15 Mar

Capítulo 183: Hijo, me tienes preocupado…

– Mati, hijo, me tienes preocupado…
– ¿Yo? ¿Yo te preocupo a ti? ¿Me estái hueviando?
– ¡Pero claro! A veces te miro fijamente, me quedo pegado en tu carita de hueón, en tu mirada de borracho, y te veo tan perdido por la vida, tanto pero tanto, que me da miedo que no tomes en cuenta la formación que te he entregado y termines descarrilándote.
– Viejo, ya tengo 29 años, ¿No crees que es un poco tarde para venir recién a preocuparte de eso?
– ¿Qué? ¿29 años? ¿Tan viejo? Ah, no, voh estái cagao’ entonces, vámonos a tomar mejor, ya no tení vuelta atrás.
– A ver, para, chanta la moto un poco, ¿De cuándo tan pendiente de mí? ¿Qué estái tramando viejo? ¿De qué se trata todo esto?
– ¡De nada Mati hueón! ¿Qué te pasa? Es obvio que me aflija y sienta un poco de vergüenza ajena por mi hijo po, ¿O no? ¿Qué clase de padre sería si no lo hiciera? Además, he visto cada cosa últimamente Matías… ¡Si la juventud está muy rancia! Los niños ya no son lo que eran antes, ¡Ahora a los 15 años ya andan solos en la calle, sin nadie que los cuide! ¡Imagínate!
– Viejo, te recuerdo que cuando cumplí 15 me llevaste a una casa de putas… Y que la puta que me elegiste terminó haciéndote un trombón oxidado a ti, porque no te alcanzaba la plata para los dos, y te tuve que esperar afuera.
– ¡Pero es que era para salvarte po Mati hueón! Si esa puta era muy puta pa voh, mal agradecido… Pero no te desvíes del tema, mi punto es que los cabros chicos ya no se miden con nada, ¡Están lanzados a la vida! ¡Qué futuro les espera si siguen así, por dios!
– Viejo, ¿Me estái hablando en serio?
– ¡Pero claro! Imagínate que hoy venía por el pasaje, tipo 5 de la tarde, un poco curaito, no te voy a mentir, y vi a un grupo de liceanos reunidos en la esquinita, ninguno tenía más de 17, en actitud sospechosa… así que fui a ver qué estaban tramando.
– Era que no…
– Les dije: “¿Qué pasa brothers?”, Porque así hablan los lolos po, voh no cachái, “¿Qué onda perrits? ¿Quién se raja con un Wladimir, así como pa volarse por los ojos?”.
– Viejo, qué lata, de nuevo con lo mismo, esa hueá se llama “Clarimir”, no Wladimir, y sirve para eliminar el rojo de los ojos, no para volarse.
– ¡Qué sabí voh Mati hueón! Si voh no manejái los códigos de la calle, saco e’ cachas. A las drogas más pulentas, pa que voh sepái, les ponen nombres de humanos, pa’ hacerlas pasar piola. ¿Sabí cómo le dicen a la marihuana los hueones alumbraos’, por ejemplo? “María Juana”, fome, ¿Y a una bolsa de mandanga, cómo le dicen? “La Bachelet con moño” po, ¿Viste? ¡Si son códigos! Por eso a ese líquido para volarse por los ojos le llaman Wladimir, ¿Entendí? Y si según tú, don sabelotodo, no sirve para volarse, ¿Por qué lo compran puros volaos’ entonces? ¿Ah? Jaque mate.
– Viejo, no discutiré ese tema nuevamente, sigue contándome lo que pasó con los pendejos mejor…
– ¡Na’ po! ¿Qué iba a pasar? ¡Se corretearon los hueones! Me dijeron que habían salido recién de clases y que estaban haciendo unas monedas para unas pilsens… ni un brillo…
– Y ahí los dejaste tranquilos y te fuiste supongo…
– Claro…
– No sé pa’ qué te pregunto hueás… es obvio que no te fuiste…
– ¡Es que antes quise hacerles una paleteada po! Pobres niños ilusos, estaban juntando platita para tomar sin saber que nadie les vendería trago, por ser menores de edad.
– Y no me digái que te ofreciste para ir a comprarles…
– ¡Y me ofrecí para ir a comprarles! Si yo soy un buen samaritano po, ¿Qué te creí? Les dije “tranquilos cabros, pásenme las chauchas con confianza y espérenme aquí no más, voy y vuelvo”.
– No lo puedo creer viejo, qué decepción, ¿Cómo se te ocurre hacer una hueá así? ¡Qué irresponsable, qué poco ético de tu parte, qué mal ejemplo! ¡Eran niños papá! ¡Niños!
– ¡Y eso mismo pensé después po! ¿Qué clase de ser humano creí que soy, Mati hueón? Obvio que en el camino me di cuenta de que estaba mal, me dije “¿Qué estoy haciendo dios mío? ¿Cómo se me ocurre ayudar a estos pobres mocosos a conseguir trago? ¿Acaso quiero que terminen igual que mi hijo? ¿Acaso eso es lo que quiero?”
– Bien dicho… supongo…
– Así que di la media vuelta…
– ¡Muy bien viejo!
– Tomé la plata que me habían pasado, para devolvérselas y decirles lo que pensaba sobre el mal que se estaban haciendo…
– ¡Me siento orgulloso de ti papá, así se hace!
– Empecé a contar los billetes y las moneditas… una por una…
– Puta la hueá…
– Dos mil… cinco mil… diez mil… doce mil… quince mil…
– Y no me digái que…
– Sí… pesqué la plata, y me fui a maraquear…
– ¡Pero papá!
– Lo sé, lo sé, no me lo agradezcas. Salvé a esos niños de terminar como tú, sólo cobré lo que me merecía, y nada más.
– ¿Lo que te merecías?
– ¡Y nada más! Así que ése se fue el pequeño granito de arena que aporté hoy para ayudar a salvar a este mundo de la ranciedad… mañana será otro día, y él traerá una nueva oportunidad de estafar a pequeños curagüillas y así salvarlos de las garras de la borrachera, ¡Así que de nada sociedad! Soy un héroe, y estoy para servirte.

Comentarios

Comentarios