23 Ene

Capítulo 271: La Tania Lagos

– Es que fue amor a primera vista, te lo juro… aunque, la verdad, y por los motivos que tú ya sabes, nunca pude confesarle lo que sentía por ella…
– ¿De qué me estái hablando, Mati? Lo siento, no te estaba pescando.
– ¡De la Tania po!
– ¿De cuál Tania?
– ¿Cómo no te vai a acordar? ¡Ya po, péscame! Si para mí es súper importante encontrarla.
– ¿A quién?
– ¡A la Tania Lagos po! Por más que la busco en todas las redes sociales, no logro dar con su paradero. En todo caso, recuerdo que ella era así, como misteriosa, inexequible, iba poco a la universidad incluso, pero, aun así, cada mañana en la cual logré divisarla, fumándose un pucho tirada en el pasto, o tomándose un juguito de manzana en la cafetería, lograba iluminarme el día por completo. Y ríete si quieres, lo entenderé, pero yo estoy seguro de que ella también sentía algo por mí… no sé, lo notaba en su mirada, en el modo suave que usaba para dirigirme la palabra, en cómo se arreglaba el pelo cada vez que estábamos frente a frente… La Tania… una noche –y discúlpame, creo que nunca antes te había contado esto- la pillé acostada en la cama del Chamelfo, ¿Te acordái de él? ¿Un loco que siempre se sacaba buenos carretes, y que, en cada uno de ellos, se quedaba dormido primero que todos en el baño o en el patio? Bueno, en la cama de ese hueón la pillé, pero solita, con sus ojos bien abiertos, mirando hacia la nada, y tapada hasta el cogote. “Tania, ¿Qué te pasó? ¿Te aburriste?”, Le pregunté, “no es nada, Matías”, me respondió, “sólo me sentí cansada, y vine para acá un ratito”. Me gustaba tanto la voz de la Tania, tan cálida, tan segura, tan acogedora… le conté que yo andaba en las mismas, que no daba más de tanto tomar, y que lo único que necesitaba en ese momento era un colchón y una almohada blandita para depositar mi enorme cabeza, ¡Y ahí quedé pa’ la cagá’! Porque la Tania, sin ninguna provocación de mi parte, me dijo “ven, Matías. No hay ningún problema… ven y acuéstate a mi lado… de cierta forma, sabía que vendrías…”. Y puta, yo igual la pensé po, lógico, ¡Si no era llegar y tirarme ahí, con la Tania, en un catre! ¿Te imaginái? Pero no podía hacerme el loco con mis sentimientos tampoco, si igual me pasaban mil cosas con ella, ¡Pero no era calentura ni nada de eso! No te confundas, en realidad era… química, ¡Sí, eso era! Química pura; no me bastaba más que olerla durante un rato, o escucharla, o mirarla, o simplemente rozar su piel, para derretirme por completo y rendirme ante su sonrisa… era algo involuntario, ¡Te lo juro! Y del mismo modo, involuntariamente, me acosté a su lado, ¡Pero eso sí! Evitando cualquier tipo de contacto con su cuerpo para, pucha… para no pecar po… aunque al parecer ella tenía otros planes… ¡O no sé! ¿De qué estoy hablando? ¡Si la Tania nunca planeaba nada! Ella era así: loca, atrevida, espontánea, vivía según el favor del viento; yo sólo escuché su voz diciéndome “oye, de veras te noto cansado… ¿Quieres un masaje?”, Y antes de que pudiera responderle, o si quiera pensarla, me tenía a guata pelada, boca abajo, y rodeado por sus manos de diosa… ¡Qué manos, señor, qué manos! Tan suaves, tan delicadas, tan perfectas… y así me tuvo por varios minutos, preso bajo su cuerpo, hasta que, puta… hasta que me dormí… ¡Me dormí po! ¿Cachái? Y quizás fue lo mejor en ese momento, tú me entiendes, pero no sé, ya no importa, lo único que me importa es que, justo antes de caer rendido en el trance somnífero de sus caricias, ella me dijo susurrando: “descansa, Matías, duérmete, mi lindo, la próxima vez me tocará a mí estar debajo de ti… la próxima vez, si es que eres lo suficientemente valiente y aceptas aquello que dicta tu corazón, todo será distinto”. Y nunca hubo próxima vez po… La Tania no fue más a clases, al poco tiempo supe que se había retirado de la carrera, luego me retiré yo, perdimos a la mayoría de nuestros amigos en común, y bueno… más de diez años han pasado, ¡Y lo único que deseo ahora es encontrarla! Saber de ella, confesarle que aún la recuerdo y que hoy, hoy día mismito, puede ser esa añorada próxima vez que nos quedó pendiente. ¿Y? ¿Qué me dices? ¿Me puedes ayudar a buscarla?
– ¿La Tania Lagos? ¿La que era mi compañera de curso?
– Sí, esa misma.
– ¡Mati culiao! ¿Qué hueá te pasa? ¡En esa época pololeabai conmigo!
– ¡Y por lo mismo no me la comí po, Coni por la chucha! ¿Escuchaste mi historia, o no? Ya po, dame su contacto, si han pasado más de diez años, eso no más te pido, por los viejos tiempos… Ya po Coni… Conita linda, ¿Aló? Coni, ¿Aló?

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