11 May

Capítulo 204: El asalto

Claro, algún día algo le tenía que pasar, no podía tener tanta suerte tampoco. Mil veces le dije: “viejo, no te vayas tan tarde para tu casa, los patos malos aguardan a personas inocentes como tú en casi todas las esquinas. Ahí es donde las marcan, las molestan, las persiguen y les roban todo, y después, si tienen cuea’, les dan un par de combos en el hocico y las dejan irse a raja pelá’ pa la casa’”, pero no, el muy porfiado no me hizo caso y le pasó lo que siempre temí que le iba a pasar: la pandilla criminal más brígida del barrio, más conocida en el mundo del hampa como “Los Pico Hediondo”, lo interceptaron en una plaza cercana al clandestino del flaco Lucho, justo cuando este pastel estaba por subirse a un árbol para echarse una cagada con el culo apoyado en las ramas, así como lo hacen los pajaritos.

– ¿Qué pasa tatita? – Me contó que le dijeron – ¿Tiene un cigarrito que nos convide, así por ser?
– ¿Yo? ¿Convidar algo? ¡Ja! Se nota que no me conocen na’ ustedes ah… No, no tengo; pero si tuviera, para no convidarles, les diría que no tengo… pero en realidad no tengo.
– Está malo eso… está muy malo eso… ¿Y qué tiene ahí en la mano, así por ser? ¿Qué es lo que esconde tanto?
– Chucha, ¿Y eso qué te importa a voh hueón?
– ¡Aer! No te pongái na’ sin respeto, longi culiao’! – Respondió gritando el líder de “Los Pico Hediondo”, sacando un cuchillo carnicero de unos 50 centímetros desde la parte trasera de su pantalón – ¡Muestra al toquemón que tení ahí, mira que amanecí con pura’ gana’ de acriminarme, así por ser!
– ¡Ya, calmao hueón, calmao! – Dijo mi viejo, abriendo su mano lentamente – Mira, tengo un palito de fósforo, nada más que eso, un fosforito.
– ¿Y no era que voh no fumabai, viejo chuchetumare mentiroso?
– ¿Y quién dijo que era pa fumar? Pa que voh sepái, lo uso pa sacarme la mierda de entremedio de las uñas cuando voy a cagar sin confort y me tengo que limpiar el hoyo con los dedos, ¿Y qué pasa?
– ¡Ya, mucho jugo por hoy, me aburriste sapo culiao! ¡Anda soltando la chauchera, el celulítico y las tillas al tirante, mira que te cociste con losotroh’, te cociste no máh!
– ¿Qué hueá? ¿Me estái asaltando?
– ¡Ponte vío po, saco e’ hueas, está de cajón que te estoy cogoteándote po! ¿Pa qué te hací el longi?
– O sea, ¿Me estái asaltando a mí? La dura, ¿A mí?
– ¡Bueno! ¿Y qué paha? ¿Erí muy especial acaso, hijo e’ la perra?
– ¿Especial yo? ¡Ja! ¿En serio creí que tengo algo que me podái robar? ¡Loco, mírame! ¿Querí mi billetera? ¡Lorea mi billetera! ¿Qué tengo adentro? A ver: una foto de mi ex señora mostrando el choricuaco, tres cotonitos, un chicle lleno de pelusas y… ¿Y qué es esta hueá? ¡Ah! Una polilla muerta… de seguro la guardé pensando que era la cola de un pito…
– ¡Y en los bolsillos, gil culiao! ¡Qué andái trayendo en los bolsillos!
– ¿En los bolsillos? Veamos: tres corchetes, esta hueá que creo que es un parche curita, un cortaúñas malo y un condón usado… y lo peor es que ni siquiera lo usé yo… sólo lo ando trayendo para recordar a qué olía una cacha… necesito una mina pronto, en serio…
– ¡Puta el viejo pa’ miserable! ¡Pasa las tillas entonces, que losotroh no loh vamo’ a irlo’ con lah manoh peláh!
– ¡Qué zapatillas hueón, si estas hueás son unas pantuflas que decoré con papel de diario, cola fría y témpera! Mira, si los cordones están dibujados con un plumón negro, ¡Cacha, toca po, toca, si no se mojan ni se les nota la diferencia!
– Chucha… pero cómo… ¿Es en serio eso tatita?
– Sí po, machucao, si a mí no tení qué robarme…
– Es que… es que esto no puede ser… no puede ser, esto no puede quedar así… ¿Cierto cabros? ¿Cierto que esto no puede quedar así?

El resto de la pandilla asintió con la cabeza, no emitieron palabra alguna, todos se notaban consternados, choqueados, sorprendidos, y sólo rompieron su impavidez para cruzar la calle corriendo, interceptar a una pareja de jóvenes que paseaban por el lugar, robarles todo el dinero que portaban y, sin dudarlo ni un segundo, entregárselo a mi papá. “Ahora lo vamoh a dejarloh a la casa tatita”, le dijo por último el líder de “Los Pico Hediondo”, emocionado luego del acto caritativo que acababan de hacer, “no vaya a ser que le pase algo en el camino, porque se nota que usted es una persona indecente, mucho más indecente que losotroh, y por eso mismo se ha ganado nuestro respeto”.

“Los Pico Hediondo” han visitado a mi viejo casi todos los días desde su primer encuentro. Le han traído billeteras, celulares, tablets y muchas, muchas zapatillas. Mi viejo me confesó no sentirse muy cómodo con sus nuevas amistades, pero confía en que algún día le robarán a él cuando se den cuenta de que ya tiene mucho.

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