13 Mar

Capítulo 280: Pucha viejo, me pillaste…

Año 2004.
 
– Permiso, Matías, ¿Podemos hablar?
– Sí po viejo, adelante, ¿Por qué tan serio? ¿Pasa algo malo?
– ¿Ya se fue tu amigo?
– ¿El pelao Ulises? Sí, recién, ¿Por qué?
– No, por nada… pero… es como medio raro él, ¿O no?
– ¿A qué te refieres?
– A nada en específico. O no sé cómo decirlo, pero… dime una cosa, ¿Qué hacen encerrados todo el día en tu pieza?
– ¿Que qué hacemos?
– No es que esté preocupado, Matías, pero el otro día noté que estuvieron más de cinco horas aquí dentro, y salieron a tomar agua todos sudados, a guata pelá’ y con el torso lleno de esa crema aceitosa que se echan las topleras pa’ verse brillantes.
– ¡Pero papá! ¿Acaso me estái espiando?
– Hijo, escúchame, sé que no he sido de mucho apoyo últimamente, pero en ésta estoy contigo. Sólo ábrete conmigo, dime que mis sospechas son ciertas y después vemos cómo le contamos a tu madre… tú sabes que ella es chapada a la antigua, y quizás se espante un poco al principio, pero con el tiempo sabrá aceptarte. ¿Y entonces?
– Pucha viejo, me pillaste…
– No te preocupes, Mati, sólo dime la verdad. Total, desde que eras chiquitito ya notaba algo extraño en ti. Era obvio.
– Bueno papá, ahí voy: la verdad es que yo con el pelao Ulises…
– Sí, Matías, continúa, todo está bien.
– Hace unos cinco meses…
– Dale hijo, no te guardes nada, ya estamos en el siglo XXI, tranquilo.
– Hace unos cinco meses, nos encerramos en mi pieza cada tarde para… para…
– Lo sé Mati, no sientas vergüenza, y aparte, aquí entre nosotros… yo también caigo en la tentación de vez en cuando…
– ¿En serio papá? ¿Tú también cantái con tus amigos?
– ¿Cómo? ¿De qué estamos hablando?
– De eso po viejo, de que tal como sospechas, todos los días nos juntamos con el pelao a ensayar las canciones de reguetón que estamos escribiendo. Tenemos coreografías incluso, ¿Las quieres ver?
– Pero… ¿Reguetón? ¡No! ¡Cómo es posible! ¡No! ¡En qué he fallado, dios mío! ¡En qué he fallado!

Comentarios

Comentarios