24 Mar

Capítulo 185: Breve remember con la Rasca Choro

Quizás las cinco últimas piscolas que me tomé ayer en la tarde estuvieron demás, y a veces, cuando tomo demás, me pongo harto hueón. Si me lo preguntan, juraría que cuando me subí al taxi, a eso de las ocho, le dije al chofer que me llevara a mi departamento; sin embargo, y tomando en cuenta todo lo que sucedió después, puedo inferir que, en un ataque inexplicable de calentura y romanticismo, en realidad le di la dirección de mi ex más rancia: la Rasca Choro.

“Qué le vamos a hacer”, me dije al bajar del vehículo y verme parado frente a aquel edificio del cual tantas veces salí haciendo arcadas, “ya estoy aquí, y por algo habré venido”, me autoconvencí, y así, como si hubiese sido la mejor idea de la vida, comencé a subir las escaleras hasta llegar al piso de mi antigua enamorada, donde me recibió un olor ácido y putrefacto que atacó violentamente mis fosas nasales, recordándome hacia donde debía caminar para dar con su departamento. Me tomé un par de minutos antes de tocar el timbre para pensar qué decir cuando la tuviera al frente, “hola Rasca Choro, extraño que dibujes corazones en mi pecho con tu sangre menstrual”, me pareció una buena opción, o quizás podía ser algo más simpático, como “¡Buena po’ Rasca Choro! ¿Te tinca que te pegue una rascadita por dentro con la tula?”, Y en eso estaba cuando noté que no sería necesario tocar ningún timbre, ya que un enorme repollo se encontraba estancado entre la puerta y el umbral, impidiendo que ésta se cerrara correctamente. “Esta hueá debe ser una señal divina”, pensé dentro de mi borrachera, y care’raja ingresé a su cuchitril sin decir ni siquiera permiso. Todo estaba tal como lo esperaba: basura desparramada por el piso, ropa sucia tirada sobre el comedor, cáscaras de naranja tapando el lavaplatos, y allá al fondo, dándome la espalda y parada sobre su sillón, estaba la Rasca Choro, aparentemente intentando atrapar una enorme cucaracha que caminaba por la parte superior de las opacas cortinas que decoraban su living. Avancé en cuclillas sin meter ruido alguno, “de seguro se asombrará de verme”, pensé mientras me reía hacia adentro, orgulloso de viveza romántica, y cuando estaba justo detrás de ella, con mi cara a la altura de su trasero, llevé mis dedos índices hacia su cintura y la presioné mientras gritaba “¡Sorpresa!”, Al mismo tiempo que ella lanzaba un chillido de terror y dejaba salir un peo estruendoso producto del tremendo susto que le di, peo que me dejó peinado hacia atrás y, consecuentemente, generándome un asco que hizo que le vomitara todo el culo.

– ¡Ay Mati, me sorprendiste! – Me dijo aún aterrada, aunque visiblemente contenta.
– Sí… esa era la idea – le respondí sin poder abrir los ojos, y sin saber qué hacer con mis manos: si limpiarme el güitreo, o aletear para espantar el olor a mierda que me quedó incrustado en el rostro.

Y así, entre los líquidos de mi estómago y los gases del suyo, nos besamos para sellar nuestro reencuentro… un reencuentro sincero y, tal como lo esperé, totalmente a nuestro estilo…

Comentarios

Comentarios