22 Jul

Capítulo 226: El bong

Aún el jolgorio no comenzaba del todo cuando el payaso Chispita – mi amigo pachamámico, actor autodidacta, mimo, tragasables, revolucionario de Facebook, cantante de micros y poeta de las cosas simples – llegó al clandestino del flaco Lucho con un extraño objeto cilíndrico de color rojizo, el cual lucía una llamativa base circular casi repleta con agua, y uno que otro detallito que no logré apreciar a primera vista; algo parecido a un consolador de vidrio, pero mucho más sofisticado y llamativo.

– ¿Qué es esa hueá, Chispita? – Le pregunté, más en tono de preocupación que de curiosidad.
– ¿Esto? ¡Cómo no vai a cachar! Esto es un bong, po hermano, ¡Un bong! Y sirve pa volarse.
– ¡Sí po Mati, ignorante, cómo no vai a cachar! – se metió mi viejo de pronto, dándoselas de entendido.
– Ya viejo, ¿Para qué te hací el bacán? Si tú tampoco sabíai lo que era.
– ¿Cómo que no, Mati hueón? – Me respondió, llevándose la mano al pecho y colocando su mejor cara de ofendido – ¿Qué te creí? ¿Que yo no sé na’ de drogas? ¡Si yo me las sé todas, perrín! Me las sé por libro, siempre salgo con los cabros de la pobla, armamos su malón piola, me fumo mis pitos y filo, cachái; no seái picota y dedícate a aprender del maestro será mejor, ahí te la dejo, corta, chao.
– Pero papá, ¿Qué onda? ¿Por qué hablái así? – Le pregunté, aguantándome la risa – Y a ver, si cachái tanto, ¿Cómo se usa ese bong po? Enséñame, estoy atento…
– Fácil po, Mati hueón, mira… ¡Ya Chispita, muéstrale, muéstrale al Mati lo que tú y yo sabemos!
– Bueno, aquí voy – respondió el Chispita, sacando un paquetito con hierba desde su morral – ustedes toman la marihuana, así…
– Sí, sí, se toma la marihuana, así mismo – se metió mi viejo, claramente sin cachar una.
– Luego la muelen…
– Sí, sí, se muele, mira Mati hueón, así, se muele en esa cosita, dale Chispita, vai bien, dale, dale, yo te aviso si la cagái.
– Después se cercioran de que el bong tenga la cantidad correcta de agua…
– ¡Sí, el agua, muy importante el agua! ¡Fuente de vida, fuente de salud! – Clamó mi viejo, con las manos en alto.
– Claro, claro… – continuó el Chispita – luego ponen la hierba cuidadosamente aquí, en este tubito….
– Sí, sí, en el tubito, ahí, bien apretadita.
– ¡Y listo! Ahora sólo queda disfrutar, conectarse con el espíritu y ser uno con el universo – concluyo el Chispita, mirando hacia los lados, buscando un encendedor – ¿Y, tío? ¿Quiere comenzar usted? ¿O le da miedo?
– ¿Miedo? ¿A mí? ¡Ja! Trae pa’ acá, marihuanero de cartón, que yo te voy a mostrar cómo lo hacemos los profesionales.

Y dicho esto, mi viejo tomó el bong con sus dos manos, lo subió a la altura de su frente, cubrió los orificios cuidadosamente, lo batió por unos segundos y, ante nuestra mirada atónita, lo inclinó sobre su rostro para dejar caer algunas gotitas de agua en cada uno de sus ojos.

Se río por media antes de que le diera la pálida.

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