11 Dic

Capítulo 153: La Oye es tan misteriosa…

La Oye es tan misteriosa, que ni siquiera ella tiene certeza de dónde o cuándo nació. Según cuenta, su madre la trajo al mundo durante una ceremonia hippie pachamámica en algún lugar del sur de Chile, en medio de una de las tantas crisis de identidad que la señora experimentó durante su juventud. Luego de sentar cabeza, ya varios años después, la vieja esperó a dar a luz a su segunda hija para, tramposamente, pasar a las dos como recién nacidas. Así, la Oye se convirtió de pronto en la melliza de su hermana menor, y como no tiene idea del día en el que se celebra su cumpleaños real, vive en un estado de fiesta constante… total, y tal como ella dice, “quizás nací en un día como hoy, o quizás fue un día como ayer… o, tal vez, como mañana… Así que, por si las moscas, celebro todos los días por igual… algún día tendré que achuntarle pos”.

La Oye es tan misteriosa que, incluso, se dedicó a hacer espiritismo en el living de su casa durante gran parte de su infancia. Y es que claro, si uno la observa detenidamente y analiza su mirada maléfica, su piel blanquecina, su cabello negro y su estética oscura, descubrirá que todo eso calza a la perfección con el semblante de cualquier niñita protagonista de una película de terror, y si bien dejó su labor como espiritista hace ya un buen tiempo, me contó que su casa quedó cargadísima con presencias de otra dimensión, y no tan solo eso, hace un par de noches me llamó al borde del llanto para pedirme que me fuera a quedar con ella de inmediato, y todo ese escándalo porque el espíritu de una joven sin rostro la fue a visitar a su cuarto y le tiró las patas mientras dormía.

– Ya po Mati, no te pongái hueón, ¿Vas a venir? – Me consultó con voz agitada, entrecortada y jadeante.
– Pero Oye… ¿Me estái hueviando? ¿En serio tení un fantasma en la casa?
– Ehhh… sí, claro, obvio que sí…
– ¡Chucha! ¿Y qué puedo hacer para ayudarte?
– ¡Ven luego hueón oh! Dejaré la ventana de mi pieza abierta, así que métete no más y te acuestas a mi lado, ¿Está bien?
– Bueno amiga, está bien, iré corriendo.
– ¡Ah! Y Matías…
– Sí Oye, dime.
– Antes de acostarte, quítate la ropa… no quiero sudar tanto… o al menos, no por ese motivo…

Tenía miedo mi amiga Oye, estaba aterrada la pobrecita, se le notaba en la suavidad de su voz, en lo candente de sus palabras, en el énfasis que ponía cuando gritaba “¡Ven! ¡Apúrate Mati hueón! Es ahora o nunca, ¡Corre, o llamaré a otro que me venga a proteger!”, Y como buen amigo que soy, no dudé en ir hasta su ventana y saltarla sigilosamente, con sincero terror a que ese fantasma reculiao se me apareciera de pronto y me diera el susto de mi vida… Aunque la verdad es que en el camino no sentí nada fuera de lo común, quizás por la adrenalina del momento, qué sé yo, pero al verme dentro de la pieza de la Oye, con todas las luces apagadas y sólo un par de velas al lado de su cama, que con cuea’ iluminaban los pétalos de rosa que decoraban sus sábanas, me comenzaron a tiritar las piernas como nunca y me vino un ataque de escalofríos que no me permitió estar otro segundo ahí dentro. Como pude intenté escapar por ventana, lanzando gritos al aire y pataleando producto de la desesperación, pero mis esfuerzos se vieron truncados cuando una mano fría se posó sobre hombro izquierdo, como si hubiese querido retener mi alma en aquel lugar para quizás qué cosa. “¡Conchemimadre, no! ¡Por favor, no me haga nada!”, Clamé mientras me volteaba a presenciar frente a frente el rostro de la muerte, aunque la verdad es que sólo fui capaz de distinguir una delgada silueta desnuda, cuya cara estaba totalmente cubierta por una cabellera oscura y desordenada, “¡Ay mamita, mamita ayúdame!”, grité por último, justo antes de envalentonarme para lanzarle un fuerte puñetazo en todo el centro del rostro a aquella entidad demoníaca, la cual quedó tumbada en el suelo quejándose y arrastrándose, mientras yo aprovechaba de salir huyendo del lugar para siempre.

Y es que simplemente yo no soy capaz de lidiar con lo paranormal, no tengo la valentía de mi amiga Oye, quien convive a diario con seres de otro mundo e, incluso, ni siquiera le fue necesario llamarme después de mi escapé, pese a que la dejé sola a su suerte… Aunque bueno, no sé nada de ella desde aquella noche, pero puta, me imagino que está bien… porque así es la Oye, pase lo que pase, ella siempre siempre está bien…

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