01 Ene

Capítulo 159: Cómo conocí a la chica Estela

La primera vez que escuché a mi viejo hablando de la chica Estela, fue cuando el pobre me llamó de madrugada y, empleando una dicción inentendible, me contó que un pelito naciente del pezón de su vecina, quien a esa hora ya se encontraba raja durmiendo, se le había quedado atorado entre los dientes mientras le chupaba una teta.

– ¿Y no la habías visto nunca antes viejo? – Le pregunté tiempo después – ¿Seguro? Digo, sus casas están prácticamente pegadas, ¿Y me vas a decir nunca se te ocurrió, por lo menos, ir a pedirle una tacita de azúcar?
– ¡Jamás po’ Mati hueón! ¿Qué creí voh? ¿Que yo ando bolseándole a mis vecinos? ¡Na que ver po, nunca tan rata!
– Pero si tú mismo me contaste que estabas arriba de la pandereta robándole unas paltas de su jardín cuando te descubrió y te invitó a pasar.
– Sí, sí sé, pero ella no tiene idea de eso po Matías, ya te conté que cuando me vio ahí encaramado, en puros calzoncillos y medio curao’, pensó que yo era un viejo caliente cualquiera no más, y que la estaba espiando o algo así, y puta… ¡Le encantó esa hueá po! Después de eso, verme arriba de su muro se convirtió en su sueño erótico, la fantasía de una cachimba que te llega de sorpresa por donde menos te lo esperas, y es tanto lo que eso la prende que, incluso, hasta el día de hoy me pide que se lo repita, ¡Y ahí parto yo, sin decir ni pio! Escalo a poto pelao’ el muro que nos separa, ella me pega un par de escobazos para bajarme y después, sin importar dónde ni cómo caiga, nos ponemos a afilar al aire libre, al medio del montón de rosas, ortigas y cactus que decoran su patio.
– Pero viejo, eso suena doloroso…
– Es que voh no cachái na’ de sadomasoquismo po Mati hueón, voh no cachái na’ de na’.

Y así, todo fue color de rosas en la vida de estos tortolitos, podían pasar días encerrados alimentándose sólo de fluidos corporales y del charqui roñoso que el flaco Lucho les regalaba para que no se murieran de hambre, pero todo eso llegó a su fin súbitamente cuando la chica Estela, sin ninguna mala intención, sacó a la luz algo que mi viejo no se veía venir: ellos ya habían afilado antes, así tal cual, su primera vez no fue aquella noche memorable de la cual mi viejo tanto me habló, no señor, su primera vez se dio en un contexto totalmente distinto, potenciado por la borrachera y quizás cuántas cosas más, y por lo mismo mi viejo no se acuerda de nada, pero la chica Estela… ¡Uf! La chica Estela, como buena mujer, sí que se acuerda… En fin, la chica no pudo perdonar que mi viejo jurara de guata que su relación comenzó recién hace un par de semanas cuando, para ella, pese a que nunca formalizaron, comenzó hace ya varios meses, así que lo mandó a la cresta y llorando desnuda saltó ese muro que tantas veces los unió, pero que hoy los separaba definitivamente. Mi viejo, desesperado, llegó a la obvia conclusión de que, para recuperar el amor de su Estelita, debía hacer memoria y recordar de dónde la había conocido, así de sencillo, aunque después de todas las hueás que se ha metido en el cuerpo… la misión podría resultar más difícil de lo esperado.

– ¡Ya po, hace memoria! ¿Cuándo viste a la chica Estela por primera vez? ¡Piensa viejo, piensa!
– ¡No sé po Mati hueón! Según yo, la noche en la que quedé con un pelito de su teta izquierda incrustado al medio de mis paletas, pero, según ella, yo ya le había chantado mi presa mucho antes… a duras penas, pero se la chanté, y ése es el problema…
– A ver, para, ¿Cómo es eso de “a duras penas”?
– No sé, no lo entendí bien, pero la Estelita, antes de desaparecer por última vez tras la pandereta, me gritó: “¡Más lo que te costó metérmelo esa noche, y ni te acordái chuchetumadre!”, Así que asumo que el depósito me salió difícil… quién sabe, a lo mejor ella era virgen…
– Ehhh… ¿Virgen? No viejo, no creo.
– ¿Y entonces Mati hueón? ¿Por qué más iba a ser? Ni que hubiese tenido la corneta fracturada po.
– Pe… ¡Pero viejo! ¿No te acordái acaso que a principio de año te hiciste mierda la diuca, y que el doctor te prohibió usarla por meses?
– ¿Quién? ¿A mí?
– Papá, recuérdalo: conociste a una vieja caliente que te llevó para su casa, te pidió que le hicieras un baile erótico, pescó su celular, le dio play a “Saca, prende y sorprende” y tú, que pensái que el secreto de un baile sensual está en seguir la coreografía, pescaste un par de velas, te sacaste la diuca, te la prendiste… y después puta que te sorprendiste, ¿O qué? ¿No te acordái acaso? ¡Incluso me obligaste todos los días a echarte cremitas a lo largo de esa hueá que parecía una longaniza recocida, hueón mal agradecido! ¿Sabes que hasta hoy tengo pesadillas con eso? ¿Lo sabes?
– Sí, puede ser, puede ser… me suena a algo que podría haber hecho yo…
– ¡Entonces está claro po! Porfiado como voh solo, te fuiste a encamar con la chica Estela con la coronta llena de quemaduras. Fin de la historia.
– Imposible po Mati hueón, estái hablando hueás, si durante mi recuperación me porté muy re bien, con cuea’ me tomaba 7, 8, 15 piscolas, y me la pasaba todo el día en Facebook po…
– A lo mejor ahí la conociste entonces, en Facebook, ¿No me comentaste una vez que la junta de vecinos habían creado un grupo para tratar temas importantes de la comunidad y cosas así, y que me llamaste para preguntarme cómo chucha salirte de esa hueá tan mamona? ¡Ahí tienes que haberla visto po! La agregaste, te la joteaste y después hiciste lo tuyo, ¡Listo, misterio resuelto!
– ¡No, si en esa época yo no sabía na de sensualidad de Facebook! En las redes sociales era tan hueón como lo erí voh en la vida real, me metía a los perfiles de las viejas de la cuadra y les escribía pidiéndole servius en pelota sin ningún filtro, care’raja.
– Viejo, se dice “selfies”, aún no cachái nada…
– Después aprendí todo sobre la tecnología, que no hay que ser tan desubicao’, que hay que tener ojo con la privacidad, que esas cosas se piden por indoor…
– Por inbox viejo, se dice inbox.
– Y como te iba diciendo, a ese grupo de Facebook que hizo la junta de vecinos me metía a puro conquistar, subía fotos mostrando el hoyo y masajeándome la nutria, pero nada dio resultado.
– A ver viejo, préstame tu celular, déjame ver ese grupo, creo que ya sé lo que pasó…
– ¿La dura? ¡Toma Mati hueón, saca a la luz la verdad, a ver si el año de Perito Criminalístico que te pagué valió la pena!
– Vamos a ver, vamos a ver… ¡En realidad publicabai puras hueás po viejo!
– Si, si sé… pero no me arrepiento de nada…
– Mira po, en septiembre subiste un tutorial sobre cómo hacerse trenzas con los pelos de los cocos, en agosto escribiste que unos maleantes me habían secuestrado, y diste tu cuenta para que te depositaran y ayudaran a pagar el rescate, y antes de eso… ¡Aquí! ¡Aquí está lo que quería encontrar!
– ¡Qué es Mati hueón! ¡Cuenta mierda, cuenta!
– Mira la hueá que posteaste… lee…
– A ver… “Me Gusta, y paso por tu muro”, ¿Qué tiene? Siempre escribía eso po.
– Pero cacha, tiene un solo me gusta… ¿Y de quién?
– De… ¡Mierda! ¡De la chica Estela!
– Problema resuelto: la chica te puso Me Gusta y voh, el muy hueón, te tomaste la hueá literal.
– ¡Debí haber estado muy curao’ Mati hueón, pero igual me salió cacha! ¡Aprende! ¡Hueón y todo, igual me salió cacha!

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