19 Ago

Capítulo 233: Anoche tuve el sueño más extraño…

Anoche tuve el sueño más extraño, no les miento si les digo que he pensado en él desde que desperté, y, muy a mi pesar, aún no tengo idea de cómo interpretarlo…

Al principio partió como casi todos mis sueños: me encontraba tomando en un bar cualquiera, sirviéndome de una botella de pisco que metí fondeada entre mis piernas para no gastar demás, y de pronto, por ahí en el décimo combinado, las caras de quienes me rodeaban comenzaron a distorsionarse, luego sus cuerpos se volvieron difusos y, finalmente, sus voces se hicieron turbias e inaudibles. Me vino un ataque de pánico repentino, ¿Y cómo no? Si de golpe la hueá tomó tintes de pesadilla, así que pesqué la de pisco, me robé unas bebidas y un par de vasos, me eché unos cuantos hielos al bolsillo, y partí a rematar la noche solo a mi departamento… aunque bueno, allí afuera la situación no mejoró para nada: las calles adquirieron vida propia, se movían de un lado a otro, lo que me hizo imposible caminar, ¡Pero eso no es nada! De pronto abrí la boca, y todo lo que había comido esa semana, absolutamente todo, desde las vienesas que me zampé el lunes hasta el pollo asado que me serví el viernes, salió expulsado de mi interior, pero no de forma normal, sino que como si fuese agua brotando a chorros de un grifo abierto a la mala, ese toque. Luego de eso hubo un salto medio extraño, me vi acostado en mi camita de lo más feliz, y buscando a quien darle jugo en Facebook. Son bien raros los sueños, pienso ahora, porque, cuando estás dentro de uno, no te percatas de las incoherencias que suceden a tu alrededor, por ejemplo: recuerdo que sentía que desde la otra pieza venían las voces de mi vieja con mi viejo haciendo no sé qué, y que luego, a pito de nada, alguien tocaba el timbre, así por varios minutos, súper insistentemente. La puerta se abrió sola al parecer (yo seguía acostado en mi cama, aunque al revés: tenía la cabeza donde van los pies) y de pronto, frente a mí, apareció la Rasca Choro, mi viejo amor de verano, la ex que me ha dejado más marcado en el último tiempo. Después de eso todo fue confuso, todo fue caótico: la noche se hizo día de pronto, la Rasca Choro se metió a mi cama y yo, embobado, le dije que la amaba, luego le pedí pololeo, y finalmente le dije que le haría de todo, así románticamente, pero que no tenía condones. De ahí la hueá se puso más absurda aún, porque, de la nada, apareció mi vieja en la pieza, me dijo “toma Mati, nos sobró uno”, y me lanzó un preservativo abierto a medias, pero sin ocupar. Me lo puse de una, pesqué a la Rasca Choro por la cintura, quité de un solo tirón las costras que cubrían su entrepierna y unos trocitos de papel higiénico que colgaban de sus cachetes, la taladré una, dos, tres veces y ¡Paf! Desperté, ¡Conchemimare, siempre en el mejor momento! ¡Siempre, siempre, siempre! Me lamenté de mi desgracia un buen rato tirado en la cama, intenté dormirme nuevamente para ver si el sueño continuaba, pero sabía que eso sería imposible, lo había intentado mil veces y nunca ocurría, así que saqué energías de no sé dónde, tiré las sábanas lejos, me puse de pie, ¿Y qué es lo primero veo? Un condón instalado en mi humanidad, brillante, estiradito y visiblemente ocupado.

Definitivamente, un misterio por resolver.

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