14 Dic

Capítulo 154: La chica del desayuno

– ¿Qué te pasa Mati hueón? Tai verde… tení el pelaje opaco… tai feo… parecís perro envenenao’…
– Na’ viejo, no es nada… no importa.
– ¡Habla conmigo hijo, desahógate! ¿Acaso te he dado yo un mal consejo alguna vez? A ver, ¿Qué te pasó? ¿Estái con problemas de sensualidad de nuevo?
– Puta, no, no va por ahí… es que… ¿Te acordái de la Oye? ¿Mi amiga Oye?
– Ah, sí po, la flaquita buena pal ñafle, ¿Qué pasa con ella?
– ¡Ése es el problema viejo! No sé qué pasa con ella… últimamente anda como rara, me trata de forma extraña, me llama de madrugada para contarme cómo está vestida, a veces por error me envía fotos de ella duchándose, y puta, no sé qué onda po… Yo cacho que le está haciendo a la pasta…
– ¡No me hueí! ¿La dura? ¿Y cómo sabí eso hueón?
– No si yo lo supongo no más po. Fíjate que ayer en la noche, luego de estar días sin hablarme, me escribió de la nada para pedirme que la fuera a visitar.
– ¿A su casa?
– Sí po, a su casa. Me dijo que estaba sola y que quería ver una película.
– Ehhh… Ya…
– ¿Qué onda viejo? ¿Dije algo?
– No, nada, sigue no más, a ver, continúa…
– Me dijo que me apurara, o si no se iba a quedar dormida sola, y antes de despedirse me escribió “Mati, ¿Te puedo hacer dos encargos?”, “Sí po, obvio”, le respondí, “ya, primero… rájate con una caja grande de condones por fa…”, y puta, igual raro po, si ella quiere condones pa afilar tiene que pedirle a sus lachos que se los lleven, o comprarlos ella por último, ¿Por qué me los encarga a mí? Y eso fue precisamente lo que le dije, “Oye, ¿Y con quién los vai a ocupar? Pa’ después cobrárselos digo yo…”, ahí sólo atinó a reírse y ni siquiera respondió lo que le pregunté, ¿Viste que parece drogada? ¿Qué decí tú?
– Puta el ahueonao pa’ grande…
– ¿Qué pasa? ¿Qué hice?
– No, nada, termina tu historia, termínala por favor…
– Ya na’ po, después de que paró re reírse le pregunté por el otro encargo, y ahí sí que se puso rara la cosa, porque primero me dijo “trae un copete, pa’ que nos curemos”…
– Ya…
– Y le pregunté “¿Sólo copete? ¿No llevo nada para picar?”, “No es necesario”, me respondió, “aunque igual sería buena idea que trajerai’ unas marraquetas pa’ que tomemos desayuno”, ¡Y ahí me dio como la rabia po! Pensé que estaba jugando conmigo y le dije “oye Oye, ¿Qué hueá? Si son las nueve de la noche, a esta hora se toma once-comida, a lo más, ¡Pero no desayuno po! ¡Esa hueá se prepara en la mañana! ¡Puta que andái perdida! ¿Qué onda? ¿Estái drogá’?”, Y ahí no me respondió más, “ah no, esta hueona anda en volá’ de pasta”, pensé, así que me acosté no más, ¿Qué otra cosa podría hacer?
– Qué curioso que lo preguntes, Mati hueón, porque yo sé precisamente lo que podrías hacer.
– ¿Sí? ¡Qué bacán! Dime no más viejo, soy todo oídos.
– Lo que tení que hacer es levantarte muy tempranito el lunes, tomar tu carnet, sacar un poco de plata, ir al registro civil… ¡Y cambiarte el apellido chuchetumare! ¡Porque voh no soy hijo mío! ¡Voh no soy hijo mío!

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