10 Nov

Capítulo 250: Saquémonos las caretas

– Matías, saquémonos las caretas… llegó el momento de hablar en serio.
– ¿Qué pasó, viejo? ¿Hice algo malo?
– Aclárame una pura hueá… ¿Es idea mía, o te estái poniendo harto rancio últimamente?
– ¿Yo? No sé, ¿Tú encontrái? Yo no me he dado cuenta.
– O sea, sé que siempre te molesto con eso de que eres un “hijo de tigre” y que naciste rayado, pero… he escuchado cosas…
– Pucha viejo… me estás haciendo sentir mal…
– ¿Tengo razón entonces? Porque, adonde voy, todos me dicen “¡Oye! El Mati hizo esto, el Mati hizo esto otro”, ¡Puras hueás cochinas! Puras historias de borracheras, decadencia, patetismo, ¡Y no po! ¿Quién es el protagonista de la ranciedad aquí?
– ¿Aquí dónde?
– ¡Aquí en el barrio po!
– Ah… tú, papa…
– ¡Yo po, Mati hueón! ¡Yo, y nadie más!
– Está bien viejo, lo siento… no es que haya querido ponerme a tu nivel ni nada de eso… es que…
– ¡Ya sé! Es que te falta una mujer.
– ¿Ah?
– Te falta una mujer que te chante la moto, Mati.
– ¿Una mujer? ¿Y qué tiene que ver una mujer con lo que estamos hablando, papá?
– Que tú eres sangre de mi sangre po Matías, y nosotros, los hombres de la familia, no nos controlamos solos: tiene que venir una mujer a rayarnos la cancha o, de otro modo, nos vamos a la chucha y caemos en la decadencia.
– ¿La dura?
– ¡Pero claro po! Figúrate que cuando yo era más cabro, no me perdía ni uno de los jolgorios que se hacían allá en el barrio. Los malones comenzaban cuando yo llegaba, y terminaban cuando me entraba agua al bote y me ponía a pelear.
– ¿Así de ahueonao, viejo?
– ¡Pero claro! Violento, y ahueonao, tengo que reconocerlo… hasta que un día, cuando bailaba en el medio de la pista para el aniversario del club deportivo de mi pobla, llegó ella, la mujer más importante de mi vida, a implorarme que me fuera para la casa… que por favor me pusiera la polera, y que me fuera para la casa con ella…
– ¿Estabai bailando a guata pelá’, viejo? ¿Y delante de todos?
– ¡Como se debe no más po! Súper motivado, gozaba de la cumbia como los dioses, y me pasaba la lengua por los pezones de vez en cuando para darle el toque de sensualidad a la coreografía… aunque no te miento, se me cayó la cara de vergüenza cuando la vi ahí, esperándome, y sosteniendo una enorme carretilla con ambas manos… la misma carretilla que ocupaba cada vez que tenía que llevarme para la casa en estado de bulto.
– Pobrecita…
– Sí pobrecita… ¡Pero ojo! Yo recuerdo que en ese momento reaccioné; me pegué el cacho de la tontera que estaba haciendo, me acerqué a su tierna figura y le susurré al oído “perdóneme la vida, mi dama, permítame esta pieza para disculparme”, ¡Y la saqué a bailar mierda!
– Un caballero…
– ¡Claro! Y ella decía “no, no, ¿Cómo se te ocurre? Estái borracho, y la gente nos está mirando”, y yo le respondía “¡Tómate una piscola al seco, y mueve la raja conmigo! ¡Eso, eso, suavecito, muy bien!”, Y así la tuve por horas, le entubé una piscola tras otra hasta que se le soltó el cuerpo, y nos matamos bailando toda la noche hasta que se nos apagó la tele.
– Que buen vuelco de historia, viejo.
– Eran otros tiempos esos sí… lo pasamos chancho esa noche… aunque bueno, para ser del todo honesto, lo pasamos chancho hasta que las luces del local se apagaron, la banda comenzó a tocar los lentos que indicaban que el final de la jarana estaba cerca, y nosotros, enceguecidos por el trago, empezamos a bailar apretaditos… un poco más de la cuenta, a decir verdad.
– ¿Y qué tiene eso, viejo?
– ¿Cómo que qué tiene, Mati hueón? ¡La banda paró de tocar al tiro po! Se encendieron las luces de inmediato, el carrete terminó de golpe, y todo porque no podían permitir semejante acto inmoral.
– ¡Ah, que eran cuáticos en esa época! Si no estabai haciendo nada malo po, sólo bailando con mi vieja, tu polola de aquel entonces: dos jóvenes libres, sin compromisos, y que se querían entregar a la pasión, nada más.
– ¿Con tu vieja? Hueón, ¿De qué estái hablando? ¡Si era mi mamá la mina con la que bailaba! Por eso quedó la cagá’ po, ¿No te aclaré ese detalle antes? Puta, tendré que comenzar todo de nuevo: Mati, estái muy rancio últimamente, he escuchado cosas, y creo que te hace falta una mujer en tu vida…

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