22 May

Capítulo 207: Últimamente he recordado mucho en el Pelao Ulises

Últimamente he recordado mucho en el Pelao Ulises, mi amigo de juventud que por más etapas ha pasado en el último tiempo, a saber: de ser un punk incorregible en el liceo se convirtió en un esposo macabeo y apagado en su etapa adulta; luego, casi a sus 30, y por influencia de mi viejo, volvió a ser punk y dejó a su señora para dedicarle su vida a la anarquía y al macheteo en las afueras del metro República. Vivió conmigo por un tiempo, lo apodaron “la Raquelita” y, en un giro que nadie vio venir, terminó pololeando con el Tomás, el hijo del flaco Lucho más conocido en el barrio como “la Gonzala Cáceres”, con quien, incluso, se fue a vivir por un tiempo a Punta Arenas antes de dar por finalizada su relación para siempre. Recuerdo que a todos nos sorprendió el inicio de aquel pololeo, principalmente porque el Pelao, cerrado como él solo, siempre supo ocultar su amor por la Gonzala de manera magistral, esquivaba el tema con maestría, y nada de lo que decía, ¡Absolutamente nada de lo que decía! Hacía sospechar que entre ellos dos existía algo más que una cercana amistad, miradas coquetas y toqueteos juguetones cuando les entraba agua al bote.

– Es bien simpático el Tomás ah… – le dije en cierta ocasión, buscando pillarlo – ¿O no, Pelao? ¿Qué creí tú? ¿Te parece que es simpático?
– Sí, es simpático – me respondió cortante, esquivando mi mirada inquisitiva.
– A mí me cae bien – continué, esperando su confesión.
– Y a mí me cae justo – agregó, poniéndose de pie de súbito para huir de nuestra conversación, dejándome con la duda de qué habrá querido decir exactamente.

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