09 May

Capítulo 26: Planeando mi futuro (o “Vacaciones en Puerto Varas, parte 2).

“Mira Matías”, me decía mi papá cada vez que yo lo cuestionaba por su ranciedad, “en mi vida he probado de todo… menos la pichula”. Supongo que era su forma de decir “no me vas a venir a cambiar tú a esta altura de la vida”, o algo así, pero luego de nuestras vacaciones en Puerto Varas, cuando juró de guata que unos travestis eran realmente alemanas muy altas, su frase quedó reducida a “yo en mi vida he probado de todo… ¡De todo!”.

A los 17 años uno es súper hueón, y el pasar tanto tiempo encerrado en un auto junto a mi progenitor me dejó más hueón aún. Con los años he llegado a pensar que el síndrome de Estocolmo atrofió mi cabeza en aquella ocasión, porque de un momento a otro comencé a encontrarle gracia a todas las hueás que hacía mi taita y, peor aún, era su cómplice en cada estupidez que se le ocurría.

– Viejo, ¿Dónde dormiremos esta noche? ¿Por qué no gastamos la plata que mi mamá te pasó y arrendamos una cabaña? Si Puerto Varas no debe ser tan caro…
– Hijo, venir al sur y quedarse en una cabaña es tan hueón como ir a la playa y comerte una cazuela, ¡Nada que ver po! Si te traje a este lugar alejado del mundanal ruido es para que acampemos, respiremos aire puro, nos olvidemos de toda modernidad y nos hagamos uno con la naturaleza.
– Tienes razón viejo, disculpa mi desatino. Entonces, ¿Dónde acamparemos?
– Aquí mismo po Mati hueón, en el auto, ¿Dónde más? Ya, yo dormiré una siesta, tú juega a la culebrita con mi celular para que no te aburras. Y Matías…
– Dime viejo.
– No te tomes toda la bebida, tú sabes que me gusta tirarme una piscola apenas despierto.

Al otro día el panorama era buscar alemanas por cada rincón de Puerto Varas, pero lo único que encontramos fue a centenares de mochileros borrachos macheteando en modo zombie. Mi viejo le metió conversa a un par que no daban más de curados, ellos le contaron que la papa para los hueones calientes era pegarse el pique a Puerto Montt, allá estaba lleno de cabras vacacionando en la onda más hippie, amor libre, desenfreno y hueás raras. Mi viejo agradeció el dato, les bolseó copete, esperó a que se quedaran dormidos y les robó el tarrito con monedas.

Y fuimos a Puerto Montt. Allá nos dimos cuenta que si queríamos hacerla debíamos invertir algunos recursos, así que mi viejo, con el dolor de su alma, desembolsó unas pocas lucas para poder ingresar a un camping miserable que ni siquiera tenía agua potable. Yo me alimenté a puros Tabletones, mientras mi padre se metía a la boca uno que otro mendrugo de pan entre vaso y vaso de vino tinto. No eran ni las 6 de la tarde cuando nuestros vecinos comenzaron el hueveo, un asado por acá, un bailoteo por allá, mi papá me miró con su cara de “upa”, así que yo, hipnotizado por su ranciedad, le puse mi cara de “chalupa”, y partimos a colarnos donde nos recibieran. Cuento corto, antes de que se escondiera el sol habían más de cincuenta mochileros bailando alrededor de una fogata, y mi viejo al medio tocando cumbias con una guitarra que le quitó a un hueón lana que juraba que los temas andinos le salían la raja, pero no pasaba na´. Sucede un fenómeno medio extraño en este tipo de situaciones, digno de estudio, y es que los jóvenes aman ver a un viejo rancio y carretero, ahí nacen las frasecitas típicas de siempre: “me encantaría tener un papá como el tuyo”, “cuando grande quiero ser como tu viejo”, “me imagino que tu vida debe ser la raja hermano, llévame contigo”, y cuántas más. El punto es que mi viejo fue la sensación del carrete, todos querían compartir un trago con él, los hueones le regalaban bolsas llenas de marihuana y las minas no se hacían de rogar cuando se les iba encima para robarles un beso o agarrarles una pechuguita. Yo me puse a pinchar con una chiquilla de Temuco, quien me pidió que intentara robarme una caja de vino y algo para comer, así podíamos llevar todo eso a su carpa y estar más cómodos. No la pensé dos veces, pesqué un Gato de 2 litros que alguien dejó chambreando sobre una mesa y un paquete de papas fritas gigante que descansaba abandonado a su lado. Mi conquista, admirada de mi valentía, me tomó de la mano y me llevó corriendo a su carpa, que estaba instalada a pocos metros de la fogata y, producto del bajón y la borrachera, comenzó a tragarse las papas fritas mientras las remojaba dentro de su boca con vino. Como estaba obscuro, no caché que la mina estaba con la boca llena… así que me lancé sobre ella y le di uno de esos besos cuáticos, con la lengua hasta el fondo de una, y ella respondió el romántico gesto vomitando dentro de mi boca. Salí de la carpa con el hocico abierto, haciendo arcadas y rogando por agua, pero nadie me pescó, sólo se limitaron a cagarse de la risa y mi viejo, en su infinita buena onda, me apodó “el Papa Frita”, debido a que tenía pedacitos de papas en mis encías, dientes, labios y… puta, en todos lados.

Dormimos en el auto, incómodos y hediondos, pero daba igual, era nuestra última noche en el lugar. El plan era levantarnos temprano y comenzar nuestro el retorno a la capital tomándonos fotos en cada atractivo turístico que pilláramos por el camino, así mi vieja no iba a decir que fuimos a puro hueviar y no conocimos nada. Pero eso no sucedió, porque apenas se hizo de día nos despertaron unos gritos desgarradores, “¡la Sussy se ahogó en su vomito!” fue lo primero que logré entender, así que fui corriendo a ver si era la mina de las papas fritas… y conchemimadre, menos mal que no. O sea, no es que me haya alegrado de no ser el culpable de una muerte, pero fue una sensación tan cercana a la alegría que no sabría diferenciarla. Al poco rato el lugar estaba lleno de policías, forenses, periodistas y viejas sapas, así que esperamos a que nos interrogaran para poder retirarnos del lugar. Mi viejo se aprovechó del pánico para llevarse copete y algunos pedazos de carne que sobraron encima de parrilla. No nos despedimos de nadie.

– Como es la juventud Mati hueón, ¡Tan rancios que son los cabros hoy en día! ¡Si parece que lo único que saben hacer es tomar y tomar!
– Sí, supongo que sí…
– Por eso yo quiero ser un buen ejemplo Mati, no quiero que terminí como esa cabra, tienes que hacer cosas buenas con tu vida.
– Viejo, ni siquiera sé qué quiero estudiar, no tengo nada claro, las clases para los universitarios comienzan en un par de semanas, y yo aún no sé ni dónde matricularme.
– ¡Matías! – Me dijo exaltado – ¿Y qué pasa si te digo que, quizás, lo de hoy fue una señal?
– ¿Cómo es eso viejo?
– Claro po Mati hueón, ¿Cachaste a esos hueones que llegaron a examinar el cuerpo de la finaita´? ¿Cachaste lo bacanes que se veían recogiendo muestras y examinando el fiambre? ¡Esos locos fueron enviados del cielo para darte una señal!
– ¿Me estás diciendo que Dios mató a una mina para mandarme un mensaje?
– Matí, hijo, ¿Confías en mí?
– Sí viejo, dime qué hacer por la chucha…
– ¡Estudia “Perito Criminalistico” po hombre! Es una carrera la raja, el hijo de un colega se metió y va a ser como los C.S.I. ¿Cómo te veí ahí cabrito? ¿Ah?
– ¿“Perito Criminalistico” viejo? No sé, no me tinca mucho.
– ¡Dale Mati hueón, según escuché esos hueones encuentran pega al tiro cuando egresan!
– ¿Estás seguro papá? ¿Tú crees que esa es mi carrera?
– ¡Por supuesto po Mati hueón, tení que hacerme caso! ¿Cuándo me he equivocado yo? Apenas lleguemos a Santiago te postulo a un crédito y te matriculamos, ¿Qué malo podría pasar?

Viejo hueón…

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