18 Abr

Capítulo 193: La invitación del Payaso Chispita

Pasa que el Payaso Chispita, mi “amigo” picao’ a artista que se las da de tony, malabarista, artesano, tragasables, comediante y poeta de las cosas simples, me pinchó a eso de las diez de la noche para que lo llamara de vuelta a su celular. Su actitud me sorprendió, porque últimamente no ha estado muy comunicativo que digamos: desde que se dedica a contar chistes en las micros se ha vuelto algo arrogante y, consecuentemente, se ha ganando mi más sincero desprecio, sobre todo después de que lo acompañé durante su primera rutina en una 201 y el muy maricón se burló de mi fealdad durante gran parte del trayecto, arrancando las risas burlescas de todos los pasajeros, quienes me apuntaban y gozaban de lo lindo con las barbaridades que a este ahueonao’ se le ocurrió decirme. Por lo mismo me sorprendí tanto cuando vi su nombre en el menú de llamadas perdidas, y no niego que lo llamé de vuelta con un dejo de mala gana.

– ¿Qué hueá querí Chispita culiao? – Le dije molesto, en un solo golpe de voz.
– Hermano, relaja la vena, paz y amor por favor.
– ¿Relaja la vena? ¿Paz y amor? ¿Qué onda hueón? ¿Volvimos a los 70’ acaso?
– Ya Mateo, tranquilo, sé que la última vez que nos vimos me porté un poquito mal contigo, pero la vida sigue hermano, el mundo avanza, y ya es tiempo de desintoxicar el alma de las malas toxinas.
– A ver Chispita, primero que todo me llamo “Matías”, no “Mateo”, y eso lo sabí, y segundo… ¿Desintoxicar el alma de las malas toxinas? ¿Me estái hueviando?
– Hermano, la dura, no estoy bromeando. Fíjate que anoche me tiré un ácido y, en la alucinada, te vi a ti hermano, ¡A ti! Tan frágil, tan solo, y por lo mismo tuve que llamarte, porque puta que me diste pena Mateito, puta que me diste lástima…
– ¿Viste eso en una volá’ de ácido? ¿Y no era que tú le hacíai a las drogas naturales no más?
– Sí po, si me fumé un pito mezclado con un poquito de cáscara de limón, ¡Y qué hueá más ácida hermano, qué hueá más ácida! ¿Qué tiene, de qué te reí? ¿Cómo no vai a cachar lo que es un ácido, broher? ¡De veras que voh no sabí na’ de volarse en la pachamámica po Mateo! ¡Voh no comprendí lo que hay más allá de tus ojos, de tu mirada imperialista impuesta por el patriarcado cosmopolita carnívoro monógamo amarillo capitalista!
– Ya, ¿Y para eso queríai que te llamara? Para… ¿Insultarme? Porque eso fue un insulto, ¿O no?
– ¡Ah, perdón, me desvié un poco del tema! Te llamaba porque tengo ganas de afilar.
– ¿Cómo? ¿Conmigo?
– ¡No po Mateo! Con alguna de tus lectoras po.
– Ah, no, no hueí.
– Ya po Mateo, si pa voh es fácil: le mandái mensajes lindos a unas cuántas, a la que caiga le decí que nos juntemos y que lleve a una amiga, entonces las invitamos a bailar, nos curamos, después las llevamos a tu departamento y bueno… ahí que pase lo que tenga que pasar no más po hermano, ¿Qué te parece?
– Ya, déjame entender: quieres que invite a un par de minas a salir con la única intención de que voh remojí el cochayuyo, ¿Cierto?
– Sí, digamos que sí…
– ¿Y qué gano yo a cambio?
– Puta… te tiraré flores toda la noche frente a las locas, diré que te gastái la media corneta y que erí un maestro de la sensualidad, aunque sea mentira, a ver si con eso te salta la liebre igual po, ¿Trato hecho?
– Me parece, trato hecho.
– Y Mateo.
– ¿Qué querí?
– Que no sean viejas por favor… sé que últimamente te gustan las mayorcitas, pero puta hermano, que sean menores de sesenta al menos, ¿Bueno? No sé si se podrá… ¿Aló? ¿Mateo, cortaste? Sé que estás ahí, puedo escuchar tu respiración furiosa hermano, ¿Aló? ¿Sigues en línea? ¿Aló?

Pese a todo, igual me motivó la idea del Chispita culiao, hace mucho que llevo acumulando ganas de ir a un pub piola, conversar un rato, pinchar con alguna chica de mi gusto y darle un uso al fin a la caja de condones que llevan guardando polvo en mi velador quizás desde hace cuánto. Por lo mismo le puse empeño y le escribí mensajes coquetones a un par de lolas que sabía que prenderían de inmediato, aunque una de ellas reaccionó de un modo más efusivo de lo esperado.

– Hola, soy el Mati, voy a salir con un amigo, el Payaso Chispita, y te invito a ti y a una amiga, ¿Decí que sí, o le vai a dar color?
– ¿En serio? ¡Ya! ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Quería puro hueviar hoy día, pero ni un hueón me había hablado! Pero oye, ¿La invitación es con tutti eso sí? ¿O es pa’ puro tomar?
– Con tutti po.
– ¡Ya, la raja! Mira que no me lo ponen hace tanto que ya se me está regenerando el himen, sin hueveo…
– Ehhh… bueno, esa información fue innecesaria, ¿Puedes invitar a una amiga entonces?
– ¡Sí, obvio! Tengo una prima a la que le gusta el pico más que contar plata, con ella iré, y es en serio ah, ¡Si le prende velitas a la corneta! Fíjate que le falta la pura capa pa’ ser Súper Maraca, ese nivel, así que espero que sea del gusto de tu amigo, aunque eso da lo mismo, porque esta hueona lo va a dejar con los cocos secos de todas formas, igual como te los dejaré yo a ti, ¿Y entonces? ¿En cuánto rato nos vemos?

No fueron necesarias más palabras, ni media hora pasó y con el Payaso Chispita ya estábamos instalados con las primitas en un pub rancio de Bellavista, pidiendo botellas y botellas de pilsen y uno que otro picadillo pa’ echarle al buche. Las chicas resultaron ser de lo más simpáticas: la que enganchó con el Chispita no se había tomado ni la primera piscola cuando ya lo estaba macaqueando por debajo de la mesa, y la que me tocó a mí (mucho más piolita, hay que decirlo) no dejaba de pasarme la lengua por la oreja cada vez que me quería decir algo de cerca. Llegó un momento en el cual nos separamos, el Chispita pidió una botella de ron y se dirigió a la pista de baile para mover las patas con su nueva conquista, y yo hice lo mío pidiendo una botella de pisco para quedarme conversando con mi pinche… aunque la verdad es que no hablamos nada, nos dedicamos a atracar y a manosearnos durante toda la noche, y sólo nos soltábamos para darles grandes sorbos a nuestros vasos, pedir más hielo e ir al baño para bajar un poco la temperatura. A eso de las tres de la madrugada nos juntamos los cuatro nuevamente, nos cambiamos a una mesa más grande y llamamos al cabrito que nos había estado atendiendo durante toda la noche. Yo, para ir calmando las revoluciones, pedí una cerveza chica; el Chispita, borracho a más no poder, comenzó a pedir whisky (debo aclarar que cuando este hueón toma, se le olvida que es hippie y comienza a actuar como ciuco); mi pinche, finita como ella sola, pidió un par de tragos preparados, de esos que son bien coloridos, con palmeritas, limoncitos y decoraciones hueonas que no sirven para nada, y su prima, para ir a la par con el Chispita, también pidió whisky, pero a eso le sumó una chorrillana, pal’ bajón, y una tabla de carne con quesitos y otras hueaitas pirulas, la más cara del local. Yo le di un vistazo rápido a mi billetera y, para mi tranquilidad, confirmé que aún no me iba a la chucha con los gastos: me alcanzaba para pagar lo que había consumido y, como no, para costearle los tragos a mi invitada, y en eso estaba cuando noté que el Chispita con su conquista seguían y seguían pidiendo hueás, y, cuando ya estaba llegando la hora de irse, ordenaron dos botellas de whisky para tomárselas en mi departamento, 30 latas de bebida, 6 bolsas de hielo, 36 cervezas carísimas, dos piscolas para el camino y, además, tres chorrillanas para llevar, “porque el Mateo está a dieta, y no debería comer”, aclaró el Chispita, extrañamente preocupado por mi salud.

– Listo muchachos – señaló el mesero – ahí está la cuenta… ¡Chucha! Salió grandota ah, ¡Si con esto me pagaría la universidad, la cagó! Así que espero que la propina sea buena también, no se vayan a poner tacaños ahora po.

Las primas miraron de reojo aquel papelito lleno de números, realizaron una mueca de asombro y dijeron al unísono “¡Permiso, vamos y volvemos!” Antes de pararse abruptamente para dirigirse al baño por última vez y dejarnos con el cacho a nosotros. Saqué la billetera con el dolor de mi alma, pensé que tendría que estar a puro pan agua durante todo lo que quedaba de mes, pero en el fondo me daba igual, el mal ya estaba hecho y, de corazón, sentía que el gasto había valido la pena, así que calculé cuánto debía pagar y lancé los billetes sobre la mesa, aunque sin mirarlos, así me ahorraba el dolor. Saqué mi celular para ver la hora, las 4:20, estábamos bien; comencé a correr la silla para ponerme de pie, noté que las primas estaban conversando animadamente afuera del baño, haciendo la hora seguramente, y en eso estaba cuando caché que el Chispita, con una cara de tranquilidad impresionante, seguía tomando pequeños sorbos de su trago sin inmutarse, moviendo la cabeza al ritmo de la música y evitando realizar cualquier tipo de contacto visual conmigo.

– ¿Chispita? ¿Y? – Le dije, dándole primero una mirada fija, y luego apuntando mis ojos hacia la cuenta.
– ¿Ah? ¿Nos vamos ya? Bueno, esperemos a las chiquillas y partimos – respondió con voz calmada, y continuó haciéndose el hueón mirando hacia otro lado.
– Ya… ¿Y no te faltará nada?
– ¿A mí? No, nada, todo bien… incluso tengo las copias de las llaves de tu departamento, las tomé cuando te pasé a buscar, por si las moscas, así que no, no me falta nada, todo bacán…
– Ya… ya… ¿Y Chispita?
– Dime.
– ¿Y tu parte de la cuenta?
– ¡Ah, sí, de veras! Igual ando un poco corto, tengo como… para pagar uno o dos de los copetes que me tomé – señaló sin ningún dejo de vergüenza, dejando sobre la mesa un puñado de monedas de $10, $50 y $100 – eso es lo que gané hoy en la micro, está mala la cosa, tú cachái, todo es culpa del gobierno y de los poderes fácticos, así no se puede vivir ya…
– Ya… ¿Y todo lo que tomó la mina? ¿Quién lo va a pagar?
– ¿Qué? ¿Cuál mina?
– ¡La mina que te estabai comiendo po’ saco huea’!
– Ah… pero si a ella no la invité yo po, la invitaste tú.
– ¿Cómo que la invité yo?
– ¡Tú la invitaste po’! Si yo ni la conozco, ¿Es prima de la chica que te estabai agarrando, cierto? ¿Y tú hiciste el contacto con ellas, o no? Viste, yo ahí no tengo nada que ver, el que invita paga, ¿O me equivoco?
– ¡Pero si la invité porque tú me lo pediste po, Payaso chucha e’ tu madre!
– Sí, pero tú bien lo has dicho, “la invité”, ¿Viste? Tú la invitaste, tú te haces cargo, ¿Y? ¿Nos vamos ya? En serio quiero afilar luego, tomé tanto que me está dando sueño ya, y no quiero que todas las monedas que gasté sean en vano, ¿Me cachái?

Y dicho esto, el Chispita se paró en el aire y fue a buscar a las primas, mientras yo me quedaba congelado sin saber qué hacer ni qué decir. Desde mi posición vi cómo les hizo una serie de gestos a las minas, algo que pude interpretar como “chiquillas, salgamos a fumar y esperamos al Mati afuerita, porque tiene que pagar con tarjeta y esa hueá se demora”, y salió con ellas del brazo, mientras el guardia del local, un gorila de unos dos metros, me preguntó si estaba todo bien, debido a que el mesero le comentó que nos había dejado la cuenta desde hace bastante rato, y que aún no la cancelábamos. “No amigo, no está todo bien”, le respondí mirando hacia el suelo apenado, mientras él posaba su enorme mano sobre mi hombro y me decía “vai a tener que lavar loza, barrer y limpiar la mierda de los baños hasta pasado mañana culiao’, y de puro curao’ partí a cumplir con mi castigo sin decir ni pío, mientras imaginaba al Payaso Chispita tirándose a las dos primas al mismo tiempo en mi propia cama, recitándoles sus poemas al oído, regalándoles florcitas hechas con papel higiénico y pintándoles mandalas con semen en sus hermosas espaldas desnudas.

Comentarios

Comentarios