15 Feb

Capítulo 274: La búsqueda

Me acosté a las siete de la madrugada, hediondo y borracho, y a las diez ya estaba en pie dirigiéndome hacia el terminal de buses para viajar con rumbo a Curicó. 43 ventana me tocó, y no me alcancé ni a sentar cuando, gracias al cansancio acumulado, las pepas se me cerraron solas y comencé a roncar como un verraco.

Desperté quién sabe cuánto tiempo después, por culpa de un mal sueño erótico con resultados nefastos. Sentía todo acalambrado desde la ponchera hacia abajo, y dificultosamente me moví para quitarme el gélido hilo de baba que avanzaba a paso lento desde mi jeta hasta mi cuello. “¿Qué hora es?”, Me pregunté, “me quedé raja, por la cresta, de seguro el bus ya va de vuelta a Santiago, ¡Otra vez la misma hueá!”, y con el dolor corporal que siente alguien que fue recientemente apaleado, moví mi adormecido brazo y lo llevé hacia mi bolsillo derecho, donde hurgueteé por un rato buscando mi celular. Pero nada había ahí, mis manos sólo presionaban sobre la enorme capa de carne, grasa y piel que es mi glúteo, y ni rastros del dichoso aparato. Me concentré otro poco, y volví a meter mi mano entre mis pliegues, poniéndole esta vez mucho más color: estiré los dedos, presioné con fuerza en varios puntos de mi ser, moví mi dedo índice desesperadamente para dar con algo, y nada… nada de nada. “Puta, qué paja”, me dije, mientras seguía escudriñando, “voy a tener que abrir los ojos”, y en eso estaba, despegando mis párpados dificultosamente, cuando, entre un mar de lagañas, noté que mi mano no estaba en mi bolsillo… no estaba en mis pantalones, ¡Y ni siquiera estaba a mi lado del asiento! Y es que era tanto el sueño que me estaba consumiendo, tanto el adormecimiento corporal, tanta la resaca, que nunca noté que tenía mis dedos sumergidos en la entrepierna de una regordeta señora que venía a mi lado, y que sólo me miraba mientras yo reaccionaba de golpe y arrancaba mi mano de su humanidad.

– ¡Mierda! Mi dama, me va a tener que disculpar, por favor, esto no es lo que usted está pensando, yo sólo buscaba algo que perdí, y no me di cuenta que…
– ¿Y era muy importante lo que quería encontrar? – Me interrumpió la señora, algo molesta, y sin siquiera pestañear.
– Bueno, sí… y como venía durmiendo, no calculé bien y…
– ¿Pero lo encontró?
– O sea… no pue, si justo desperté, y me di cuenta de… de lo que usted ya sabe.
– ¿Y por qué no lo sigue buscando entonces?
– ¿Cómo dice?
– ¿Por qué mejor no cierra los ojos y, mientras descansa, sigue buscando lo que se le perdió? En una de esas, tiene suerte y encuentra algo mejor…
– ¿Usted dice?
– Sí pue, mi chiquillo… y mueva sus manitos gorditas con ganas no más, o si no… yo lo acuso con el auxiliar.
– Pucha, y ya que no voy a encontrar mi celular al parecer… ¿Usted sabe cuánto nos falta para llegar?
– Una media hora quedará… pero a mí… a mí me queda un poquito menos…

Ya instalado en Curicó, ni almuerzo me quisieron dar. “Desayunaste en el Mercado Central voh parece”, me dijeron, “vení pasa’o a mariscal, ¡Y ni un chorito nos trajiste, miserable!”, Me remataron.

Comentarios

Comentarios