26 Ene

Capítulo 272: Bilingüe

Cuando recorría junto a mi viejo algunos parajes del sur de Chile, hace ya muchos años atrás, tuve que mamarme gran parte del viaje recluido en la parte trasera del vehículo. El motivo: mi papito destinó el asiento del copiloto exclusivamente para mochileras y féminas que le hacían dedo para que las acercara por ahí, con quienes compartía su pilsen, su buena conversa y, porqué no, su tonto coqueteo.

En una ocasión, casi llegando a Frutillar, vimos a un grupo de gringos, compuesto por ancianos y niños, hombres y lolitas, descansando bajo un árbol. Se notaba que no andaban juntos, parecían ser turistas esperando algo, como si su bus se hubiese quedado en pana y el chofer les hubiera dicho “voy y vuelvo”, o algo así, y los dejó ahí, tirados a su suerte. Mi viejo, afilándose los colmillos, comenzó a bajar la velocidad, mientras se orillaba hacia ellos y tasaba el panorama. Nos llamó la atención que todos eran en extremo rubios, increíblemente atléticos y, ciertamente, más altos que nosotros. Al estacionarnos, constatamos que todos hablaban inglés, no manejaban ni una sola palabra del español y, por la expresión de sus rostros, necesitaban un aventón urgente.

– Mira Mati, fíjate en esa rucia, en la única potona que hay… ¡A ésa vamos a llevar!
– ¡Pero viejo, habla más despacio! Te están escuchando.
– ¡Si no entienden nada oh, Mati hueón! Mira: ¡Oigan, paliduchos culiaos! ¡Chupen el noesni con sensualidad! ¿Cachái? Todos asienten con la cabeza y se ríen, ¿Viste?
– Ya viejo, para, me está dando vergüenza…
– ¡Oye, rucia! ¡Tú, la única potona entre todas estas flacuchentas! ¡Oye, ven, yo te llevo! ¡No, a ti no te hablo, vieja fea! ¡Le hablo a la rucia, la de la marraqueta! ¡Oye, rucia! ¡No, tú no, hueón hueco, la de atrás! ¡La de atrás! Puta… no me pesca.
– Es que no te entiende po viejo, por eso… a ver, permíteme… Ey, miss blondie. Yes, yes, you. Come on, up to the car. Yes, sit down. Hello, my name is Matías, and this old men is my father.
– ¡Buena Mati hueón! No sabía que tú también le hacíai al inglés.
– ¿Cómo que también? Viejo, no me digái que erí bilingüe…

Justo en ese momento, dos gringos sacados de película, y notando que quedaban aún dos puestos libres en la parte trasera del vehículo, se acercaron a la puerta de mi viejo levantando el dedito pulgar, con la ciega esperanza de que también nos apiadáramos de ellos. Mi viejo cerró la ventana rápidamente, me miró por su espejo retrovisor y me dijo “sí po, yo también soy bilingüe, lorea”:

– ¡No, no, no hay más espacio! ¡Estamos hot-dogs! ¿Así se dice “completos”, cierto Mati? ¡Estamos hot-dogs! ¡Hot-dogs!

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