28 May

Capítulo 210: La señorita Luzmenia

Cuando era chiquitito, por allá por sexto básico, estaba completamente enamorado de mi profesora de Matemáticas, la señorita Luzmenia, más conocida en el mundo escolar como la Tía Tetas, y todo gracias a aquel enorme par de atributos que no me permitieron jamás concentrarme del todo en sus clases.

La Tía Tetas me tenía loco, loco al punto de querer seguirle el amén en todo lo que saliera de su boca, incluida aquella vez en la cual nos dijo “¡No se atrasen niños! ¡Hagan todo lo que yo haga!” Y empezó a dibujar y dibujar figuras geométricas en el pizarrón, y yo, obediente como niño enamorado, comencé a copiarlas en mi cuaderno con la misma delicadeza que ella demostraba aplicar en cada trazo, intentando dejar hasta el cero tan redondito como lo dejaba ella y, al final de la clase, cuando nos dijo “hasta mañana niños” y borró el pizarrón completamente, yo tomé mi goma y también borré todo lo que había anotado aquel día, sin importarme que mis compañeros comenzaran a tratarme de ahueonao desde que se dieron cuenta de mi pifia hasta… puta, hasta el día de hoy, porque todavía se acuerdan los culiaos…

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