27 Mar

Capítulo 282: El desayuno romántico

Anoche dormí por primera vez con mi nueva conquista aquí, en mi cama, en mi departamento. Nos conocimos hace poco, la verdad, pero nos enganchamos rapidísimo. Ella es finita, educada, buena niña, romántica y, por algún extraño motivo, piensa que yo soy su príncipe azul, o algo así. El punto es que esta mañana,cuando despertó, me miró con sus ojitos idealistas, me sonrió como quien le sonríe al amor de su vida, y me dijo tiernamente: “sería muy lindo de tu parte que me trajeras el desayuno a la cama”.

– Justo me iba a levantar a preparártelo, sin que me lo pidieras – le mentí – ¿Qué deseas? Compré de todo antes de que vinieras.
– Un café, ¿Puede ser?
– Pero claro, ¿Con crema?
– Sí, con crema. Y unas tostadas.
– Perfecto, ¿Te traigo palta, jamón y mermelada?
– ¡Ya! Genial, ¿Y un juguito de naranja, puede ser?
– Las exprimiré yo mismo.
– Eres el mejor.
– Y te cocinaré unos panqueques también. Y unos huevitos a la copa.
– ¿En serio?
– Sí, y te traeré unos pocillitos con cinco tipos de quesos, frutillas frescas, trozos de piña y guindas.
– Que rico suena todo, siento que me derrito de amor.
– Es lo mínimo que te mereces, ¡Así que ya, iré a la cocina! Pero antes…
– ¿Qué pasó?
– Nada… sólo quiero abrazarte.
– ¡Que eres romántico, Matías! Regalonéame todo lo que quieras, soy toda tuya.

Tomé a la chica entre mis brazos y acomodé su cabeza en mi pecho, mientras acariciaba su nuca suavemente… Y la acaricié y la acaricié hasta que sus ojos se comenzaron a cerrar, y entonces comencé a tararear una dulce canción de cuna a un volumen casi inaudible, como quien busca dormir a un bebé para que no despierte hasta el día siguiente.

– Matías… – me dijo, con voz soñolienta – me está… me está dando tuto…
– Tranquila linda, sólo déjate querer.
– Me quedaré… creo que… que me quedaré dormi…
– Sí, eso, relájate… relájate y duerme… duerme, sólo duerme… duerme… duerme…

Y durmió a pata suelta hasta las tres de la tarde, hora en la cual, según me había contado la noche anterior, se tenía que ir. ¡Y de que la que me salvé! Si en la cocina, con raja, tengo una taza de plástico, una bolsa de té que ha sido usada como diez veces y un pedazo de pan añejo pudriéndose en hongos.

¡Desayuno quería la linda! ¡Ja!

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