24 Abr

Capítulo 197: La entrevista de trabajo

Luego de pasar por una leve crisis financiera, convencí a mi viejo para que se buscara un trabajo serio, estable y bien remunerado. Con tal de motivarlo, le confeccioné un currículum completísimo (aunque decorado con muchas mentiras, hay que decirlo) y lo entrené para responder, de forma políticamente correcta, cada posible pregunta que le lanzaran en sus futuras entrevistas de trabajo.

– ¿Y viejo? ¿Qué tal? – Le pregunté apenas llegó a la casa de su primera entrevista.
– Bien, me parece que bien.
– ¿La dura? ¿Y qué tal la conversación con el futuro jefe? ¿Qué te preguntó?
– Más o menos lo mismo que me dijiste tú, o sea, puras hueás.
– ¿En serio? Eso es bueno.
– Sí po, aunque lo más difícil vino cuando me dijo “¿Y cuál cree usted que es su mayor fortaleza?”.
– Chuta, ¿Y tú qué le respondiste?
– La verdad no más po: mi mayor fortaleza es que sé que necesito el trabajo, así que lo haré con muchas ganas, empeño y dedicación.
– ¡Muy bien viejo!
– Sí, el jefe me sonrió cuando le dije eso… aunque después, cuando me preguntó por mi mayor debilidad, puso una cara media extraña.
– ¿Y por qué? ¿Qué le dijiste?
– Puta, la verdad no más po’: “mi mayor debilidad, jefe, es que me chupen el hoyo y me macaqueen al mismo tiempo, ¡Obvio! Con eso me enamoran al toque”.
– Puta viejo…
– Tranquilo hueón, si me dijeron “te llamaremos”, así que me sentaré a esperar que eso suceda y, mientras tanto, disfrutaré de mi libertad y de pasarlo chancho… total, si necesito algo te lo puedo pedir a ti po, ¿O no?

Esto fue en el 2009. Aún no lo llaman.

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