora mire lo que tengo… mire lo que tengo para usted.

Temiendo lo peor observé de reojo a la Claudita, quien, tal como se me pasó por la mente en mi peor pronóstico, se había chantado un cinturón de cuero apretadito a su cadera, del cual colgaba una gigantesca diuca de plástico justo a la altura de su entrepierna. La película estaba más que clara: la fantasía de la Claudita era intercambiar nuestros roles por una noche, convirtiéndose ella un bruto macho dominante y yo, claramente, en su mujer sumisa.

– ¡No! – Grité en un solo golpe de aire – ¡No, no, no, no, no, no, no!
– ¿Qué pasa Matías? ¿Acaso no quieres hacer el amor conmigo?
– ¡Claro que quiero po Claudita, eso es más que obvio! Pero no de esta forma, ¡No así!
– Pero lindo, quédate tranquilo y respira profundo… Yo no te puedo obligar a nada, pero sí te daré un consejo, y grábatelo bien en la cabeza, ¿Está bien? Mira: cuando estás en un momento de tu vida en lo cual ya nada te sorprenda… pasar chico es la opción, no hay otra, hazme caso…
– Sí, la misma hueá dice mi viejo siempre, ¡Pero no! Y quizás me arrepienta de esto en el futuro, pero lo mejor es que me vaya… Fue un gusto Claudita, espero que algún día volvamos a encontrarnos, pero en una situación donde no pongas en duda mi hombría, en serio, porque yo sí que tengo bien claritas mis cosas… ¿Me alcanzas mi cartera y mis tacones por favor?
– ¿Te vai hueón? ¿Me vai a dejar así? ¿Toda caliente, y con mi pico de plástico parao’?
– Sí… supongo que sí…
– Erí entero de maricón Matías, pensé que erai más hombrecito para tus cosas, pero al parecer me equivoqué… ¡Y no me busques después hueoncito! Y olvida que tu ano casi fue mío… casi casi fue mío…

Creo que no volveré a llamar a la Claudita, o por lo menos no por ahora… comprendo que haya querido abrir su mente junto a mí, ¿Pero a costa de abrirme el chico a cambio? No lo sé… tendré el vestido a mano por si las moscas, pero no lo sé… la dura que no lo sé…

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