13 Nov

Capítulo 251: Dos regalos

– Ya Matías, te tengo dos regalos – me dijo la Coni, mi flamante ex, luego de la celebración de mi cumpleaños número 20 – ¿Cuál quieres abrir primero? ¿El grande… o el chico?
– ¡El grande! ¡Dame el grande! ¡El grande!
– Bien pensado… toma…
– A ver, qué será, qué será… ¡Oh! Es un… ¿Cigarro?
– ¡No po Matías! Es un pito, o sea, ¡El tremendo pito!
– ¿De marihuana?
– Obvio po Mati… ¿Qué onda? ¿No lo quieres?
– ¡No, tranquila, no es eso! Es que no soy muy fanático de las drogas… ya lo sabes, me dan miedo… la última vez que fumé, me comí una polilla viva… ni siquiera sé porqué lo hice, sólo lo hice, y…
– ¡Ya, mucha lata! Quédate tranquilo, tontito, hoy estás conmigo, nada te pasará… ¿Y? ¿Quieres saber cuál es tu segundo regalo?
– ¿El chico? ¡Ya po!
– Tú lo dijiste… ése es tu regalo…
– ¿Qué cosa? No entendí…
– El chico… ése es tu regalo…
– Sigo sin entender.
– El chico, Matías…
– Ah… Creo que algo estoy captando… pero por si las moscas… ¿Me estás queriendo decir que…?
– Sí Matías, te lo pasaré… hoy cumpliré tu deseo…
– ¡En serio! ¡No lo puedo creer! Pero… ¿Estás segura? Siempre me decías que no, porque te dolía y todo eso…
– Es que para eso es el pito po lindo…
– Ah… de nuevo no entiendo…
– ¡Ay, qué pajarón! Lo que pasa, amor, es que leí por ahí que la mejor medicina para relajarse y no sentir dolor es, justamente, la marihuana.
– Ya… voy cachando…
– Así que el asunto es sencillo: un poquito de marihuana pa’ ti, otro poquito pa mí, y comienzas a abrirte camino.
– ¡No se diga más! Estoy listo y dispuesto… espero no mancharme no más.
– ¡Ay Matías, no seas mata pasiones!
– ¡Ya, perdón, perdón, son los nervios! ¿Y? ¿Le damos?
– Claro que sí, amor… démosle…

Y dicho esto, la Coni se dio la media vuelta, apoyó ambas manos sobre el respaldo de mi cama, y dejó la retaguardia abierta para que yo hiciera la entrada triunfal. Por mi parte, me quité la ropa raudamente, me posicioné a sus espaldas, y le besé el cuello hasta dejárselo todo baboseado. “La marihuana… no te olvides de la marihuana… para relajarme”, escuché que susurraba la Coni, entre gemidos y respiraciones entre cortadas, y yo, obediente, tomé el pito con ambas manos, lo corté por la mitad, le dejé caer un poco de marihuana en el hoyo y luego, con lo que sobró, refregué mi humanidad hasta endurecerla al máximo, antes de dejársela caer de un solo golpe.

Pese a que al principio sus gritos fueron desgarradores, la Coni me confesó que al final no le dolió tanto. Lo que es yo, evité pedirle de nuevo una cochinada de ese tipo… y es que al parecer mi amada había comido espinacas ese día, porque la corneta, para mi sorpresa, me salió entera verde…

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