01 Abr

Capítulo 188: ¡Si ya nada es como antes!

“¡No, si los tiempos han cambiado mucho oye!”, Se lamentó mi viejo exageradamente, mientras se bebía una piscola al seco haciendo un africano, rellenaba su vaso y repetía el proceso una y otra vez, “¡Si ya nada es como antes, por dios! Ahora los cabros chicos tienen un problema, ¿Y qué les hacen? ¡Los llevan a sicólogo, o a que les hagan masajes, o a terapias de relajación, o quizás a cuántas hueás más! ¿Pero a uno, qué le hacían? ¡Un par de patás’ en la raja, y listo! Un cachamal, un déjate de hueviar cabro culiao, un balde de agua fría en la cabeza y problema solucionado”, continuó quejándose, mientras sacaba un porro enorme del bolsillo de su chaqueta y se lo fumaba de tan sólo dos quemadas, “¿Y acaso creció con problemas uno? ¿Ah? ¿Acaso maduramos con muchas pifias? ¡Nada po! Ahora la juventud anda al lote hijo, andan preocupados de sus puros derechos, ¿Y qué pasa con sus deberes? ¡Quieren puro pasarlo bien, nada más!”, Aseguró, mientras se tiraba una línea usando como tubo un billete de cinco lucas que sacó de mi billetera y que luego, jurando que yo no me daba cuenta, guardaba en la suya con la agilidad de un borracho viejo, “fíjate que mi mami, cuando yo me portaba mal, me obligaba a lavarme mis propios calzoncillos cagados, ¿Cachái lo que es eso? ¡Eso es enseñarle a un niño a ser responsable! ¡A ser serio, comprometido, educado, un ejemplo para esta sociedad!”, Clamó, mientras llamaba a una bataclana del toples en el que nos encontrábamos y le pedía que le hiciera un mamón mientras seguíamos conversando, “¿Y ahora? ¡Nada po, si ustedes tienen los dedos crespos! Lo único que saben hacer es jugar con el celular y sacarse de esas servius que les llaman, poniendo boca de pato o comiendo shushi pa’ puro lucirse”, reclamó, al mismo tiempo que le preguntaba a la bataclana que cuánto le cobraba por un trombón oxidado, porque la discusión lo había dejado caliente, y me volvía a sacar plata para pagarle el servicio por adelantado, “¡Pero tenemos la sociedad que nos tocó no más po’ hijo! Toda tu generación, y las generaciones que vienen, están totalmente deformadas… vaya a saber uno qué engendros van a salir de ahí, porque en el mundo ya no van quedando caballeros como los de mi generación, no señor, y eso… puta que me da angustia hijo, puta que me da pena, puta que me da lástima…”, terminó de reflexionar, justo antes de ponerse de pie, irse con la bataclana al privado, agarrarse a cornetes con un viejo que lo pasó a llevar en el camino y bajarse los pantalones antes de entrar al cuarto donde le harían su anhelado trombón oxidado para, finalmente, quedar bailando a raja pelá’ frente a todos, tal como lo solía hacer cuando llevaba tomando por más de dos semanas seguidas sin preocuparse siquiera de buscar un trabajo, visitar a su familia o lavarse las presas para andar, por último, un poquito menos rancio.

Comentarios

Comentarios