27 Nov

Capítulo 149: Solidaridad con las blogueras emergentes

– ¡Hola Mati!
– Hola, qué tal.
– ¡Oh, qué rico que hayas respondido! Fíjate que me encanta tu blog, lo sigo desde hace un par de días, y no resistí las ganas de escribirte para felicitarte.
– ¡Ay gracias, qué linda!
– Sí, en serio… aunque pucha, eso no era todo lo que quería decirte…
– ¿Ya?
– Pasa que hoy estaba pensando en cómo tus historias me han motivado, sobre todo teniendo en cuenta que a mí también me han pasado muchas cosas, y a que no adivinas…
– Ehhh… ¿Te harás un blog?
– ¡Sí, me haré un blog! ¡Qué emoción!
– Buena onda…
– ¡Pero no te asustes, tranquilo, no te pediré que lo compartas ni que lo difundas ni nada de eso!
– ¿La dura?
– Sólo quería proponerte que nos juntemos, nos tomemos unos copetes en algún lugar rancio, de esos que te gustan a ti, luego follemos y que, al otro día, cada uno cuente su versión de la historia en su fanpage, ¿Qué te parece?
– A ver, a ver, déjame revisar… para eso tengo disponible el… el domingo… porque mañana me junto con una bloguera de Antofagasta que viene de propio a intercambiar fluidos, y la próxima semana la tengo copada con blogueras santiaguinas… y el tercer viernes de diciembre lo tengo libre también. Eso po, a menos que alguna de las blogueras que me ofreció cachimba a cambio de un relato en conjunto me cancele, esos serían mis días disponibles…
– ¡Ya, genial! ¡Pero no me vayas a fallar Matías! Tengo dos amigas blogueras que me contaron que te ofrecieron lo mismo, que se juntaron, fueron a un bar, hiciste como que perdías tu billetera, tuvieron que pagar ellas la cuenta, y que después fueron a un motel, donde inventaste que pagarías con tarjeta, que afilaron, que te arrancaste en la mañana sin siquiera despedirte, que ellas tuvieron que cancelar todos los gastos y que, al final, ni siquiera escribiste la historia.
– ¿Sí? ¿Quiénes eran?
– Una tiene un blog donde cuenta sus curaderas, y la otra escribe de los mismos temas que escribes tú, pero en onda femenina.
– Ah, sí… Pero no, no te preocupes, a ti no te haría eso.
– Lo mismo me dijeron ellas que les habías dicho, y al final… no pasó na’ po, ahí están las pobres esperando el capítulo, con una cagá de seguidores y nadie que las lea…
– Pero tranquila, contigo será distinto…
– Lo mismo les dijiste a ellas, según me contaron…
– ¡Ya! No nos quedemos en el pasado y planifiquemos el encuentro: ¿El domingo a las 8 entonces, en algún motel de Cumming? ¿Te tinca?
– ¡Ya, me parece perfecto! Qué emoción, comenzaré a escribir la introducción ahora mismo, ¿Tú también lo harás?
– ¿Qué cosa?
– Comenzar a escribir nuestra historia po Matías.
– Ah, sí, sí, obvio… obvio que sí…
– ¡La raja! Nos vemos el domingo entonces, ¿Está bien?
– Sí, claro… ¡Ah! ¡Y oye!
– Sí Mati, dime.
– Sé puntual por fa.
– Sí, obvio que sí.
– Y oye.
– Dime.
– Lleva plata… no olvides llevar plata…

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