28 Jul

Capítulo 228: La pesadilla

– Aló, mami, ¿Estás despierta?
– ¿Qué pasa Matías? ¿Qué quieres a esta hora?
– Nada, ¿Qué voy a querer? ¿Un hijo no puede llamar a su madre a las cuatro de la mañana acaso?
– Ya, déjame adivinar… ¿Otra pesadilla?
– Sí vieja, otra pesadilla…

– ¿Cuál de todas fue esta vez? ¿Ésa en la que se te cae la tula a pedazos por no usarla durante mucho tiempo?
– No vieja, y si lo hubiese sido no te habría llamado… la última vez, recuérdalo, te measte de la risa…
– Sí, es verdad. Me debes unas sábanas, a propósito…
– Pero bueno, esta vez la pesadilla fue algo distinta… en ésta, yo era apenas un niño…
– ¿Un niño?
– Sí, un niño, tendría… no sé, cuatro o cinco años, era chico, bien cabezón, y quería ir al circo.
– ¿Y esa fue la pesadilla? ¿Verte cabezón? ¿Me estái hueviando?
– ¡No po vieja, déjame terminar! Quería ir al circo, así mucho mucho, pero tú no podías llevarme, estabas ocupada viendo una teleserie, o algo así, entonces tomaste un uslero, y le dijiste a mi viejo que, si no me llevaba, se lo ibai a meter por la raja. Él, obediente, me tomó de la manito y me dijo “ya Mati, hijito, para de llorar, yo te llevaré al circo, quédate tranquilo, te prometo que lo vamos a pasar muy bien”.
– ¡Ay Matías, tú siempre buscando dejar bien parado a tu padre!
– Déjame terminar, chanta la moto: la cosa es que mi viejo me tomó de la mano, salimos a la calle, nos subimos a una micro y llegamos a un descampado enorme, muy solitario, y allí, al medio de la nada, había una carpa gigante, roja con algunas líneas amarillas, muy linda, muy llamativa. “Mira Matías, ahí está el circo”, me dijo mi viejo, “tú entras, ves a los payasos, a los trapecistas, a la loca de la cartera, y yo, mientras tanto, iré a tomarme un vituperio a un boliche de por aquí cerca, ¿Estamos?”, “Pero papá”, le dije yo, con mi voz de niño, “esto no es un circo po, ¡Es una carpa de gitanos!”, “¿De qué estái hablando, pequeño Mati hueón”, respondió, antes de partir, “¡Se nota que no cachái na’ de circos! Tú entra no más y pásalo chancho, ¡Yo, voy y vuelvo!”. Y se fue.
– ¿Y? ¿Eso es todo? ¿Ésa fue tu gran pesadilla?
– ¿Y qué más querí vieja? ¡Si desperté más asustado que la cresta! ¿Qué crees que signifique?
– ¿Qué va a significar? ¡Si esa hueá pasó de verdad po! Te tuvimos que ir a buscar a Rancagua incluso, ¡El medio sustito! Justo a los gitanos se les ocurrió cambiarse ese día de ciudad, ¡Que coincidencia! ¿O no? ¡Ja!
– ¿Qué? Me estái hueviando supongo.
– ¿Hueviando? ¿Y cómo creí que nos compramos el living acaso? ¡Si te pasabai el día entero leyendo la suerte afuera de la casa a cambio de un par de monedas! ¡Si te encantaba, mi niño lindo!
– ¡Debla!

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