03 May

Capítulo 198: El cumpleaños de mi viejo, 2016 (parte 1)

Lunes 25 de abril.
Celebración del cumpleaños de mi taita

Le dije clarito: “viejo, llega al clandestino del flaco Lucho a las ocho de la tarde del domingo, así nos tomamos unos vituperios finolis, comemos algunas cositas ricas, nada muy pesado, todo muy light, a las doce te cantamos el cumpleaños feliz, apagái las velas y después, como la gente decente que deberíamos ser, nos vamos pa’ la casa a dormir. No es culpa mía que tu cumpleaños haya caído día lunes, lo siento, no hagas pucheros, debes entender que hay gente que trabaja, que tiene responsabilidades, que no se puede lanzar hasta las tantas, ni menos un día domingo po… por lo mismo sé puntual viejo, por la rechucha, no quiero sorpresas esta vez, comportémonos, al menos por un día, como personas normales, en serio, sé puntual, ¿Estamos? ¿Te comprometes viejo? ¿Te comprometes?”.

Igual suponía que no llegaría a las ocho en punto, para qué andamos con cosas, pero de todas formas me empezó a hervir el hoyo cuando me di cuenta que, faltando pocos minutos para las nueve, este viejo chanta ni siquiera se dignaba a pegar un telefonazo para justificar su retraso. Y así nos dieron las diez y las once, las doce la una, las dos y las tres, y el festejado seguía brillando por su ausencia. El flaco Lucho, como buen anfitrión, nos sugirió que dejáramos de esperar y que comenzáramos a tomar sin el cumpleañero no más, total llevábamos horas mirándonos las caras como hueones y, cómo no, los temas de conversación ya se nos estaban agotando.

– Y así es la cosa po… – le dije al flaco Lucho, mirando hacia el suelo, sin sabes a qué cosa me estaba refiriendo específicamente.
– Sí po… así es la cosa… – respondió don Lucho, bostezando cada dos palabras.
– Ehhh… bueno… ¿Y qué es de su hijo, el Tomás? ¿Sigue en Punta Arenas?
– ¿La Gonzala Cáceres? Sí, allá sigue gastándose parejo ese hueón, debe tener los elásticos de hoyo vencidos ya… le diré que te acordaste de él… él siempre me pregunta por ti… ¿Porque ustedes se comieron po, cierto?
– ¿Quiénes? ¿Yo con la Gonzala? ¡No, cómo se le ocurre don Lucho! Amigos no más… aunque una vez me hizo un mamón cuando me pilló durmiendo en el baño de la casa de mi viejo, pero fue porque me confundió con su pololo de ese tiempo no más, así que todo bien… todo bien…
– Ah… qué interesante…
– Sí… interesante… interesante… y así es la cosa po…
– Sí po, Come Quesillo, así es la cosa…
– Claro… así es… Ehhh… Oiga, ¿Qué hora es ya?
– A ver… van a ser las cuatro de la madrugada.
– ¡Las cuatro! ¡No me huevee, puta que es tarde! ¿Y si dejamos esto hasta acá no más don Lucho? Si mi viejo no llegó ya, y yo mañana tengo que trabajar, eso él lo sabe, así que no creo que se enoje.
– ¿Me estái diciendo que cancelemos la celebración? ¿Voh estái más hueón? ¡Yo esperaré a mi compadre hasta que llegue, aunque se demore mil años! Si de eso se trata el cariño por una persona po Come Quesillo, ésa es la base de la empatía, ¿O no?
– Puta, sí, pero…
– ¡Nada de peros! Aparte, no estoy ni ahí con ir a acostarme… mi esposa me da asco…
– Ah, ahí está la hueá po…
– A ver mocoso, cambia la carita y dime algo, ¿De acordái de cuando te pusimos “Come Quesillo”?
– Sí… aunque lucho todos los días por olvidarlo…
– ¿Por qué mi señora te bautizó de esa forma, a ver?
– Porque le di un beso a una mina que antes le había chupado la corneta a mi viejo, por eso.
– ¿Y qué hiciste tú después?
– Nada… me puse a vomitar y salí arrancando, ¿Qué más iba a hacer?
– ¡Claro, y ahí está el problema po! Voh no pensái en las consecuencias de lo que hací, voh pensái sólo en ti. Ese día llegaste y dejaste a tu papi tirado, ¿Y qué culpa tenía él de que a la mina le haya tragado el quesillo y después te haya hecho una transfusión? ¿Me entendí? ¡Y qué me decí de todas las veces en las cuales mi compadre te ha llamado para que lo ayudes a pagar la cuenta de todo lo que consumió po! ¿Qué hací tú, Come Quesillo? ¡Le cortái el teléfono! O, en el mejor de los casos, le contestái de mala gana, ¿Es forma ésa de tratar a tu padre? ¿Es forma?
– No, pero…
– ¡Cállate! Erí harto mal hijo, Come Quesillo hueón, ¿Te dai cuenta? Y ahora, pa’ más remate te querí ir y dejar a tu pobre viejo sin cumpleaños, ¡A mi compadre, a quien yo más quiero, sin su fiesta, sin su celebración, sin su copete, sin lo que a él más le gusta!
– ¡Pero si él es el que no llega po! ¿Qué quiere que le haga?
– ¡Bueno, si no llega será porque fue a ver a la Lucha po! ¡Y luego aparecerá!
– A ver, momento don Luis, momento – le dije, ciertamente confundido – ¿La Lucha? ¿Quién es la Lucha?
– No, nadie…
– ¿Cómo que nadie?
– Nadie importante, una flaca que conoció tu papá por ese Tinder que le llaman, esa aplicación pa’ jotear minas y remojar el cochayuyo gratis … nada importante, nada serio…
– Ya, ¿Y por qué mi papá andaría donde ella, y justo el día de su cumpleaños?
– Puta, ¿Y qué sé yo? Eso tendríai que preguntárselo a él po.
– ¿Y se llama Lucha la socia? Así, ¿Lu-cha?
– Sí, Lucha, tal cual, ¿Qué tiene?
– ¿Lucha? ¿Y es flaca? ¿Igual que usted, don Lucho?
– Sí… no lo había pensado, fíjate…
– Hace tiempo mi viejo me viene diciendo que quiere pegarse una escapadita a Talca, y yo me preguntaba, ¿Para qué chucha querría ir mi viejo a Talca, si ni siquiera le gustan tanto los completos? Pero déjeme adivinar… esa tal “Lucha”, ¿Es de Talca, cierto?
– Sí…
– De Talca, igual que usted… qué chico que es el mundo oiga…
– Claro, sí, chiquitito…
– Entonces, según calculo, mi viejo conoció a la Lucha hace un par de meses… qué curioso, justo cuando usted se compró un celular con internet y, la primera noche que lo tuvo, cuando estábamos tomando para celebrar la nueva adquisición, me pidió que le enseñara a instalar aplicaciones, ¿Se acuerda?
– Sí, puede ser…
– Entonces, después, según intuyo, mi viejo conversó día a día con la tal Lucha, se enamoró de “ella” – dije, marcando las comillas con mis manos –, de ahí “ella” seguramente le pidió que fuera a verla a Talca justo en las vísperas de su cumpleaños y mi viejo, caliente como él solo, partió, seguramente con el condón puesto, ¿Habrá sido así, don Lucho? ¿Usted cree que fue así?
– Ehhh… Matías…
– Cuénteme, don Luis…
– Te tengo que confesar algo.
– No me diga…
– Sí… igual me da pena escucharte intentando sacar conclusiones, pero, como eres tan limitado, veo no logras ni lograrás nunca dar con la verdad… así que me pondré la mano en el corazón y, puta, con el dolor de mi alma, te contaré la firme…
– Alerta de spoiler.
– Yo, Come Quesillo… Yo soy la Lucha…
– ¡Pero cómo rechucha se le ocurre hacer una hueá así po’, don Lucho! Quizás dónde anda mi viejo perdido ahora, ¿Qué le dijo? ¿De qué hablaron la última vez que chatearon?
– ¡Ya, tranquilo hueón oh! Si fue una bromita inocente no más… yo sólo le hice creer que estaba “enamorada” de él, después logré que él se enamorara de mi personaje, y puta… le dije que viajara a verme a Talca para que afiláramos po, que le daba alojamiento y me rajaba con todo, así que fuera pato no más, ni un drama.
– Y mi viejo prendió con agua y partió.
– Obvio po genio, si hasta un ramo de rosas compró, ¿Lo veí por acá acaso? Mata e’ hueas no más…
– ¡Puta que es maricón usted don Lucho! – Le grité furioso, poniéndome de pie y tirando mi copete a la chucha – ¡Qué clase de ser humano hace una hueá así! ¿Ahora cómo va a volver a Santiago ese pobre hombre? ¿Cómo se va a venir, si no tiene ni un peso! ¡Responda po don Lucho, por la cresta! ¡Diga algo, hágase cargo, asuma su responsabilidad!

Y en eso estaba, métale chuchadas con el flaco Lucho, cuando de pronto ambos nos quedamos atentos al sonido del motor de un vehículo que, aparentemente, estaba estacionado afuera del clandesta. Partimos rápidamente a sapear de quién se trataba y, con ojos de sorpresa, vimos como de un taxi de vidrios empañamos y que, intuimos, llevaba un rato detenido en aquel lugar, descendía mi viejo todo chasconeado, con cara de afligido, limpiándose la boca y subiéndose el cierre del pantalón. “¡Cuando quiera lo traigo de nuevo gancho! ¡Uyuy!”, Le gritó el chofer desde dentro, sin siquiera molestarse en abrir la ventana, ante lo cual mi viejo sólo se limitó a esbozar una mueca similar a la de una sonrisa, entrar al clandestino y servirse cuatro piscolas al seco, una tras otra.

– Viejo… viejo, ¿Estás bien? – Le pregunté con voz suave, evitando perturbarlo.
– ¿Ah? ¿Yo? ¡Sí, bien, bien, súper bien!
– Viejo, ¿Vienes viajando en taxi desde Talca, cierto?
– ¿Qué? ¿Cómo supiste?
– Ya lo sé todo papá… sé del Tinder, sé de la Lucha, sé que te invitó a visitarla a Talca, lo sé todo…

En ese momento no pude evitar notar la cara de terror que puso el flaco Lucho, inevitablemente sabía que su broma estaba a punto de ser descubierta y, lo que es peor, que se vendría de vuelta una horrible venganza por parte de mi padre, quien hasta el momento sólo se limitaba a tomar y a fumar como loco.

– ¡Ah, sí, de allá vengo po Mati hueón! – Me dijo, con voz nerviosa y entrecortada – De donde la Lucha, sí, de Talca, sí, de allá vengo…
– Puta viejo, entonces me imagino que ya te diste cuenta de la verdad po… – le lancé como indirecta, apuntando con la mirada al flaco Lucho, a ver si acabábamos con la farsa de una buena vez.
– ¿De la verdad? ¡Sí po Mati, que Tinder es la raja, esa es la verdad!
– ¿Cómo? De qué hablas viejo…
– Ni te lo imaginas Mati hueón, la Luchita resultó ser una maestra para las artes amatorias – me dijo, mintiendo notoriamente – ¡Si no me dejaba devolverme a la capital esa mujer! Y yo le decía “¡Ya Lucha, suéltame, mi hijo me está esperando! ¡Tengo mi cumpleaños, y qué clase de padre sería si dejo al Mati con la celebración preparada!”, Así que tomé un taxi y me devolví po, y aquí estoy, ¿Feliz?
– Y entonces, te viniste en taxi desde Talca…
– Sí po, si quería llegar rápido, por mi cumpleaños – mintió nuevamente.
– Te debe haber salido carísimo, ¿Cómo lo pagaste?
– Eso es lo de menos Mati, ¡Porque qué manera de afilar hueón! ¡Pero no, no con el taxista! No te confundas, no es que haya tenido que pagarle “de otra manera”, no señor, hablaba de la Luchita, ¡Qué manera de afilar con la Lucha hueón! Ni te lo imaginas, si me sirves otra piscola te sigo contando, porque la verdad es que no me puedo ni parar en este momento, quedé caminando un poco raro incluso, pero valió la pena Mati hueón, aunque me duela, valió la pena.
– Claro viejo, me imagino que valió la pena… – le respondí, observando con mirada cómplice al flaco Lucho, diciéndole con la mente “hagámonos los hueones no más don Lucho, creamos en su mentira, sigámosle la corriente, todo será mejor así, en serio todo será mejor así”…
– Y así es la cosa po’ – dijo el flaco Lucho, para cambiar un poco de tema.
– Sí po, así es la cosa – respondió mi viejo, sobándose el hoyo y quitándose dificultosamente algo que parecía ser un pendejo desde la punta de la lengua.

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