19 Feb

Capítulo 173: Retornando de Perú

– Es extraño viejo, Perú está tan cerca… y a la vez tan lejos… ¿Sabes qué es lo más curioso de eso?
– ¿Qué?
– Las pequeñas diferencias. Ellos tienen las mismas mierdas que tenemos en Chile, pero… hay algunas pequeñas diferencias.
– ¿Por ejemplo?
– A ver… En el centro de algunos pueblos puedes encontrar todo tipo de negocios, no sólo ferias artesanales, y es más, en muchas ciudades hay McDonald’s…
– ¿McDonald’s? ¿En Perú?
– Sí, ¿Y sabes cómo se llama el cuarto de libra con queso en los McDonald’s peruanos?
– Cuarto de libra con queso po Mati hueón, obvio, ¿Cómo más se iba a llamar?
– No… lo llaman “cuarto de cuy con queso”.
– ¿Cuarto de cuy con queso? ¿De cuy? ¿Así como la mascota que tenías? ¿Ese ratón feo al que le pusiste Lechuguita?
– Sí, así es, como Lechuguita.
– ¿Y cómo le dicen a la Big Mac?
– Big Alpaca.
– Ah… ¿Y se hace con carne de…?
– Alpaca.
– Lo suponía… lo suponía… ¿Y venden papas fritas?
– Sí, pero no son papas, son pequeños pescaditos fritos que te debes comer con cabeza, ojos, cola y todo. A simple vista parecen papitas, pero no, son tiernos pecesitos recién sacados del agua y pasados por aceite hirviendo.
– Suenan deliciosos.
– Lo son… y si no los miras a los ojos mientras te los comes, pasan piola.
– Y oye, pasando a un tema más importante, si quiero que una chiquilla me haga un Ñe o un trombón oxidado por allá, ¿Cómo lo pido?
– No sé, no visité ninguna casa de putas.
– ¿Y a qué fuiste entonces?
– A conocer po… subí a Machu Picchu caminando, fueron más de 2.500 escalones, ¿Qué te parece?
– ¿Que qué me parece? ¡De huecos me parece po! Mírenlo que pegarse el tremendo pique sólo para escalar un cerro…
– No hice sólo eso viejo, cómo se te ocurre, también contraté un paquete turístico vivencial.
– ¿Vivencial? ¿Cómo es eso?
– Tal como suena po: me subieron a una lancha, me llevaron navegando por un lago enorme y me dejaron viviendo en una isla por dos días. En esa isla me adoptó una pareja del lugar, a quienes tuve que llamar “mamá” y “papá”, y compartí techo con dos franceses y una chilena, quienes se convirtieron en mis “hermanos” mientras vivíamos en la misma choza…
– ¿Y cómo estaba la chilena?
– Rica… ella pensó que yo era peruano eso sí, pero, al aclararle que venía de Santiago, me dijo “¡Güena po chuchetumare!”, nos fuimos a conversar detrás de los matorrales, y ahí mismo, entre chela y chela, nos pegamos el tremendo incesto….
– Puta que erí chancho Mati hueón, ella era tu hermana.
– Sí, lo mismo me dijo mi papá falso, “ella es tu hermana, chileno huevón pe”, y yo le dije “pero papá peruano, no se enoje, lo invito una pilsen pa que se relaje, vamos, no se haga mala sangre, yo pago, no se preocupe”, y por ahí me fui ganando al viejo, si mientras yo me rajara no había problema. A la segunda pilsen comenzó a sincerarse conmigo, me contó que su situación económica no era buena, vivía de lo poco y nada que le dejaba el turismo, y con esa platita mantenía su humilde casa y las chozas donde alojaba a los visitantes. Además, me comentó que no tenía luz ni agua potable, después me pidió que le contara qué era el internet y, para darle color, encendimos una fogata y ahí mismito, al lado de las llamas y bajo las estrellas, le hablé de las redes sociales y del Fotolog. Hubieses visto la cara de ese viejo, viejo… me escuchaba con la boca abierta, con la misma cara que pone un niño cuando le narran cuentos fantásticos y de otro mundo… su vida me parecía tan sencilla… tan simple, tan alejada del consumismo, del capitalismo… tan utópica…
– ¿Y cuál era el nombre de ese pobre hombre?
– No sé, yo le decía “viejo”, y el me llamaba “ chileno huevón”. Así nos entendíamos mejor.
– Se nota que era simpático el tipo, sin conocerlo me cayó bien.
– Sí, a mí igual me cayó bien al principio… pero, a la madrugada siguiente, mientras me bañaba en el patio tirándome agua helada con una pelela, recordé su triste realidad y me dije “debo ayudar a este pobre hombre, ¿Y por qué no? Si uno siempre tiene que tenderle una mano a quien más lo necesita”.
– Bien dicho Matías, se nota que te he enseñado bien.
– Así que fui a mi choza, encendí la vela que mi viejo peruano me regaló para lograr ver algo, me vestí a duras penas y me dirigí a la puerta principal de su casa, con la sana intención de sorprenderlo y regalarle unos billetitos extras para ayudarlo a salir adelante.
– ¿Y que te dijo?
– Nada, no me alcanzó a decir nada porque, apenas di un paso dentro de su hogar, me quedé con la boca abierta al verlo sentado en un sillón de cuero tremendo, jugando con un IPhone 6 y viendo tele en un LED gigante que ocupaba casi toda su pared.
– Balsa tu viejo peruano entonces po Mati hueón, mal padre, mal padre…
– Sí, balsa, me dio lata.
– Mejor esos billetes me los hubieses dado a mí po, yo sí que los necesito, mira mi billetera pelada, si ni pa tomar tengo.
– ¿Ah?
– Y agradece que acá nadie te quiere cagar Mati hueón, agradece que tu viejo verdadero es honrado, imagínate te hubieses quedado viviendo allá, quizás cuánto te hubiesen estafado, en cambio acá… pura lealtad Mati hueón, pura lealtad…

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