06 Ene

Capítulo 162: La reconciliación entre mi viejo y la chica Estela

Luego de una pelea que casi marca el término de su relación, mi taita al fin le pidió perdón a la chica Estela por no recordar cuando habían afilado por primera vez. Después de todo, el misterio no resultó ser tan complejo como esperábamos: a principios de año, mi viejo se comportó como el típico hueón caliente que sólo usa las redes sociales para ver si algo picaba, escribió “Me Gusta, y paso por tu muro” en un grupo de Facebook creado por la junta de vecinos a la cual pertenece, la chica Estela, otra vieja caliente más, le dio el anhelado Me Gusta y mi viejo, que vive justo en la casa de al lado, cumplió con su promesa de pasar por su muro, cayó de hocico en su patio borracho a más no poder y ahí mismito, entre las ortigas, las rosas y los cactus, le dieron rienda suelta a sus más rancias pasiones.

Ahora, luego de que esta polémica penca acabó al fin, sólo he visto a mi viejo echado en su sillón, con cara de culo y tomando piscolas sin hielo como si se quisiera morir.

– ¿Viejo? ¿Otro día más con la misma ropa? ¿Te has levantado para ir al baño siquiera?
– Déjame tranquilo Mati hueón… no tengo ganas de hablar… la vida vale pichula…
– Puta papá, sabí que no he querido preguntarte qué onda, pero ya me preocupa verte así, ¿Qué pasó al final con la chica Estela? ¿No te perdonó, y por eso quedaste tan echo pico? ¿Es eso?
– ¡Nada que ver Mati hueón! Obvio que la chica me perdonó – respondió impetuoso mientras miraba la pantalla de su celular – ¿Y cómo no me iba a perdonar? Si yo soy irresistible, ¡Sólo mírame! ¡Mírame po!
– Papá, esa mancha que tení en la mano es… ¿Es de mierda seca?
– ¡Da lo mismo! El punto es que la chica Estela me abrió las puertas de su casa de inmediato cuando fui a disculparme y, luego de un par de garrafas, me abrió sus piernas también sin dudarlo – me aclaró lamiéndose los labios y revisando su celular nuevamente.
– ¿Y entonces? ¿Por qué estái acá, tirado dando lástima y revisando tu celular cada dos segundos, y no allá, celebrando tu reconciliación con el supuesto de amor de tu vida?
– ¿Querí saber porqué Mati hueón? ¿En serio querí saber?
– Puta, en realidad no… ¿Me puedo arrepentir de haber preguntado?
– ¡No! Ya metiste el dedo en la llaga, así que ahora siéntate a mi lado, tómate un copete amargo y acompáñame en mi sufrir
– Puta la hueá…
– Todo fue culpa del trago Mati hueón… por primera vez en mi vida, el trago me hace una mala jugada.
– ¿Qué onda? ¿Se curaron mucho en la reconciliación?
– ¡Más que las rechuchas! La chica Estela no se podía ni el culo, y yo… puta, yo me tuve que agarrar la diuca a chirlitos pa’ que me funcionara, ¡A ese nivel!
– Ah, no me digái na: te apuesto que se pusieron a afilar borrachos y la vomitaste… mi mamá me contó que varias veces les pasó esa hueá.
– ¡No, nada que ver! A la chica la he vomitado mil veces… si con eso más se calienta…
– ¿Y entonces?
– Na’ hueón… – respondió revisando su teléfono resignado – Llegué a su casa, toqué la puerta, le pedí perdón…
– Ya…
– Fuimos a su pieza, destapamos las garrafas, nos pusimos a chupar…
– Ya…
– Nos sacamos la ropa apenas, la chica se abrió de patas, yo me agarré la herramienta, tomé un poco de vuelo, me tiré encima de ella dejándosela caer de un solo golpe, entera y sin preámbulos y ¡Paf! La Estelita, de tan curá que estaba… ¡Se le olvidó sacarse el tampón conchetumare!
– Chuuu…
– Y se lo mandé tan, pero tan pa’ entro, que aquí estoy hace días como hueón esperando a que me llame para decirme que lo botó, y que al fin podemos juntarnos a afilar de nuevo.
– Puta… al menos estái preocupao’…
– Obvio, si así es el amor po, ¿O no?

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