02 Ene

Capítulo 160: La Oye y la Yamilet

– ¿Qué vai a hacer hoy día culiao? – Me escribió la Oye un par de horas después de las 12, los abrazos, los fuegos artificiales y todas esas cosas que vienen con el año nuevo.
– No sé, en una de esas me acuesto, estoy tomando desde las 5 de la tarde.
– Y desde hace 4 semanas, ¿Qué tiene?
– Puta, no sé… aunque no, creo que no saldré…
– Qué lástima, quedé en juntarme con una compañera de universidad que es súper maraca, le gusta la corneta más que contar plata, y se llama Yamilet, así que imagínate…
– Bien, ¿Dónde nos juntamos entonces?
– Vamos a una disco del centro, así después nos podemos quedar en tu departamento… andamos con ganas de bailar.
– Ya, bacán, ¿Invito a un amigo entonces?
– No, vamos los tres no más… sólo los tres… con eso es más que suficiente….

Nunca me han gustado las discos, intento hacerles el quite en la medida de lo posible, pero la propuesta de mi amiga me pareció interesante y bueno… nunca se debe desperdiciar una oportunidad de remojar el cochayuyo gratis… y bueno, tal como la Oye me lo había prometido, la Yamilet resultó ser un poco más fogosa de lo normal: me plantó un calugazo como agradecimiento por haberle invitado una piscola y me masajeó la corneta por debajo de la mesa mientras los tres conversábamos de cualquier hueá.

– Ya po, ¿Y vamos a bailar o no? – Consultó la Oye, ya aburrida de tanto chupar.
– ¡Sí po! – Respondió la Yamilet poniéndose de pie – Pero yo quiero bailar con el Mati primero, así lo dejo prendido y después podemos continuar con nuestro plan.
– ¿De qué hablan? – Consulté jocosamente – ¿Cuál plan? ¿Qué pretenden ustedes dos?
– Ya verás – respondió la Oye sonriendo – sé paciente, y ya verás.

La Oye, tan misteriosa como siempre, tan oscura, tan extraña… pero me cae bien, pese a que rara vez logro interpretar lo que dice, aún así me cae bien. Lástima que no pudimos seguir conversando, porque la Yamilet, más prendida que nunca, me tomó de la mano y me llevó al medio de la pista a hacer el ridículo. Bailé lo mejor que pude, hice mis mejores pasos de cumbia mientras sonaba música electrónica que no entiendo, y la Yamilet me movía el poto como si se le fuese la vida en ello. Al poco rato, y motivados por lo cálido del ambiente, comenzamos a besarnos y a corrernos mano como si fuésemos dos degenerados a los que no les importaba nada, la lengua de la Yamilet se movía mejor de lo que yo lo hacía en la pista, y sus labios lograron que la diuca se me pusiera como fierro de un segundo a otro. Y en eso estábamos cuando de pronto, y sin siquiera haberla visto venir, apareció la Oye al lado nuestro, tomó suavemente el mentón de la Yamilet y, sin más, comenzó a besarla mientras ésta aún me tenía abrazado.

– O… Oye, Oye, ¿Qué onda? ¿Qué está pasando? – Le pregunté dando un paso hacia atrás, y viendo como ambas chicas continuaban devorándose frente a mis ojos. Aunque no voy a negarlo, el cuadro era perfecto, la luces de la disco decorando las blanquecinas pieles de mis acompañantes se convirtió en un espectáculo sublime, sólo mejorado por la música que no dejaba de retumbar bajo nuestros pies.
– ¿Qué pasa Matías? – Consultó la Oye, aferrándose a la cintura de su amiga – ¿No te gusta lo que ves? – Dijo antes de comenzar a besarla nuevamente, pero esta vez de forma mucho más impetuosa.
– No… no se trata de eso… es que… no sé qué decir… no entiendo lo que está pasando.
– Mati, lindo, ¿Es necesario explicarlo? – Me dijo la Yamilet tomando mi mano – La idea está más que clara, ¿O te lo tenemos que explicar con manzanitas?
– Sí po Mati – Agregó la Oye – míranos, estamos los tres en la pista, extasiados, borrachos, hemos compartido los labios de mi amiga, y ahora… ahora ya es tiempo de irse… ¿Entiendes la indirecta o no? ¿Comprendes lo que quiero decir?
– Sí – respondí simplemente – claro que lo entiendo… lo entiendo perfectamente.

Y terminando de decir eso, di la media vuelta y me fui para mi departamento, dejando sola a la Oye con su nueva pareja (o, al menos, eso creo que es) y no interponiéndome más en la felicidad de ambas.

Comentarios

Comentarios