20 Abr

Capítulo 195: La única foto de mi infancia

Mis padres jamás se molestaron en tomarme una foto cuando yo era guagua, y puta que me causa pica eso. Imagínense, ni siquiera sé qué cara tenía antes de los cuatro años, y aunque mi viejo insiste en que era lo más parecido a un chancho con pelos, igual me gustaría tener un respaldo para convencerme de que en realidad era así, sólo por curiosidad. Claro, ellos se excusan diciendo que los tiempos eran difíciles, que tener una cámara era un objeto de lujo, que para qué le iban a sacar fotos a hueones feo, y lo que es peor, que soy un mal agradecido, ¿Y por qué? Porque me debería conformar con ésa, ¡Con ésa! Con la única foto de mi niñez que existe, ésa que decoró por tantos años el living de la antigua casa de mis padres, ésa en la que salía junto a toda la familia, incluyendo tías, tíos y primos, sentadito en las faldas de mi bisabuelo, un señor canoso y de cejas frondosas, dueño de una sonrisa algo maliciosa que siempre me perturbó… ¿Y cómo no me iba a perturbar? ¡Si ese viejo culiao’ no tenía ni un parecido a mí po! Y uno se da cuenta de esas cosas… pero puta, yo me di cuenta tarde igual, aunque debí suponerlo cuando, a principios de los 90’, y teniendo tan solo 5 añitos, veía al viejujo a cada rato hablando cosas lateras en la tele, vestido de impecable terno y corbata, y engominado a más no poder.

Y bueno, para no dilatar más la decepción, recién a los 10 años vine a saber que mi “bisabuelo” era el mismísimo Patricio Aylwin, quien en algún momento anduvo haciendo un puerta a puerta por mi barrio y, en esas constantes promesas ligadas a la supuesta alegría que se vendría, le regaló a la familia una instantánea junto a él para que la tuvieran como recuerdo. La única foto de mi niñez es ésa, y aparezco en las faldas de un viejo de mierda que no era mi viejo.

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