09 May

Capítulo 19: La hermana Luna.

Acepté la solicitud de amistad de mi viejo. Ahí anda revoloteando en mi Inicio, compartiendo publicaciones que claramente son virus, escribiendo como Julio Videla 1 para hacerse el chistoso y mandando mensajes del tipo “dale Me Gusta a mi foto y paso por tu muro”. Piensen en su amigo más flaite de Facebook, luego en ese hueón que publica hasta lo que come, imaginen a la típica amiga insoportablemente alumbrada que postéa cuánto toma y que siempre escribe que anda con la caña, y a ese compadre zorrón con delirios de grandeza amante de los hashtags… si logran juntar a todos esos perfiles en uno solo, el resultado sería el Facebook de mi papá. Ayer en la noche publicó una foto de una mesa llena de sushi, siendo que fui a su casa a esa misma hora y lo pillé comiéndose una bolsa de pickles; hoy puso de foto de perfil una selfie saliendo de la ducha, y en la descripción apuntó “‪#‎Serviu ‪#‎Jacuzzi ‪#‎InstaMen‪#‎Piluchoparati”; También debo mencionar que me tiene tapado de solicitudes de juegos y, cada vez que comenta algún estado, lo hace con memes fomes y ofensivos, que dudosamente aluden al post principal. Mi viejo es como un niño rata, pero en su versión añeja, rancia y depravada. Aunque igual me da cierta ternura, hace no mucho tiempo él era negado para el tema computacional, con suerte jugaba Solitario y buscaba monas piluchas en Altavista, así que podríamos llamarle a esto algo así como “un avance”. Un avance tecnológico, claro está, porque en lo moral se le nota un retroceso significativo. Pero no me voy a andar espantando por la personalidad de mi viejo a estas alturas de la vida, lo que sí me tiene preocupado son las publicaciones que hace la hermana Luna en su muro… con solo imaginar a esos dos juntos nuevamente llegué a tiritar.

Luego de que mis padres se separaran, mi vieja rehízo su vida junto al tío Pato y mi viejo, era que no, se mantuvo soltero. En sus primeras jaranas conoció a una puta del norte que lo enloqueció, porque sólo lo atendió una vez y, según sus propios dichos, le dejó los cocos secos de una pura chupada. Un año después se reencontró con ella, pero en circunstancias completamente distintas: caminaba mi papi por el centro de la capital, y ahí, entre medio de un grupo de fanáticos religiosos, estaba ella, con la camisa abotonada hasta el cuello, una falda eterna y un pelo que le llegaba a las rodillas, aunque de todas formas, en palabras de mi padre, la cara de puta no se la sacaba nadie. Conservó su nombre artístico, Luna, pero le agregó el “hermana” para darle el toque sagrado, y eso que no era ni monja ni evangélica, sino que había formado una secta media extraña con pasteros rehabilitados y minas escapándose del pecado de la carne. Mi viejo comenzó a hacerse el lindo con la hermana, le recibía los folletos sobre el amor a Dios y le prestaba oreja cada vez que se ponía a predicar. Y claro, las opciones eran dos: o volvía puta a la Luna nuevamente, o la Luna lo volvía religioso. Y sucedió lo impensado, porque una puta de calidad para mi viejo es como la kriptonita para Supeman, así que cuando se dio cuenta que la Lunita sería “hermana” para siempre, no le quedó otra que convertirse y, aunque al principio lo hizo de puro caliente, de un momento a otro se creyó el cuento y se volvió un hermano más. Existen mujeres que hacen que los hombres toquen fondo, pero la hermana Luna hizo que mi taita viera la luz… primero con un mamón, y ahora con la palabra del Señor.

Al principio, la nueva parejita fue tema obligado en las onces familiares. Por un lado existía un dejo de felicidad, porque de una vez por todas el hombre se estaba chantando, pero por otra lado nos preocupaba hasta qué punto podían lavarle el cerebro al pobre viejo. La hermana Luna lo anuló completamente como hombre, lo hizo cambiar su forma de vestir, de hablar y de pensar, convirtiéndolo en un vegetal parlante de pelo engominado y biblia bajo el brazo. Cierta tarde lo fui a visitar, y lo sorprendí de rodillas en el patio, con los ojos blancos y predicando en jerigonza.

– Viejo, ¿Estás bien? – Le pregunté tocándole el hombro, para no asustarlo.
– Sí, Mati querido, ¿Cómo no estar bien si la venida de nuestro señor Jesucristo, alabado sea amén, está próxima a suceder? – Me decía hablando más rápido de lo normal.
– ¿Cómo es eso?
– La alegría ya viene, Matías, la alegría de nuestro señor Jesucristo ya viene, las escrituras así lo dicen.
– Papá, esa hueá la sacaste de la campaña del No, erí súper chanta.
– No tengas miedos ni dudas, hijo mio, que el amor de Dios es demasiado bueno.
– ¡Esa hueá es una canción de Chayanne! ¡Para! ¡Sé que no te has leído ni una sola página de la biblia! ¡A mí no me haces hueón!
– No pelearé contigo, Mati querido, te dejaré solo con tu odio. Que la fuerza del señor te acompañe.
– ¡Esa hueá es de La Guerra de las Galaxias viejo chanta! ¡No parafrasees en vano a La Guerra de las Galaxias!

Analicé la situación bien poco, porque la conclusión era sencilla: tenía que sacar a mi viejo de ahí. Lo prefería rancio y borracho que macabeo y fanático, así que debía actuar, ¿Y quién conoce a mi viejo mejor que yo? Nadie pues, mal que mal soy sangre de su sangre, en un rincón putrefacto de mi mente tengo la esencia de mi padre, y solo debía dejarla salir cuando fuese necesario. Lo fui a visitar un domingo por la mañana, y ahí estaba tomando desayuno con la hermana Luna, ambos vestidos únicamente con túnicas blancas, casi transparentes.

– ¿Cómo le va, hermana Luna? – Le dije – Puedo notar que tiene las tetas caídas… me gustaría decir “del cielo”, pero dejémoslo solamente en “caídas”.
– He de ser feliz con lo que el Señor me brindó, hijo mío – respondió la hermana Luna sonriendo.
– ¿Hijo? ¿No será muy pronto para decirme hijo?
– Nada de eso, mi niño, con tu padre nos vamos a casar, así que ante los ojos de nuestro señor celestial ya eres mi bebé.
– Viejo, ¿Qué hueá? ¿Es cierto eso?
– Tal cual, Mati querido, aleluya amén – respondió mi viejo – la hermana Luna, aquí presente, me dijo que era pecado culiar… ¡Perdón! Fornicar, sin haber contraído el sagrado vínculo previamente, así que, para no dilatar más la cosa, nos convertiremos en marido y mujer.
– Perdón… refréscame la memoria viejo, ¿Cuánto tiempo llevan ustedes juntos?
– Casi cuatro meses, Mati querido.
– O sea… ¿Llevas más de cuatro meses sin afilar?
– Así es, pero si Noé aguantó cuarenta días caminando por el desierto, yo puedo aguantar cuatro meses con las bolas hinchadas.
– ¿Noé? Puta viejo… Ya, mejor no te digo nada, vine porque necesito que me acompañes a la casa y hables con mi vieja, últimamente no me da permiso para nada, no entiende que ya tengo 19 años y que me mando solo.
– Tú no te mandas solo, Matías, tú dependes de los designios de nuestro señor santísimo del santo sepulcro, creador del cielo y la tierra aleluya.
– ¡Ah, sí, lo tengo claro! Y eso es lo que quiero que mi vieja entienda, acompáñame a hablar con ella ahora, aprovechando que el tío Pato fue a pasar el fin de semana con su hija.
– Está bien, Mati querido. De paso le llevaré a tu madre un poco de agua bendita para que se friegue ese cuerpo pecador, y a ver si de pasadita le convida un poco al Pato para que se le pase lo hueco.

No se sacó ni la túnica el viejo ridículo, pero me dio lo mismo. Durante el camino lo convencí de llevar unas botellas de vino para amenizar la conversación, “Cristo dijo bebed todo de mi sangre, o algo así”, le comenté para convencerlo, “está bien Matías”, respondió, “pero cómpralas tú, ya que yo doné todo al Santuario de Santa Teresa de los Andes, para que deje de estar inconcluso”. Hasta cuando se cree decente es cafiche este viejo, pensé mientras llegábamos a nuestro destino, pero eso era lo de menos. Se persignó tres veces antes de entrar a la casa de mi madre y, al sentarnos en el comedor y servirnos el vino, nos obligó a rezar de rodillas bajo la mesa porque, según él, era signo de humildad. Cuando al fin tomamos asiento recién pude comenzar mi show.

– Hace tiempo que no estábamos así – les dije, apelando a la emotividad – sólo los tres, alrededor de una mesa, como una familia feliz, ¡Salud por eso!
– ¡Oh, Matías querido! – Replicó mi viejo – Con la bruja de tu madre era imposible sentarse a tomarse un traguito tranquilo, por eso aprovecharé que ya me libré de ella y aceptaré tu brindis, salud.
– ¿Ah sí? – Le dijo mi vieja, luego de tomarse la primera copa de vino al seco – ¡Cuándo hay sido capaz voh de tomarte “un traguito tranquilo”, si siempre quedabai raja de curao y después ni se te paraba, viejo borracho!
– Si no se me paraba, querida, no era de borracho, sino porque no me caliento con cualquier vieja menopáusica que se me atraviesa.
– De seguro la puta arrepentida con la que andai ahora está más buena que yo po, mata de hueas.
– Ya lo sabré, espérate no más, y cuando se lo mande a guardar te voy a traer las fotos para que te vayai de raja, ¡Salud de nuevo! ¡Hasta ver a Cristo!

El plan no estaba funcionando para nada, mis viejos, entre más chupaban, más se sacaban los trapitos al sol. Además, a mi papá se le fue lo religioso a la cresta y ya estaba echando chuchadas como trastornado. Debía revertir la situación, actuar cuanto antes, así que pedí permiso para ponerme de pie (ni me pescaron, dicho sea de paso), fui al living con la intención de colocar el vinilo de Los Ángeles Negros que compraron en su luna de miel y, mientras sonaban los primeros acordes de “Cómo quisiera decirte”, volví al comedor y los pillé piluchitos afilando arriba de la mesa. Un trauma más para el pobre Mati, pero una solución definitiva al ahueonamiento temporal de mi taita. “¡Anda a decirle a la hermana Luna que se meta la luz divina en la raja, Mati hueón!” gritó mi viejo mientras me escapaba del lugar, “¡Y dile también que si se vuelve puta de nuevo me busque! ¡No se te vaya a olvidar!”. Y al parecer así va a ser, la secta de la hermana cagó cuando pillaron al líder intentando pasar coca por el norte, así que todos los miembros tuvieron que retomar sus vidas normales. La Luna se instaló con un prostíbulo auspiciado por las lucas que le robó a los feligreses y ahí anda, dándole Me Gusta a cada hueá que mi papi publica en Facebook y picaneándolo para que la vaya a ver. Las diez plagas de Egipto son una cagá al lado de los bichos que mi viejo se va a pegar cuando se funda con la Luna nuevamente, así que éste es el principio del fin, queridos hermanos, porque esos dos juntos son capaces de engendrar al anticristo.

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