03 Jun

Capítulo 211: Mi primo Pepe

De todos mis primos, que en total deben ser como 50 hueones, el que menos mal me cae es el Pepe. El Pepe es el hijo menor de mi tía Marta, una de las tantas hermanas de mi padre; hace poco el Pepe cumplió 9 ó 10 años, no lo tengo claro, y tiene la gracia de ser el primer y único niño rata de la familia. Básicamente, el mocoso se la pasa el día entero jugando Minecraft en su computador, el cual sólo desconecta para tirarse a la cama a jugar Minecraft desde su tablet, la cual solo suelta para echarse en el sillón a jugar Minecraft desde su celular, el cual sólo apaga para sentarse frente al computador a jugar Minecraft nuevamente. Hace un par de semanas mi tía, no sabiendo qué hacer para sacar a su niño del vicio, le escondió el enchufe del PC y le quitó todos sus aparatos electrónicos para que aprendiera a entretenerse en otra cosa, “¿Y en qué puede ser, mamá?”, Le preguntó el Pepe, totalmente a la deriva, “¡No sé po!”, Le respondió mi tía, haciéndose la chora, “Ve tele por último, pa´que desarrollí’ la imaginación”. El Pepe, obediente como él solo, encendió su televisor y comenzó buscar por todos los canales algunos monitos que le hicieran gracia, y así, luego de algunos días de arduo zapping, se convirtió en un fanático de series como South Park, La Casa de los Dibujos, American Dad, Family Guy, Bob’s Burgers, y otras de similar calaña.

– Mamá, ¿Te puedo hacer una pregunta? – Me contó la tía Marta que le dijo el Pepé, luego de un mes completo pegado a la tele, apagándola sólo para ir a clases.
– Sí mi niño, dígame.
– ¿Es verdad que, cuando las personas se enojan, es porque les entra arena en la vagina?
– ¿Qué dijiste? Espera… ¡Qué dijiste!
– ¿Y es cierto que si una mujer se mete un pollo crudo ahí… ahí abajo, después ese pollo le sale frito?
– ¡Pero Pepe! ¡De qué estás hablando!
– ¿Y es normal que un perro pololee con una mujer y que hagan… tú sabes… que hagan el sexo?
– ¡Pepe! ¡Ya basta! ¡De dónde sacaste todo eso!
– Lo vi en la tele po.
– ¿En la tele?
– Sí po, si en la tele dan monitos muy divertidos… El otro día, vi como unos extraterrestres le metían a un niño gordo una sonda por el culo; no sé lo que es una sonda, pero me imagino que debe ser algo genial; y ese niño, Cartman se llama, odia a sus amigos, en especial a uno que es judio porque los judios son todos unos…
– ¡Ya Pepe, nada más! ¡Se acabó la tele para ti!
– ¡Pero mamá!
– ¡Es en serio Pepe! ¡Olvídate de esos monos cochinos para siempre!
– Ah, vieja pesá… seguro que te falta pico…
– Pe… ¡Pero Pepe! ¡Cómo supiste! O sea, digo… ¡Dónde aprendiste eso!
– En la escuela po…
– ¿Cómo? ¿En la escuela te enseñaron eso?
– Sí, mis nuevos amigos… nos juntamos porque todos vemos los mismos monos, así que hablamos de los capítulos que nos gustaron, y después… contamos chistes del sexo.
– ¡Y qué sabes tú de sexo, mocoso agrandado!
– ¡Lo sé todo po! Sé que el sexo se hace de a muchas personas, o a veces no es necesario que sean personas, y tampoco que estén vivas, y después del sexo hay que hacerse algo llamado aborto, que es cuando…

En ese mismo momento, y de un solo golpe, mi tía se desmayó dramáticamente, llevándose la mano a la frente y lanzando un gemido lastimero que nadie escuchó. Una hora más tarde, cuando su esposo llegó a la casa, la encontró aún tumbada sobre el sofá, mientras el Pepe estaba encerrado en su pieza viendo sus monos cochinos con la cara a 10 centímetros de la tele.

– Mi amor, mi amor, qué te pasó – le preguntó, luego despertarla de un puro cachuchazo en el poto, asumiendo que la temida menopausia al fin le había llegado.
– El Pepe… es el Pepe… nuestro hijo… ¡Nuestro hijo está hecho un ordinario!
– ¡Pero mi amor, cómo es eso posible!
– ¡Créelo! ¡Está hablando cosas de la cintura para abajo! ¡Y todo es por esos monos hueones que ve día y noche!
– No creo que sea para tanto, mi amor, quédate tranquila.
– ¿Que no es para tanto? ¡Cómo que no es para tanto! ¡Me dijo que me faltaba pico, mi amor por la chucha! ¡Que me faltaba pico!
– ¡Y cómo lo supo!
– ¡No lo sé, eso da lo mismo! El punto es que, si sigue así, se convertirá en un cabro de mierda en unos años más…
– Ni me lo digas… ¿Así como…?
– Sí, así mismo… como el Matías… así mismito…

Desesperados ante el oscuro futuro que le esperaba a su niñito, no se les ocurrió nada mejor que llamarme y, sin darme mayores detalles, invitarme a cenar aquel fin de semana. Como no tenía plata para comer, acepté gustoso. Con muchos rodeos, me explicaron el problemita que estaban teniendo con el Pepe, haciéndome ver que yo, un mal criado de primera, era el que mejor entendía la sicología de un niño que pintaba pa’ rancio claramente.

– Pero tía, ¿Qué quiere que haga? No la entiendo – le dije sinceramente confundido, cuando me sentaron en el living y le pidieron al Pepe que se colocara a mi lado, porque yo tenía algo muy importante que decirle.
– ¡Fácil po Matías! – Me respondió – Háblale de tu vida, de tu decadencia, de lo poco y nada que has logrado hablando ordinarieces y utilizando ese lenguaje coprolálico que tanto te caracteriza. Explícale que tú también fuiste un niño grosero como él, y que por eso ahora estás solo y en la miseria misma.
– Tía, me parece que está haciendo un poco ofensiva, además, ¿Qué tan grave puede ser?
– ¡Sí po mamá! – Se defendió el Pepe, poniéndose de pie – ¡Si yo no soy ordinario po! Lo que pasa es que soy muy inteligente no más, ¡Mira, mira este dibujo que hice! Es una orgía, ¿Lo ves? Y están todos muy drogados, mira, ahí está Roger, de American Dad, haciéndole el sexo a Stan, y en la esquina pinté a los personajes de La Casa de los Dibujos matando animalitos para un ritual satánico… un ritual satánico del sexo… ¿Te gusta?

En ese momento, la cara de mi tía se deformó por completo, y mi tío sólo se limitó a contenerla para que no se desmayara nuevamente. Totalmente consternado, me puse de pie y tomé la palabra, comprendiendo que mi tía, pese a que me trató como la mierda, necesitaba de mi ayuda.

– Pepe, quiero decirte algo, y necesito que me prestes mucha atención. – Comencé – El sexo, Pepe… el sexo es algo natural, hermoso, algo íntimo y que, muchas veces, nace del amor. Tú estás en tu derecho de tener todas las dudas que quieras sobre el tema, pero te recomiendo que, cuando las tengas, acudas a tus padres o a tus profesores y les preguntes sobre lo que te llama la atención, ellos te dejarán las cosas mucho más claras que unos tontos dibujos animados, porque la idea, Pepe, no es que tengas una idea desvirtuada de cómo son las relaciones y, obviamente, la sexualidad en general.

El Pepe me escuchó en silencio, seguramente comprendiendo a la perfección mis palabras, pensé. Mi tía me sonrió conforme, tomó a mi tío de la mano y, sencillamente, me dijo: “ustedes tienen mucho de que conversar… nosotros nos vamos para la pieza, los dejaremos solos, para que tengan una noche de primos y hablen de lo que quieran”, y así lo hicimos: comencé a darle al Pepe una breve cátedra sobre educación sexual, donde le expliqué que habían temas que era mejor tratar con más cautela y, además, le pedí que moderara su vocabulario cuando hablara de sexo, que habían palabras que era mejor evitar, y así, durante media hora y algo más, le enseñé a mi primo a ser un niño ubicado nuevamente, aunque puta… después de media hora y algo más, recién me vine a dar cuenta que el pendejo no me estaba pescando ni pal hueveo, ya que su mirada se encontraba fija en la puerta que llevaba a la pieza de sus padres, y de ahí no la despegaba.

– ¿Pepe? ¿Me estás escuchando?
– No, la verdad es que no… – Me respondió, sonriendo picaronamente, y sin siquiera girar la cabeza para mirarme.
– ¿Qué te pasa? ¿Qué estás viendo?
– ¿Te digo algo? – Susurró – Mis papás están encerrados en la pieza desde hace mucho rato… mucho mucho rato, ¿Quieres saber lo que significa eso?

¡Puta la hueá! Pensé, caleta de tiempo perdido enseñándole al mocoso a sacarse la morbosidad de la cabeza, y lo tenía frente a mí a punto de decirme quizás qué pachotada nuevamente.

– No Pepe – le respondí, actuando natural – ¿Qué significa que tus papás estén encerrados en su pieza? ¿A ver?
– ¿Qué más a significar, tonto? – Replicó, ampliando su sonrisa a nivel diabólico. Yo, sudaba – ¡Significa que podemos encender la tele y ver todo lo que queramos! ¡Porque no tendrán cómo pillarnos!

En ese momento, respiré aliviado como nunca, y me sentí plenamente conforme por haberle borrado de la mente a mi pequeño primo aquella fijación con el tema sexual, tan sórdida, tan grosera…

– Sí Pepe – le dije – podemos ver tele… pero te sugiero que busquemos algún programa más educativo, no esos monos cochinos que ves siempre, ¿Te parece?
– ¡Ah, qué tanto! – Respondió – ¡Si mis papás tienen pa’ rato culiando ahí dentro! ¡Pongamos la hueá que queramos no más!

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