21 Dic

Capítulo 156: La eterna ranciedad de una mente sin recuerdos

– ¡Mati, hijo, ayúdame hueón! Estoy débil, mírame, siendo una perturbación en mi sensualidad que ni siquiera me deja respirar.
– ¿Qué onda viejo? ¿Problemas del corazón?
– Puta, sí, tengo el medio drama, ¡Y quiero puro curarme hueón, quiero puro borrarme!
– Eso no es nuevo…
– ¡Cállate! No seái insensible y aprende a escuchar: fíjate que con la chica Estela no llevamos ni dos meses de pololeo, y ya tuvimos nuestra primera crisis… ¡Y por eso quise acudir a voh po! A voh, que nunca hay tenido una relación estable, que te va como el pico en el amor y que las minas no te toman en serio… Por lo mismo necesito que me digái qué haríai tú en mi caso, así yo voy donde la chica Estela, la miro a los ojos y hago todo lo contrario, ¿Me cachái?
– Erí hiriente viejo hueón…
– A ver, ¿Cómo es la tontera? Te quejái de que nunca soy sincero contigo, y ahora, que intento ser buen padre hablándote con la verdad, ¿Vai y te poní a llorar?, ¡Linda la hueá!
– ¡Ya, habla luego oh! ¿Qué te pasó con la chica Estela?
– ¡Lo peor hueón, lo peor! Ayer en la noche, luego de estar un par de días sin vernos, nos juntamos a echar a pelear los meones en mi casa…
– ¡Muchos detalles!
– Y, al acabar, yo me fui a enjuagar mis presas, como siempre, y la Estelita, tan ahorradora ella, se empezó a lavar el sapolio con el agüita de la taza no más, mientras aprovechaba de echar la corta al mismo tiempo… ¡Oye que son prácticas las mujeres Mati hueón! Esa capacidad que tienen de hacer dos cosas a la vez ah, qué increíble, qué asombroso…
– ¡Ya hombre, no te desvíes del tema y anda al grano por favor!
– ¡Y ahí vino lo terrible Matías! Ahí quedó la cagá más grande, porque la Estelita, toda romántica ahí sentadita, echándose jaboncito con un poquito de cloro pal’ buqué a mariscos, me dice: “Oye Potro”, porque así me puso, Potro, “extrañaba tanto sentir tu arrollado de venas dentro mío, ni te imaginái”, “¡No me piropee tanto pue Estelita!”, Le respondí todo cocoroco, “si a mí también se me hicieron eternos estos días sin entrar en su nidito del amor”, “no po Potro, si no me refiero a estos días”, me lanzó ofendida, “me refiero a todos los años que pasamos sin afilar… ¿Quién hubiese dicho que nos íbamos a encontrar de nuevo ah? Tanta agua que ha pasado bajo el puente, y tú seguí siendo el mismo macho insaciable que conocí en aquel antro de mala muerte… qué increíble ah”.
– ¿Y eso viejo? ¿Qué se supone que significa eso?
– ¿Cómo que “qué significa eso”? ¿No es obvio? Matías, afilé con la Estelita hace un montón de años… ¡Y no me acuerdo hueón, no me acuerdo ni siquiera de haberla conocido! ¿Te fijái?
– Chucha, ¿Y se enojó mucho?
– ¡Claro que se enojó po, claro que se enojó! Yo le expliqué que no era culpa mía, que es tan corto el amor y tan fugaz el olvido, que esto no era más que la eterna ranciedad de una mente sin recuerdos y todo eso, pero ella no escuchó razones, se puso de pie de golpe, se secó la chascona, salió corriendo al patio a poto pelao’, y saltó pa pandereta pa’ irse a su casa a llorar desnuda.
– Qué triste viejo, en serio lo siento mucho… ni siquiera sé cómo ayudarte…
– Lo sé Matías, lo sé… si me pasa por pinga loca no más… por lo mismo deberías estar agradecido, debe ser una bendición para ti no haber heredado toda esta sensualidad que me caracteriza.
– Y puta, ¿Qué pensái hacer?
– Lo obvio po, ¿Qué más voy a hacer? Recorreré cada sucucho, clandestino, bar y puterío en los cuales me he curado raja en los últimos 15 años; volveré tras mis pasos y haré todo lo que hice cada vez que los visité, sólo así lograré iluminarme y descubriré al fin de dónde chucha conozco a la chica Estela.
– Viejo…
– ¿Sí Mati?
– Déjame decirte que lo que harás no es más que una vil excusa para chupar sin que nadie te diga nada.
– Lo sé Mati, lo sé… ¡Pero voh quédate piola no más po chuchetumare! O si no la patá’ en a raja no te la saca nadie, ¿Estamos?

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