16 Oct

Capítulo 249: Hasta el matrimonio

No éramos más que dos jóvenes califas, inexpertos y en extremo virginales. Un par de veces, cuando ella estuvo sola en su casa, fui con toda la maldad a visitarla, y entre besito y besito rozaba mi dedo tiritón por sobre su sostén con relleno, y ella, como que no quiere la cosa, dejaba descansar su mano por encima de mi endurecida humanidad. Y así estuvimos por semanas, expresando nuestra perversión pajarona con toqueteos y calugazos babosos, hasta que cierta tarde, en la cual no dábamos más de la calentura, nos despojamos de nuestras prendas y quedamos ahí, frente a frente, piluchitos, sudorosos y dispuestos a dar el gran paso.

– No puedo creer que al fin la vaya a poner – le susurré, sinceramente emocionado.
– ¡Ay Mati! Es que… ¡Ay Mati, no sé! – Respondió ella, dando señales de un inesperado arrepentimiento.
– Pero… ¿Qué pasó? ¿Acaso ya no querí?
– No, no se trata de eso, es que…
– ¿La encontraste muy pequeña?
– ¡No! O sea… ¡No importa! El punto es otro…
– ¡Cuál es entonces!
– ¡Es que yo quiero llegar virgen al matrimonio po Matías!
– ¿Virgen? ¿Y pa’ qué?
– ¡Porque así debe ser no más po! Recuerda que yo me crié bajo los valores de una familia católica, pura y conservadora.
– Puta la hueá…
– Así que, si querí hacerlo… va a tener que ser por el culo…
– ¿Ah?
– Eso po Matías, si querí que te deje viendo estrellitas, va a tener que ser por el culo.
– ¿Estás segura? Mi mamá siempre me dice que por ahí duele un montón.
– Sí po Mati, es la única forma, ¿Lo tomas o lo dejas?
– Ya, está bien, está bien, lo tomo… sólo dame un segundo…
– Ya, dale, esto será lo mejor, esto será… ehhh… ¿Matías?
– ¿Qué?
– ¿Qué estás haciendo?
– ¿A qué te refieres?
– ¿Por qué me diste la espalda, te colocate en cuatro y abriste así las piernas?
– Pero… ¿No era esto lo que querías acaso?
– Mati…
– ¿Sí?
– Puta que erí ahueonao culiao…

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